El árbol de los sueños (Amber Farrell 6) Capítulo 11
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Capítulo 11

Después de Noche Buena, Navidad no fue la catástrofe que temía.

No había tenido tiempo para comprar regalos.

No me parecía un buen presagio no tener ningún regalo para nadie de mi Casa en la primera Navidad que pasábamos juntos, pero no había contado con Pia.

Incluso las últimas incorporaciones, la Casa Lloyd y Tove, tuvieron regalos «de mi parte» gracias a ella.

¿Cómo? No quería preguntar.

La siguiente sorpresa fue un escueto mensaje de Bian: «Feliz Navidad, Ojos Redondos. Disfruta del día con tu Casa y tu familia. Duerme hasta tarde mañana y luego ven aquí por la noche. No antes».

Así que en lugar de disculparme con todo el mundo y tener que salir corriendo hacia Haven, me envolví en un albornoz, me senté en el salón, entré y salí de la cocina, cociné y compartí el desayuno con todos, bebiendo café, abriendo regalos, dando y recibiendo un montón de besos y abrazos.

Todos estuvieron presentes en algún momento de la mañana, menos Scott.

Pia me dijo que se había despertado un momento durante la madrugada, se había duchado y afeitado, comido algo y me había escrito una emotiva carta de agradecimiento antes de volver a dormirse de nuevo.

Pia y Amanda se estaban turnando para estar con él y lo único que tenían que decirme era que sus signos vitales eran buenos y que estaba soñando intensamente.

Todavía no sabíamos si la impregnación había funcionado, pero estaba claro que había reactivado su cuerpo. Los sueños eran un síntoma común del crusis, al igual que la somnolencia prolongada. Pia dijo que pensaba que iba bien, pero no podía darme ninguna razón concreta para su optimismo.

David había conseguido enviar otro mensaje a Matt y había recibido una respuesta: «Problemas. El Imperio está dedicando muchos recursos al rastreo. Está de camino. Llamará si puede.»

Se podía leer demasiado entre líneas. No quería arruinar el día a todo el mundo, así que lo dejé en un segundo plano, donde quedó como una pequeña nube oscura en el horizonte.

David y yo teníamos nuestros teléfonos encendidos.

David publicó un par de peticiones de información en las páginas de la Darknet que Matt visitaría, si se sentía seguro.

Sobre las diez y media, los parientes de Pia —Gary y León, los gemelos pelirrojos, e Irene— expulsaron a todo el mundo de la cocina y anunciaron que se harían cargo de la comida de Navidad.

Teniendo en cuenta que habíamos comido como cerdos en el desayuno y que no habíamos preparado el pavo con suficiente antelación, no comeríamos hasta bien entrada la tarde.

De vuelta en el salón, el resto de mi casa se distribuyó por los sofás y el suelo.

Dar la bienvenida a los dos Adeptos parientes de Amanda se había convertido en un auténtico acontecimiento. En medio de la sala, y animadas por Dominé y Vera —naturalmente—, Jofranka y Dante estaban jugando con Flint y Kane, trenzándoles el pelo de diferentes maneras.

Por algún motivo, las chicas se habían visto obligadas a quitarles las camisetas a los muchachos, y eso reveló los tatuajes que tenían en el pecho: sus guías espirituales, claro.

El cuervo de Flint se extendía de hombro a hombro, con un estilo detallado, plumas sedosas y un brillo en los ojos que capturaba la mirada mística y sabia de la mitología de los pueblos nativos americanos.

Y en el pecho de Kane: el astuto coyote, esbelto y ágil, riéndose del caos que le seguía.

Muy apropiados. Los dos.

También parecía que el nivel de detalle y talento artístico exigía que las jóvenes Jofranka y Dante fueran repasando las líneas de los tatuajes con sus dedos. Puede que hubiera algo de coqueteo en el ambiente.

Y luego sus tatuajes también llamaron la atención de Savannah, así que se sentó con ellos en el suelo, para mostrarle los suyos; una mezcla exclusiva de tótems nativos americanos y espirales celtas, unidos entre ellos alrededor de sus brazos y su cintura.

Flint y Kane los consideraban fascinantes y también los reseguían con sus dedos por la piel de Savannah.

Había mucho coqueteo en el ambiente.

Miré a Amanda, preocupada por su reacción por la expectación causada por sus parientes.

Pero Casa Lloyd era una Athanate madura y segura de su vínculo. Sonrió con indulgencia y centró su atención en el hermano pequeño de Savannah, Claude, que se había sentado a su lado y estaba hablando con ella.

Había heredado a Savannah y Claude la última vez que alguien se me acercó pidiendo refugio.

Fue Larry Dixon, de Nuevo México, antes de la última y fatídica Asamblea que tuvimos en Haven.

Larry fue asesinado por los Basilikos, pero eso no afectó mi obligación Athanate que había aceptado para con sus parientes.

Savannah era la última superviviente que había rescatado en Albuquerque y adopté, por decirlo de alguna manera, a su hermano pequeño porque, a pesar de que no era pariente y no había sido mordido ni vinculado, estaba en peligro y sabía demasiado sobre el Athanate.

La adaptación de ambos a Casa Farrell había sido difícil. Por una parte, Savannah había estado trabajando en su duelo tras la muerte de Larry y, por otra, se sentía socialmente incómoda. Y Claude era joven, un poco raro y le costaba abrirse.

Bueno, parecía que la Navidad me había traído un par de regalos inesperados.

Savannah terminó de enseñar a Flint y Kane toda la tinta que quería mostrarles, y se volvió a acurrucar al lado de David, de una forma que me hizo pensar que «ese» problema ya estaba solucionado. Debería haberme dado cuenta de que estaban hechos el uno para el otro.

Y Claude estaba hablando alegremente con Amanda, sentado encima de una pierna y con el cuerpo hacia ella. Un lenguaje corporal que podía leer desde el otro lado de la habitación. Nadie, ni siquiera Pia, había conseguido que se relajara de esa forma.

Capté un ligero alzamiento de cejas de Amanda hacia mí. Supongo que era una forma educada de preguntar si había alguna razón por la cual no debería interesarse en él como pariente o katikia, pero no me iba a quejar; uno menos de quien preocuparme.

Tener humanos sin vincular en mi Casa era una preocupación.

Bian me había dejado muy claro que la Casa Farrell necesitaba parecer segura ante su paranoica mente Athanate.

Quería decir que todos los miembros debían estar fuertemente vinculados a la Casa.

Si Savannah era pariente de David y Amanda tomaba a Claude, eso me dejaba sólo dos preocupaciones pendientes: las chicas que había rescatado en Los Angeles, Tove y Tamanny.

Y si solucionaba eso, entonces me quedaría Kath, que creía que necesitaría sanación Athanate.

Yo necesitaba tiempo, paz y tranquilidad.

Tove estaba, tal y como Yelena había dicho, hecha un desastre. Tenía que poner su cabeza en orden y controlar su adicción antes de que pudiera confrontarla con cualquier tipo de elección sobre convertirse en parte de mi Casa.

Tamanny era demasiado joven, sin mencionar lo vulnerable que se sentía después de las experiencias vividas a mano de Forsythe.

Una parte de rescatarla en Los Angeles significaba que sería consciente de la existencia paranormal.

Seguramente que se daría cuenta de lo que pasaba aquí en Manassah si se quedaba.

«No es seguro», diría Bian.

¿Cuánto tiempo me daría para solucionar esto?

Tove estaba sentada en un lado, contra la pared. Nick Grey, el cambiaformas, estaba hablando con ella, irradiando tranquilidad como sólo él sabía. Parecía que le estaba ayudando, pero sus ojos estaban atentos y se estaría preguntando a qué lugar había ido a parar.

Yo me preguntaba cuánto tiempo le llevaría a la magia de mi Casa Athanate llegar hasta ella, darle el mismo sentimiento de seguridad y confort que todos los demás recibían.

Había problemas por todos lados, dentro y fuera de mi Casa. Grandes, difíciles y frustrantes problemas. Problemas pequeños, complejos y molestos.

¿Por qué no tenía una varita mágica que pudiera mejorar todo en un abrir y cerrar de ojos?

—¡Tu pelo! —Pia interrumpió mi fantasía, colocándose detrás de mí con un cepillo—. En serio, Amber, parece que no te mires en el espejo.

Tenía razón: ya no me miraba en el espejo, pero no se lo dije. Era más fácil sentarme y dejar que el sonido del cepillo en mi cabello y las ondas positivas de mi Casa penetrasen en mi subconsciente.

Como Yelena, yo era Athanate cárpata; algo poco común fuera del dominio de Carpathia. Uno de los beneficios que me aportaba era un mayor alcance de mi eukori y, por lo tanto, mientras me relajaba, mi eukori se desplegó y tocó a todos en Manassah.

Fue entonces cuando descubrí que unir mi eukori con Flint y Kane me permitía utilizar sus sentidos y auras de Adepto.

Y qué extraño era eso…