El aprendiz de Argéntea (Acero y magia 1) 16. El yelmo de plata #3
96%

16. El yelmo de plata #3

—¿Recuerdas cuando nos escapábamos para venir aquí a imaginar aventuras? —preguntó Finn de repente, embriagado por las vistas.

—¡Y pensábamos que sería fácil! Qué inocentes éramos. Gracias a la Archivista, tengo tantos exámenes pendientes en la Academia que no podré salir en meses, años, ¡lustros, quizá!

Finn se desternilló de la risa ante la exageración de su amigo. Recordando cómo había sido el regreso a casa, dijo:

—No sé si mi madre dio un bote más grande cuando supo que el Dios del Equilibrio me había otorgado poderes o cuando supo que habíamos hecho todo el viaje con una bruja.

—Pues tendrá que acostumbrarse… No vamos a dejar de ser amigos de Miren solo porque use la magia elemental —aseguró Arión, con firmeza.

—Por cierto —recordó de repente Finn—. No la he visto en la ceremonia, ¿no encontró el camino al castillo o algo así? Se le está haciendo bastante tarde, se va a perder el atardecer…

—¡Cáspita! —dijo Arión golpeándose la frente—. Lo había olvidado. ¡Si me dejó una nota para ti!

—¿Una nota? ¿Cómo que una nota?

—Se fue de la ciudad esta mañana… —añadió Arión mientras se sacaba de la túnica celeste un sobre cerrado—, antes de que empezara el desfile. Ya sabes que a ella no le van mucho las multitudes…

—¡¿Pero y cómo no me lo has dicho antes?!

—¡Ay, un mago tiene cosas más importantes en la cabeza que acordarse de hacer de mensajero!

Finn desplegó el pergamino doblado y refunfuñó para sus adentros mientras le lanzaba a Arión miradas asesinas. El texto era breve pero de pequeña y cuidada caligrafía.

Hola, Finn:

Cuando leas esto seguro que piensas «Esta bruja, ¿cómo se va sin despedirse?

», pero para mí no es más que una garantía de que volveré pronto a Argéntea.

Será como si no me hubiera ido, lo prometo.

La ciudad es todavía extraña para mí, me recuerda a cuando llegué por primera vez: sola, asustada y habiéndolo perdido todo.

Es cierto que allí os tengo a vosotros, a Arión, a ti y a Selina, pero aún siento en el pecho esa angustia al ver las murallas, la Academia, la plaza…

Además, ya sabes que detesto las aglomeraciones, y con el desfile y los festejos la capital promete ponerse hasta los topes. Por eso he decidido irme unos días.

Ojalá algún día Argéntea sea, para mí, el hogar y el refugio que es para ti.

Ahora necesito volver a casa, sentir la caricia de mi bosque, curar algunas heridas aún abiertas al abrigo de mis ríos, mis árboles y mis recuerdos.

Sé que la enredadera seguirá en el mismo lugar.

Aun así, necesito comprobar yo misma que mi familia sigue allí, atrapada, dormida, esperándome, antes de dar los siguientes pasos.

Porque siempre hay nuevos pasos que dar…

La diferencia es que ahora no tengo por qué darlos sola, Finn, y eso es algo que he aprendido gracias a ti. Se avecinan grandes cambios.

Cuídate y disfruta de tu yelmo (sí, Selina me ha chivado cuál te van a dar).

Pdta.: Arión me ha dicho que te diga que le preguntes no sé qué de un ingrediente peligrosísimo para sus experimentos. ¡Cómo le gusta hacerse el interesante!

Con cariño, tu amiga bruja, Miren.

Finn se sorprendió de repente con una sonrisa inmensa y bobalicona en la cara. Para que Arión no se diera cuenta, carraspeó y frunció exageradamente el ceño.

—Eres el peor amigo del mundo —le dijo.

—¿Y Miren no? ¡Es ella la que se ha pirado…! A mí solo se me ha olvidado darte una carta. ¿Qué es lo que dice, por cierto?

—Que vuelve a su aldea un tiempo, pero que no tardará en regresar a Argéntea.

—Lo suponía.

—Tú siempre lo sabes todo, ¿no?

—Ya era hora de que te dieras cuenta…

Finn rio y apoyó el yelmo en el poyete que los separaba del vacío. El cielo anaranjado no dejaba de cambiar, añadiendo colores a su lienzo. Arión soltó una tosecita.

—Quizá haya una cosa que no sepa…

—¡¿Solo una?! ¡Qué humilde!

Arión le dio un codazo.

—¿Qué crees que pasará con Jarrin?

Finn ahogó un suspiro y se puso serio.

—No tengo ni idea. Creo que Roland y Selina se sienten culpables por no haberse dado cuenta de lo que estaba sufriendo, de lo desplazado y despreciado que se sentía.

No deja de ser su hermano. Creo que Roland le pedirá a la Reina que lo absuelva de los delitos cometidos contra la Corona, el pueblo y el Reino a cambio del exilio.

—¿Expulsarlo de Luxos? —replicó Arión con horror—. ¿No es eso igualmente cruel?

—Tal vez, pero así le darán la oportunidad de redimirse.

Cometió alta traición al invocar el conjuro de sangre y conspirar contra su propia familia.

Selina me lo contó después de la ceremonia.

Creen que quizá pueda ir a Orben y ser acogido allí como emisario para estudiar las costumbres del Círculo de los Druidas, aprender allí a controlar su magia de brujo sin poner en riesgo la vida de nadie… ni la Corona.

Los envolvió un silencio frío. El horizonte se apagaba. Arión se aclaró la garganta, pero aún tardó unos segundos en decir lo que estaba pensando. Apoyó los brazos en la baranda de piedra y se sujetó la barbilla con las manos.

—Jarrin tuvo que sentirse muy solo.

Finn asintió. Agradeció tener como mejor amigo a alguien capaz de pensar lo mismo que él. Chasqueó la lengua. Había un detalle que le daba vueltas y vueltas en la cabeza.

—El problema es —dijo— que aún no sabemos quién se presentó ante Jarrin exactamente.

Arión se giró hacia él.

—¿A qué te refieres?

—El Príncipe menor dijo que alguien acudió a él cuando sus poderes de brujo despertaron. Pero nosotros sabemos que no pudo ser el Dios de la Naturaleza, porque nos lo dijo el Tercero.