El aprendiz de Argéntea (Acero y magia 1) 6. Lo correcto #2
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6. Lo correcto #2

—No, no. Ella se marchó antes de que Lidéndil las escondiera.

De hecho, fue como si él la quisiera convencer para que ayudara a Roland con lo de gobernar y todo eso.

Ella es una maga excepcional y siempre se ha dicho en la corte y en Argéntea que la Princesa tenía más madera de reina que el propio Príncipe heredero, así que…

Bueno, es comprensible que el Archimago piense que ella sería de utilidad en el Consejo.

—Pero ¿Lidéndil quería contar con su ayuda o que la Princesa gobernara en lugar de su hermano? ¡Porque hay una gran diferencia!

—Creo que… —Arión dudó—. No capté tantos matices, la verdad. ¡Estaba asustadísimo! ¡Se me veían los pies!

Finn suspiró, pero no atosigó a su amigo.

—¿Y qué dijo ella al final?

—Nada, no parecía interesada, dejó al Archimago plantado y se marchó.

—¿No es sospechoso? Precisamente Roland acusó esta mañana a su hermana y a la corte de querer conspirar contra él —suspiró Finn. Le dolía la cabeza de tanto intentar desentrañar el significado oculto de las cosas—. ¿Cómo diantres encaja eso ahora con lo que tú has visto?

—¿Diantres? ¿Quién habla raro ahora?

Miren ignoró a Arión y dijo:

—Las absurdas luchas de poder de la corte no deberían importarnos. El futuro de Luxos, sí.

Un pesado silencio cayó sobre ellos.

A su pesar, Finn estaba de acuerdo.

Todo se reducía a si esperaban a que una amenaza que nadie podía parar llegara a Argéntea o si confiaban en una bruja que se había enfrentado a ella y había logrado escapar. Miren había llegado hasta allí ella sola, ¿no?

Mientras Finn pensaba, la habitación seguía muda.

Unos y otros posaban la mirada en los libros desparramados de Arión, la gigantesca mochila apoyada en la cama o las paredes manchadas de hollín…

Las ideas taladraban la cabeza de Finn como repiques de campana.

El Consejero Bernus le había pedido que cuidara de su familia, ¿cómo lo haría mejor, partiendo a lo desconocido o quedándose a su lado?

Se giró hacia Arión.

—¿Qué vas a hacer?

Habían sido mejores amigos los años suficientes como para, a veces, saber la respuesta a algunas preguntas antes de hacerlas.

El joven mago se rascó la cabeza y se despeinó el pelo negro ya de por sí indomable.

Con un gesto, señaló la enorme mochila que había sacado de debajo de la cama. Ya estaba hecha.

—Ignoro si la leyenda de las brujas es cierta, pero estamos seguros de una cosa: algo horrible se acerca. Creo… —Arión tragó saliva, la voz le salió un poco más aguda—. Tengo un presentimiento. Creo que la acompañaré.

Miren respiró aliviada. Una sonrisa ancha y sincera se le dibujó en la cara. A Finn le pareció que incluso las mejillas se le encendían y le aparecían más pecas en la nariz.

No había vuelta atrás.

—De acuerdo —dijo Finn inflando el pecho—. Iré con vosotros.

—¿Qué? ¡No! —saltó su amigo—. Esto no es cosa tuya, Finn. Ya oíste a Miren, la morada legendaria solo puede ser abierta por algún tipo de magia. No te ofendas, pero tú…

—No os ofendáis vosotros, pero creo que un aprendiz de soldado os puede sacar de más de un entuerto. Luxos está patas arriba, con la maldición campando a sus anchas y quién sabe si bandidos aprovechando el caos para saquear a quien se cruce en su camino.

Miren lo miraba muy seria, con los brazos doblados sobre el pecho. Arión se dirigió a ella, moviendo las manos.

—Vamos, di algo, ¿tú no crees que nos retrasará?

La chica se masajeó el puente de la nariz.

—Sabe luchar. El camino de mi aldea a la capital era seguro y aun así tuve que esconderme varias veces y usar la magia para librarme de saqueadores.

Están por todas partes y van armados. Finn tiene razón: el camino será más arduo conforme nos acerquemos al norte.

No solo estaremos lejos de la Guardia y habrá menos patrulleros y exploradores, también es posible que nos crucemos con monstruos.

La Cordillera de las Bestias es la región más salvaje de Luxos.

No estoy segura de que pueda mantenerte a salvo yo sola.

Arión abrió mucho la boca, dolido.

—Eh, ¿desde cuándo yo necesito que me mantengan a salvo?

Finn se mordió la lengua mientras le aguantaba la mirada un segundo.

Arión carraspeó.

—Pensándolo mejor, una ayudita nunca viene mal… ¿Y no decíamos de niños que cuando tuvieras tu yelmo y yo mi toga de académico teníamos que vivir una gran aventura? Pues esto puede ser un adelanto.

—A mí me servirá de entrenamiento y a ti para recoger decenas de ingredientes repugnantes y exóticos de camino a las montañas.

—¡No veo la hora!

Finn y Arión rieron, más animados, aunque en el fondo seguían nerviosos.

Miren se acercó a la ventana mientras Arión terminaba de prepararse.

Tenía listo el equipaje: una mochila inmensa repleta de libros, mapas, un botiquín, prendas de repuesto, ingredientes para pociones y hechizos…

Finn se sorprendió al ver que, bajo la túnica, Arión iba vestido ya con ropa de viaje.

Su amigo había tomado la decisión de acompañar a la bruja antes incluso de saber lo que él había descubierto.

Lo que había visto en el despacho del Archimago debía de haberlo impactado.

Arión guardó la túnica de la Academia en el armario y se puso sobre los hombros una capa recia color marrón.

—Será lo más seguro para que no me relacionen con la escuela —les explicó.

Cuando se colocó la mochila en la espalda y echó un vistazo al dormitorio recogido, soltó un suspiro que a Finn le llegó al corazón.

Su amigo no hacía más que quejarse de la magia ancestral, pero adoraba todo lo que tenía que ver con la Academia.

Adoraba el orden, la rutina, el estudio y la disciplina, y no encontraría nada de eso en el camino que les esperaba.

—¿Qué hay de tus padres? —le preguntó Finn una vez hubieron bajado por la hiedra, mientras atravesaban los jardines a tientas—. ¿Y de tus clases? No te expulsarán, ¿verdad?

Arión le quitó importancia a sus preguntas con un movimiento de mano. Sus ojos brillaban, traviesos.

—Está todo pensado. Mi madre está en Marmor visitando a mis abuelos, y mi padre de viaje de negocios, creo que en Aestia.

Les he mandado un grajo diciéndoles que pasaré las próximas semanas en la Academia de Ferros, de seminario.

Y a la maestra Zaferina le he dicho que mi padre quería enseñarme algunas de las excavaciones de opalázuli que tenemos al norte y que faltaría a unas cuantas clases.

Otra cosa es que se acuerde, claro, porque tiene más años que el Bosque Perenne.

Pero, bueno, ninguno sospechará, al menos por un tiempo.

—De pronto, Arión adoptó un gesto preocupado—.

Espero que no se crucen ellos con la enredadera…

Finn fingió seguridad mientras le daba unas palmadas en la espalda.

—Seguro que no, ya lo verás.