El Ángel de la Codicia (Las Reliquias del Nawal 2) CAPÍTULO 61
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CAPÍTULO 61

Cuando Lorick y Nilo llegaron al Templo de las Ratas con Creta, fueron recibidos amablemente por uno de aquellos monjes de cabeza afeitada que vestían la túnica de color azafrán. Aún no había amanecido y las calles colindantes al templo se encontraban vacías y en silencio.

─H ay que llevar el manuscrito a Teff cuanto antes ─dijo Nilo antes de entrar. Lorick lo miró temiéndose lo que pretendía hacer.

─No, Nilo. Tú solo hasta Teff… Es un viaje muy largo.

─¿Me menosprecias? ─sonrió el chico con un deje altanero─. Puedo hacerlo, perfectamente. Imperial corre como un diablo, ya lo has visto.

─¿Imperial? ─se rio Lorick─. ¿Le has puesto tú ese nombre?

─Pues claro que sí, ¿qué esperabas? ¿Manchitas?

─El colmillo de oro de Nilo brilló como una estrella fugaz al reflejar las primeras luces del alba─.

Esto es muy urgente. Y confían en nosotros.

Pantera y los demás nos estarán esperando.

Si no llevo ya este manuscrito a los nawales , quién sabe qué pasará.

Lorick dudó, pero no había más opciones. Entonces, Nilo se quedó mirando a Creta. Dormida a lomos de Imperial parecía una amazona, una deidad salvaje de los bosques. Y se entristeció.

─Cuida bien de ella, nórdico ─le pidió con voz solemne. Y después, la besó en la frente con aire fraternal.

─Sabes que moriría por ella.

─Hablando de eso ─lo interrumpió Nilo sacando de su bolsillo la trenza─. Toma. Ahora te pertenece.

Y la colocó muy despacio en las manos de Lorick, que la aceptó con cierto cargo de conciencia.

─¿Crees que querrá volver a ser mi prometida? Quiero decir, mi prometida de verdad.

Nilo enarcó una ceja y se cruzó de brazos.

─¿Tú eres tonto? ─respondió─. Creta te lo ha perdonado todo, siempre, y nunca ha dejado de amarte. Así que, como me entere de que vuelves a meter la pata, te juro que… Te juro que… ¡Agh! ¡No sé qué te haré si vuelves a cagarla!

Lorick esbozó una sonrisa. Iba a echar de menos a ese gran cocinero con cara de gato.

─En realidad, ahora  creo que llegué a enamorarme de Atti por lo mucho que me recordaba a Creta, y no al revés, ¿sabes?

─Dichosos vosotros, Halcón y tú, que os habéis ganado el corazón de las hermanas Mentastro.

Y dicho esto, unieron las palmas de sus manos como gesto de complicidad. Entonces, Lorick bajó delicadamente a Creta de la montura, tomándola en sus brazos, y Nilo, montando sagazmente a Imperial, se despidió de ellos prometiendo volver a verlos muy pronto.