El Ángel de la Codicia (Las Reliquias del Nawal 2) CAPÍTULO 41
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CAPÍTULO 41

Poco después de la gran victoria de Minos, Pantera llegó con los nawales hasta las cuevas marinas que habían sido su hogar durante años.

Sable en mano y caminando con sigilo, se aseguró de que nadie hubiera entrado allí en su ausencia.

De hecho, todo seguía tal y como lo dejaron meses atrás, cuando se marcharon a toda prisa para rescatar a Attaegina del Clan del Salmón.

─ Tomen asiento ─ les dijo ─ . Prepararé algo para comer.

Todavía les quedaba pan del camino y habían comprado uvas pasas en el cortijo de los Parras. Aparte de eso, Pantera no guardaba más que un poco de pescado en salmuera, algas deshidratadas, cabezas de ajos y guindillas secas.

─ Aquí el experto es Nilo ─ contó mientras calentaba agua en una olla ─ . Él cocina cien veces mejor que yo.

─ Dice la verdad ─confirmó Elkerael dirigiéndose a Yarbha─. Nilo sabe hacer caldo.

El maestro hablaba del caldo como si fuera el mayor manjar de todos los tiempos. Pantera se rio:

─Bueno, sabe hacer muchas más cosas que caldo… Pero sí, le sale delicioso.

Mientras iba añadiendo ingredientes al improvisado puchero, se acordaba con tristeza de su hermano. Su hermano pequeño. ¿Cómo le iría por Virim?

─Es un chico listo ─añadió el abuelo Yarbha─, sabrá salir de cualquier entuerto él solito.

─Por supuesto… ─Pantera forzó una sonrisa─. Muy pronto volverá por aquí, sano y salvo, y lo escucharé quejarse por chorradas todo el día…

¿Lo creía de verdad? ¿O intentaba creerlo? Un mal presentimiento acechaba a Pantera, pero los arcanos apenas le decían nada acerca de Nilo desde que le había cerrado el tercer ojo.

─¿De quién era esa trenza que ha devorado Minos? ─preguntó─. Maestros, ¿creen que puede tratarse de la trenza de Attaegina?

Yarbha se encogió de hombros mientras Elkerael, absorto en su taza de sopa, enarcaba las cejas.

─Si lo es, no me explico cómo ha llegado a sus manos ─dijo─. Juraría que Molok se la había tragado cuando Attaegina la lanzó como una flecha para enfrentarlo contra Nabor.

─Lo que está claro es que esa trenza perteneció a un sacrificio ─añadió Yarbha─, ignoro si a una sacerdotisa del Laurel u otra doncella.

Aunque, a juzgar por cómo ha incrementado la fuerza de Minos cuando la ha engullido, casi puedo jurar que esa trenza o era la de Atti o perteneció a otra chica ángel.

Los tres siguieron comiendo, pensativos. Pantera no podía borrar de su mente la imagen de Minos convertido en diablo.

─Así que Minos es el heredero de Nabor ─comentó el maestro Yarbha─, además de un diablo hecho y derecho, como hemos podido ver.

─No lo entiendo ─dijo Pantera─. Nimeria era hija de Nabor, pero ella era un ángel.

─Nabor ha engendrado muchos hijos durante su longeva vida ─explicó Elkerael─.

Unos han salido humanos, otros diablos y, en el mejor de los casos, como fue Nimeria, ángeles.

Eso es porque Nabor posee las tres naturalezas: en su origen, era ángel, como nosotros dos.

Al quedarnos a vivir aquí sin trascender, los tres nos volvimos humanos en parte.

Pero, en el caso del Patriarca, los numerosos pactos que ha hecho con la oscuridad lo han convertido también en un demonio, que es la otra cara de todo ángel.

─¿Cómo?

─Sí ─intervino Yarbha─, verás: un ángel y un demonio no son más que los dos extremos de una misma energía.

Los ángeles que quieren adueñarse del poder que les concede el Cosmos generosamente, se convierten en demonios.

Quieren todo para ellos, para su propio beneficio.

Aunque eso, tarde o temprano, se paga. Es la Ley.

─Entonces, ¿qué pasa con Nabor? Lleva siglos cometiendo maldades impunemente…

─Pantera sintió rabia al recordar el sacrificio de Nimeria─.

Hasta hace apenas unos meses, antes de conocer a Attaegina, creía que yo sola, con mi sable, podría matar a ese hijo de perra.

Qué ingenua soy… Ahora sé que solo alguien de su rango puede hacerlo.

─Bien, ¿por qué crees que he llegado hasta aquí, niña? ─contestó Yarbha. Luego sorbió un poco de sopa─. Con lo bien que se vivía en Caliza…

Pantera al principio creyó que era una broma, aunque ella misma había visto a Elkerael retando a Nabor. En esa ocasión, no parecía un anciano indefenso.

─¿Qué pasa, Pantera? ─le dijo Elkerael entre risas─. ¿No te lo crees? Mujer, no me extraña… Si yo no conociera a Yarbha desde hace más de mil años, tampoco le creería… ¡Ay! Vencer a Nabor, dice… Aquí, el vejestorio...

Yarbha puso los ojos en blanco con resignación y después siguió comiendo, negando con la cabeza, sin hacer caso de las bromas de su compañero de batallas. Elkerael se retractó:

─Bueno, bueno… Dice la verdad: Yarbha siempre fue el más fuerte de los tres. Palabra.

Pantera no terminaba de creérselo. Veía a Yarbha tan mermado, tan vulnerable…

─Yo me ocuparé de Nabor ─insistió aquel, convencido─. Ese es el menor de nuestros problemas en realidad.

Eso sonó aún más desalentador.

─Exacto ─añadió Elkerael. Y ya no bromeaba─. El Ángel de la Codicia es lo que más debe preocuparnos ahora.

Un silencio funesto, interrumpido solo por el sonido del mar, se sentó a la mesa como un comensal añadido. Y al cabo de un rato, Pantera propuso:

─Pero esta vez somos más. Mientras Yarbha se ocupa de Nabor, tú, Elkerael, con Halcón y con Attaegina, podréis vencer a ese monstruo. Estoy segura. Mi hermano, Lorick, Creta y yo podemos ayudaros y…

─Querida, ¿recuerdas el combate contra Molok, en el Templo del Laurel?

─la interrumpió Elkerael amablemente. Ella asintió, cabizbaja─.

Ya has visto lo que Minos ha hecho con el calamar en cuestión de minutos, cuando ni siquiera Nabor o yo pudimos hacerle apenas un rasguño. ¿Crees que estamos a su altura?

Pantera recibió un golpe de realidad.

─No, no lo estamos.

─Pues Minos solo es un demonio más.

─Bueno ─dudó─, Minos es el Ángel de la Codicia, ¿no? Es bastante obvio. ¿Quién si no? Esta mañana lo hemos visto en su verdadera forma.

Yarbha y Elkerael se miraron con expresión preocupada.

─Todavía no ─respondió el primero de los dos─.

Nabor debe de estar poniéndolo a prueba.

Pero el cuerpo de Minos, por el momento, es tan solo un recipiente a medio llenar: la bestia aún no ha despertado en él.

Supongo que el Patriarca está hilando muy fino en todo este proceso, y si las profecías no se equivocan, llevará a cabo su total conversión en la última luna llena de otoño.

Esa noche será cuando intervengamos nosotros.

Para entonces, espero que tu hermano y los demás hayan llegado a Teff. Si no, no habrá esperanza.

La adivina miró a Elkerael. El anciano ya no tenía ganas de reír ni de hacer bromas. De hecho, parecía haberse venido abajo.

─Maestro, ¿qué pasa?

Elkerael trató de sonreír, aunque Pantera habría jurado que, por un instante, había tristeza en sus antiguos ojos de otro mundo. Yarbha lo observaba sin decir nada. Él también sabía más.

─Nada, nada… No pasa nada, hija… Es solo que Halcón y Attaegina tienen por delante una labor muy difícil.

─Saldrán adelante. ¡Estoy segura! Los dos son capaces.

─Sí, sí… Los dos lo son, sí… De hecho, siento que Attaegina y Halcón son la clave para resolver todo este entuerto.