CAPÍTULO 32
Creta había soñado con Attaegina. En su sueño, Atti tenía el mismo aspecto que ahora.
Ella, en cambio, tenía la edad de Galatis, unos siete años.
Le había pedido a Attaegina que jugara con ella, aunque una nebulosa le impedía verle la cara.
Atti la ignoraba, le daba la espalda. Entonces Creta le tiraba de la ropa, pero su hermana mayor no la oía ni la veía, ni siquiera notaba los tirones…
─Ya que vamos a pasar horas aquí esperando para entrar, sería más llevadero si me dirigieras la palabra ─le pidió Nilo irrumpiendo en sus pensamientos.
Creta ni siquiera lo había saludado desde que abandonaron la posada juntos, antes del amanecer.
Después se habían dirigido en silencio sepulcral hasta el Templo de Calíope, donde una generosa fila de devotos en riguroso orden aguardaba su oportunidad para poder conocer por fin la tumba de la profetisa.
La mayoría había dormido a la intemperie para no perder su turno.
─No recuerdo la última vez que Attaegina jugó conmigo ─contó Creta repentinamente, sin dejar de pensar en su sueño.
«¿Y eso a qué viene?», pensó Nilo. Pero no la interrumpió.
Ella continuó, con la mirada posada en la lejanía─.
Desde que éramos muy pequeñas, cada una trazó su propio camino.
Las dos hemos sido solitarias. Tenemos pocas anécdotas juntas para contar, muy pocas. Escasas. Casi ninguna.
─¿Siempre habéis discutido? ¿Tan mal os lleváis?
Creta no estaba segura. De pronto, un vago recuerdo se alzó en su memoria.
─Atti siempre estaba en boca de todo el mundo.
No pasaba un solo día sin que alguien necesitara de sus dones angélicos.
También se pasaba los días en el consejo, con los ancianos.
Acabo de recordar que una vez rompí a llorar porque la echaba de menos.
Me prometió bañarse esa tarde conmigo en el río porque era finales de primavera y hacía un calor insoportable, pero nunca vino.
Se la llevaron, como siempre, al consejo.
─¿En serio? ¿Cuántos años tenía?
─Tal vez ocho o nueve.
Nilo no dijo nada. Su mutismo y su asentimiento fueron la respuesta que Creta necesitaba para entender un poco más a Atti.
─No es justo implicar así a un niño en los asuntos de los adultos, ¿no crees, Nilo?
─¿Quieres que te dé mi opinión? ─Creta asintió─. Se aprovecharon de tu hermana. Y luego, cuando perdió sus dones, la despreciaron como a una cabra que ya no da leche. Esos son los respetables ancianos de tu tribu, una panda de imbéciles...
Podría haberlo dicho más alto, pero no más claro.
Creta no le rebatió. Se había despedido de Atti sin ser capaz de poner en palabras todo lo que habría querido.
Aún no estaba muy segura de haberla perdonado del todo, pero desde entonces había cambiado algo entre ellas, como si una herida muy antigua comenzara a cicatrizar por fin.
Sin embargo, sentía con cierta amargura que el tiempo que la vida les había concedido para estar juntas se le escapaba entre los dedos, como el aire o el agua.
En cualquier caso, acordarse de Atti reblandeció un poco su porfiado carácter.
─Perdonadme por haberos dejado encerrados ahí arriba ─pronunció luchando por vencer a su propio orgullo.
─Tranquila, que cuando vivía en la taberna dormía mucho peor, aquello era un asco... En fin, yo te perdono. Y Lorick, pues... Supongo que también.
─Lo escuché bajando las escaleras, pero no quise cruzarme con él. No quiero volver a verle, Nilo. Nunca más. ─Nilo se cruzó de brazos y puso cara de escéptico. A Creta le molestó─. ¡Va en serio! No quiero volver a verle. Es un insensible, un egoísta, un…
Tuvo que interrumpirse para ahogar un sollozo.
En ese momento, algunos peregrinos se dieron la vuelta para mirarlos sin entender del todo qué sucedía entre esa extranjera y el chico con cara de gato, que trataba de consolarla torpemente, rascándose la cabeza y mirando a su alrededor sin saber qué decir.
─Sí que quieres verle.
─¡No! No quiero… Quiero irme a casa y olvidarme de todos vosotros. ¿Quién me habrá mandado venir?
─Oye, ¿y por qué no me das una oportunidad a mí?
─¿Qué? ─se sorprendió Creta desconcertada por su atrevimiento. Pero, ¿qué tonterías decía ahora?
─Mira, yo creo que dentro de dos años seré más alto que tú ─continuó, todo convencido, poniéndose la mano a la altura de la frente─. Entonces no habrá tanta diferencia. Además, yo soy más simpático que él, eso seguro...
Creta empezó a reír. Era justo lo que Nilo pretendía. Bueno, en parte.
─¿Eres tonto? Para mí eres como mi hermano Tauh… Eres como un hermano pequeño.
Nilo suspiró.
─Eso ha sido un golpe bajo, pero lo superaré.
─Le sonrió. Lo cierto es que existía entre ellos una conmovedora complicidad─.
Ahora en serio, Creta, considérame una opción si en un par de años el nórdico todavía no ha espabilado.
─Ella lo miró con resignación. Después volvió a ponerse triste─.
Oye, otra cosa no, pero Lorick es sincero.
─Sí, claro ─respondió ella con desdén─. Demasiado sincero.
─Hablo en serio. Él sería incapaz de besarte pensando en Attaegina, o ¿querrías eso?
─Creta no dijo nada. No era algo que se le pudiera reprochar, aunque le doliera─.
Cualquier otro te habría besado sin más, aunque no te quisiera.
Cualquier otro se habría aprovechado de ti.
Lorick no. Tú deberías saberlo, lo conoces desde hace bastante, ¿no?
Creta se encogió de hombros.
─Desde que tengo memoria, Lorick existe. Me he pasado la vida esperándolo para ir a pescar, a cabalgar, a escuchar a los pájaros en el bosque. Un día él llegó antes, al río. Pero no me esperaba a mí, sino a mi hermana.
─Attaegina por aquí, Attaegina por allá... ¡Basta ya, Creta! Lorick no puede verte si siempre te escondes detrás de ella. Y no eres la sombra de nadie, ni de él ni de tu hermana.
Creta no tenía respuestas, así que su única reacción fue abrazarlo como habría abrazado a Tauh.
Sin más pretensiones. Nilo aún era adorable como un niño, pero su impulso adolescente no era indiferente al cuerpo de Creta, a lo cerca que se había quedado de sus pechos.
Solo un pedazo de tela de lino los separaba en ese momento de él, así que, no poco acalorado, se apartó en cuanto pudo de ella, mirando con disimulo hacia otro lado al tiempo que Creta le daba las gracias por ser tan comprensivo.
─Sí, bueno… ─se excusó él, ruborizado─. Se nota que Pantera me educó bien…
Pasaron un largo rato sin decirse nada, callados como el resto de peregrinos que conformaban la fila, cada uno embebido en sus propios asuntos.
Nilo intentando borrar de su mente la imagen de los pechos de Creta.
Ella perdonando a Lorick en su interior, volviendo a enamorarse de él.
Esperar mientras el sol comenzaba a calentar con fuerza se iba haciendo realmente tedioso, más aún sabiendo que pasarían horas hasta que pudieran al menos ver de cerca el umbral del templo.
─Tengo una mala noticia ─anunció Nilo con resignación.
Creta lo miró esperando cualquier desgracia─: Los arcanos.
Los consulté anoche, con Lorick, en la azotea.
No puedo saber nada del manuscrito a través de ellos, ni dónde se encuentra ni quién lo tiene, ni siquiera si sigue escondido o ha sido destruido.
─¿Por qué? Yo pensaba que con los arcanos puede saberse todo.
─¡Qué va! Eso mismo le dije yo un día a Pantera, cuando me enseñaba a leerlos.
Pues resulta que no siempre nos responden.
No siempre podemos acceder a todo el conocimiento que queremos porque, se supone, eso podría interferir con los planes del Cosmos.
Pero, si te digo mi opinión, creo que alguien ha protegido ese papiro para que no sea localizado.
─¿Puede que haya sido un nawal ?
Nilo se quedó pensativo:
─Quizás… O quizás también han podido ser el propio Nabor y sus sacerdotisas. Recuerda que, al fin y al cabo, él fue nawal .
Creta se quedó todavía más decepcionada.
Lo único que tenían planeado por el momento era visitar una tumba mientras Lorick…
¿Quién sabía qué estaba haciendo Lorick en solitario por la ciudad?
De pronto Creta tuvo un presentimiento. Elkerael les había insistido en que hicieran caso a las señales.
Y pensó que el Cosmos quería conducirla hacia algún lugar significativo cuando vio una bandada de vencejos cruzando el cielo sobre sus cabezas.
─¿Sabes qué, Nilo? Voy a echar un vistazo por las calles. Tengo… No sé cómo explicarlo. Una intuición, creo. A lo mejor se me ocurre algo por el camino. Te veré al anochecer.
─Tranquila ─le respondió el chico con resignación─. No me moveré de aquí. Y lleva cuidado con los ladronzuelos.