CAPÍTULO 1 #2
─¿Qué pasa con Creta? ─le pregunté sin poder aguantar más. Necesitaba saber qué tenía que ver Creta con todo aquello, qué tramaba, qué vínculo la unía a los Salmón. Titania se preparó para arrojarme otra flecha envenenada.
─Creta le ha entregado su trenza a Lorick. ─Me quedé sin aliento. Ella continuó─: Ambas sabemos qué significa eso, ¿verdad?
─Creta y Lorick se van a... ─No pude continuar.
Lo encajé con tanto dolor como si Lorick me hubiera sido infiel con ella.
¿Y si no era a mí a quien esperaba aquella tarde en el río, la tarde en que me besó?
¿Y si se trataba de Creta y sencillamente yo me adelanté creyendo entender su silencioso lenguaje?
─¿Y a ti te llamaban chica oráculo? ¿De verdad que nunca te diste cuenta de que tu hermana bebía los vientos por tu...? ¿Debería llamarlo novio ?
El mundo se me caía encima. Ahora comprendía todo el rencor de Creta, sus miradas de odio, sus incómodos silencios y sus escasas palabras cargadas de rabia.
Siempre creí que me tenía envidia por el papel que me otorgaba ser la hermana mayor.
Incluso llegué a pensar que no me había perdonado por no contarle que había visto en mis augurios la muerte de nuestra madre.
Sin embargo, se trataba de Lorick. Era eso.
¡Cielo y Tierra, qué ciega estuve todo el tiempo!
Pero, ¿y Lorick? ¿Eran tan fuertes sus sentimientos hacia Creta como para pedirle matrimonio?
─ Hace tres días se celebró en el gran salón la ceremonia de compromiso ─ prosiguió Titania regodeándose con mi decepción ─ .
Y la boda tendrá lugar en la próxima luna nueva.
Digamos que Creta ya es considerada un miembro del clan.
Además, hacen buena pareja esos dos. Y por cierto, Creta es mucho menos tozuda que tú.
Es, con diferencia, bastante más razonable. ¿Qué te pasa? ¿Ahora te da pena?
No quería que se me notara, mas no lo pude evitar.
Una lágrima fría y sigilosa cruzó mi mejilla herida.
A pesar de haber renunciado a Lorick por Halcón, su traición me resultó muy dolorosa.
Solo pensar en que Creta y él me habían engañado de esa manera tan cruel despertaba en mí una mezcla de sentimientos contradictorios que iban de la rabia a la tristeza.
─¿Esperabas que Lorick siguiera arrastrándose por unas migajas de tu amor? Si en cuanto apareció ese nawal le diste esquinazo. En cambio tu hermana…
─¡No sucedió así! ─protesté. «Pero, ¿qué haces, Atti?
», me dije. De pronto me vi entrando de pleno en su juego.
Y estaba perdiendo la partida, los nervios y la paciencia.
Respiré hondo y decidí callar porque, realmente, no tenía más explicaciones que darle.
Solo lo estaba enredando todo más mientras mis emociones enfrentadas me jugaban una mala pasada.
¿Me había sido infiel Lorick durante todo el tiempo en que lo amé?
Titania parecía tener suficiente. Al fin y al cabo, había logrado minar mi moral en mi última noche de vida.
─Se te enfría la cena ─me recordó con cinismo.
─Si le hacéis daño a Creta ─la amenacé con voz susurrante─, te juro que volveré de entre los muertos para haceros pagar, a ti y a todo tu asqueroso clan.
Eso no se lo esperaba.
─Vaya, vaya… ¿Ahora vas de hermana mayor?
Sí, me salió solo. El instinto de proteger a mis hermanos, incluso a Creta a pesar de su traición, continuaba prendido en mi alma. Creta no tenía ni idea de dónde se había metido…
En ese momento Titania se levantó rehusando con desdén la ayuda de una de las esclavas. Me observó por última vez haciéndome sentir como un despojo, escrutando mi cabellera despeinada y el vellón roñoso con el que cubría mi cuerpo con una incipiente mueca de asco.
─Mañana, nada más despunte el alba, vendrán las doncellas para adecentarte. Y más vale que no intentes ninguna tontería: los colmillos vigilarán el torreón en todo momento.
Me moría de hambre, pero no quería darle a esa harpía el gusto de que me viera devorando sus platos, por eso no probé bocado hasta que se marcharon todos.
Entonces respiré aliviada. Y comí, ¡por supuesto que comí!
Pues necesitaba sentirme fuerte para todo cuanto aconteciera al día siguiente, sobre todo si tenía que correr por mi vida, porque había decidido que nunca, nunca más volvería a verme en la boca de Molok.
Quizás pasaron dos horas o tres cuando empecé a cabecear en mi rincón.
Me dormí pensando en Lorick, en Creta. Una parte de mi ser ya los había perdonado, pero la otra no comprendía su conspiración contra mí.
¿Tanto daño les hice a ambos para que me la tuvieran jurada hasta el punto de servirme en bandeja al calamar gigante?
Entonces me acordé del día en que Lorick me ofreció la perla para pedirme matrimonio.
Era imposible que no me hubiera querido.
O tal vez los celos por Halcón lo habían vuelto loco.
─Halcón ─murmuré─, ¿dónde estás?
De repente toda la estancia se iluminó, como si hubiera pronunciado una palabra mágica.
Lo había hecho en cierto modo, había pronunciado su nombre.
El nombre del hombre al que amaba. El nombre de un nawal .
Y por eso, quizás, su gema me respondió con un haz de luz cálida y maravillosa que me reconfortó durante toda la noche.
Y entonces lo vi, lo vi en mis sueños: el amor de mi vida llegaba cabalgando a toda velocidad, cruzando las mesetas, las cordilleras y, finalmente, los oscuros bosques de Heimkel. «Ya voy, Attaegina», me dijo. «Ya voy».