El anestesista insomne 37 #2
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—Joder, perdonad, pero es que no sé qué pasa con los cirujanos que me tocan. Lo siento. Si queréis, para calmar un poco el ambiente podemos dejar que Tony nos cuente unos chistes.

En estas que ya habían dado buena cuenta del postre y ya les estaban sirviendo los cafés.

—¡No, que son muy malos! —gritó alguien desde la otra punta de la mesa desencadenando nuevas risas.

—Joder, dejadme que lo intente, ¿no? —se reivindicó el Dr. Lafuente.

—Venga, va. Te damos una oportunidad.

—A ver, ¿cómo se llama cuando el rey de un país se dedica al tráfico de drogas?

—Joder, macho. Eso es completamente imposible, los reyes son un ejemplo de moderación y buena conducta para todos sus súbditos —rieron todos a carcajadas.

—Pues este debe ser la excepción. Se llama ¡Monarcotráfico! —volvieron todos a reír.

—Venga, otro —se aclaró la voz con un trago de vino y retomó el show—. ¿Cómo se dice en inglés, varón noruego homosexual? —se hizo el silencio y nadie fue capaz de resolver el enigma.

—Pues “Norgay”.

Se juntaron abucheos, con aplausos y carcajadas de los comensales.

Cuando aflojó el volumen de las opiniones libremente expresadas en la mesa se levantó el Dr. González de nuevo y, como es típico de estas ocasiones, con un cubierto empezó a golpear una copa y reclamó de nuevo la atención de sus compañeros de mesa.

—A ver, compañeros y amigos todos, visto el nivel de los chistes del Dr. Lafuente creo que es el momento de que el homenajeado en este encuentro nos cante una canción.

—¡Que cante! ¡Que cante! —corearon todos al unísono. Pol les hizo un gesto con ambas manos para que dejaran de aclamarle y se levantó de su silla.

—Está bien, está bien. Si así lo queréis así lo tendréis, pero me vais a tener que firmar un consentimiento en el que diga que voluntariamente os sometéis a esta tortura y que me libráis de cualquier responsabilidad; yo ya he tenido suficiente con un juicio.

Volvieron todos a romper en carcajadas y a gritar consignas muchas de ellas ininteligibles.

—¿Te sirve en una servilleta como Messi?

—Me sirve, me sirve. Bueno, vale. Si os empeñáis os cantaré un poquito.

A ver, ¿qué puedo cantar? A ver… Ya lo tengo.

Os voy a deleitar con un aria que me apetece mucho en este momento.

Un aria que voy a cantar con sentimiento, desde lo más profundo de mi corazón y mis intestinos.

¿Alguien tiene idea de cuál puede ser? —nadie respondió, pero Bruno hizo que sí con la cabeza—.

La canta el Dr. Bartolo, palabra esdrújula porque es italiano, no llana como si fuera el tonto de vuestro pueblo —nuevas risas— y se titula “La vendetta” —se oyeron múltiples aplausos y bravos entre sus compañeros.

Es acertada, ¿verdad? —diversos síes se oyeron entre aplausos y carcajadas; el vino y la situación facilitaban tanta euforia—.

En esta aria el Dr. Bartolo dice que las ofensas no se deben perdonar, que hay que vengarlas.

Olvidar las afrentas y los ultrajes es bajeza y vileza.

Es un aria muy adecuada para la situación —todos rieron, gritaron y clamaron venganza contra los cirujanos.

El Dr. Martí se puso en pie e interpretó, con su aterciopelada voz de barítono, el aria del primer acto de Le Nozze di Figaro de Mozart, en la que el Dr. Bartolo argumenta que la venganza es un placer reservado a los sabios y le dice a Marcellina que a pesar de que la situación es complicada, encontrará algún resquicio legal para vencer al bribón .

La vendetta, oh, la vendetta! È un piacer serbato ai saggiÈun piacer serbato ai saggi L'obliar l'onte e gli oltraggiL'obliar l'onte e gli oltraggi

È bassezza, è ognor viltàÈbassezza, è ognor viltà Con l'astuzia...coll'arguzia... Col giudizio...col criterio...

Si potrebbe, si potrebbe, si potrebbe, si potrebbe.Il fatto è serio, il fatto è serio, il fatto è serio. Ma credete si farà, ma credete si farà.

Se tutto il codice Dovessi volgere

Se tutto l'indice Dovessi leggere Con un equivoco Con un sinonimo Qualche garbuglio Si troverà Tutta Siviglia Conosce Bartolo: Il birbo Figaro Vinto sarà

Una vez finalizó el aria todos sus compañeros rompieron en una enorme ovación a la que respondió el Dr. Martí con una inclinación de su torso.

—Viva el Dr. Bartolo —gritó uno de los compañeros.

—Todos somos Bartolo —respondió otro.

—Me too —se sumó un tercero.

—No se dejan pasar las afrentas. Hay que vengarse de los cirujanos.

—Nunca te acostarás sin pelar un cirujano más — rieron todos desenfrenadamente.

—¿Este refrán no lo sabías, eh, Pol?

—A cada cirujano le llega su San Martí —más risas entre los compañeros de cena.

—Este tampoco, ¿eh? —nuevas carcajadas.

«Este sí que lo sabía. Me lo dedicó el cabronazo de López».

—Tampoco habría que llegar a tanto, ¿no? —les dijo el Dr. Martí no del todo convencido.

—Bueno, bueno, no sabría qué decirte —nuevas risas.

—A veces no será por falta de ganas.

—Pero alguna cosa sí se podrá hacer, ¿no creéis?

—A ver, ¡brainstorming! —sugirió alguien.

—¡Uh! ¡Uh! ¡Uh! —empezaron todos como si fuera un grito de guerra motivacional.

—No les relajaremos a los pacientes —sugirió uno.

—Eso, que se jodan y cierren como puedan —respondió otro provocando las risas entre todos.

—Haremos bloqueos a todos los pacientes para retrasar las cirugías y que sean ellos los que tengan que esperar para iniciar la operación igual que tenemos que esperarlos nosotros a ellos.

—Y si se suspende algún paciente por falta de tiempo será culpa suya .

—Suspenderemos por un solo estornudo, aunque sea de un familiar que viva en Cuenca —sentenció alguien provocando una escandalosa traca de carcajadas.

Cuando todos recuperaron el aliento y la calma, Bruno se dirigió a sus compañeros.

—Todos sabéis que nada de eso va a pasar.

No vais a hacer nada que pudiera ir en contra de vuestros pacientes.

Sois unos magníficos profesionales que lo único que quieren es lo mejor para sus pacientes, aunque ello suponga un sacrificio por vuestra parte —todos los allí presentes sonrieron y le dieron la razón.

—Tienes razón, Bruno, pero lo bien que nos los hemos pasado criticándolos y maquinando contra ellos no nos lo quita nadie —volvió a desatarse una carcajada general.