El anestesista insomne 36
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El Dr. Martí se encontraba tumbado boca arriba en la cama de su celda en el Centre de Detenció de les Corts donde había sido trasladado desde la comisaría de l’Eixample.

Allí iba a pasar las próximas horas hasta cumplir las setenta y dos de que disponía la policía para ponerlo a disposición judicial.

Existía la posibilidad de no cumplir esas horas: que hubiera algo que provocara un vuelco en la investigación y lo dejaran libre, cosa que le parecía harto difícil, o que encontraran pruebas concluyentes en su contra y decidieran enviarlo al juez sin mayor dilación, cosa que tampoco le parecía muy probable.

Ya que esa iba a ser su cama las próximas tres noches, iba a intentar amoldarse a ella.

Las horas iban pasando y el doctor seguía sin pegar ojo, cosa habitual en él.

Esa noche se la pasó repasando una y otra vez el interrogatorio.

Entendía que pudieran pensar que él había asesinado al Dr. Torres, de hecho, se le pasó por la cabeza más de una vez, pero que pensaran que podía haber matado al Dr. Trullols por sus bromas le pareció totalmente absurdo.

Si al menos los policías hubieran sabido lo que ocurrió al día siguiente de llamarle matasanos en quirófano, hubiera podido entenderlo, pero sin esa información era totalmente ridículo.

Desconociendo el aquelarre anticirujanos que se produjo en la cena de celebración que tuvo lugar la noche siguiente

en Lleida no entendía que lo pudieran acusar de su asesinato. En todo esto tenía su mente sumida cuando por fin pudo dormirse, aunque su cerebro siguió recordando cosas de aquel fin de semana.