El anestesista insomne 14
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Tras cumplir las órdenes del comisario, cada uno con sus variantes, pudieron reflexionar tranquilamente sobre el caso y tener un sueño reparador. Es mejor irse a dormir con los problemas, si no resueltos, al menos ya analizados.

A la mañana siguiente, a las siete en punto estaban reunidos los tres en el despacho del comisario quien les puso encima de la mesa un ejemplar del “Barcelona News” recién salido de las rotativas.

—¡Joder con la Mònica de los cojones! —exclamó furibunda la inspectora—. ¿No nos va a dejar trabajar tranquilos?

La inspectora tomó el diario y echó una ojeada a la portada en la que se leía el titular: “Vampiro asesina a un conocido cirujano cardiovascular”.

—Pero ¿qué hostias de titular es este?

—Cálmate, Laura —intentó el comisario que volviera a un estado de normalidad.

—Pero ¿cómo quieres que me calme si esta hija de puta nos va a complicar la existencia con sus titulares y sus artículos? ¿Y cómo es que tu amigo le ha dejado publicar ese titular tan fuera de lugar? —siguió hablando fuera de sí.

—Laura, por favor. ¡Cálmate! ¿No ves que así no vamos a resolver ningún caso? —insistió el comisario en su afán de calmar a su compañera alzando la voz más de lo que hubiera deseado .

—Está bien, Jordi, lo siento. Ya me calmo, pero es que esa mujer, esa bruja me saca de mis casillas —intentó disculparse la inspectora.

—Y eso es precisamente lo que quiere, sacarnos de quicio para que en un momento de descontrol le expliquemos más de lo que deberíamos.

—Tienes razón, David, pero si hubieras estado a punto de morir porque una periodista interfirió en una de tus investigaciones, por mucho psicólogo que seas, no sé si podrías tomarte las cosas con la calma que predicas —le soltó a su compañero a quien le vino a la memoria la cicatriz en el abdomen que le había enseñado su compañera.

—Lo siento, Laura, no debería haber sido tan simplista en mi comentario.

—Bueno, ahora que estamos todos más calmados, podemos leer el artículo y así sabremos la alarma social que puede generar.

En el artículo se explicaba que el cuerpo del cirujano fue hallado semidesnudo en los bunkers del Carmel, con unas marcas en el lado izquierdo de su cuello que se debían al mordisco ejecutado por unos colmillos y que el fallecido había muerto desangrado, probablemente porque algún ser le había succionado toda la sangre antes de arrojarlo a un contenedor.

En ningún momento se mencionaba el hallazgo del carné de médico sujeto entre los dientes de la víctima.

—Este artículo me sugiere varias incógnitas: la primera es si la prensa sabe lo del carné y lo ha ocultado por algún motivo, ya sea por deferencia o para pedirnos información a cambio de no revelar esa parte del asesinato, o si no tienen ni la más remota idea .

—Siendo la periodista que es, yo creo que lo sabe y se guarda un as en la manga.

—Es lo más probable, Laura. Esa mujer es una víbora.

—No tenéis muy buen concepto de ella —dijo con cierta sorpresa el subinspector.

—Si la conocieras no tendrías ninguna duda de que lo que decimos no se aleja lo más mínimo de la realidad.

Es la típica que sigue el lema “no impidas que la verdad te arruine una buena noticia” y este caso tiene pinta de que va a ir por ahí, porque los vampiros solo existen en las novelas —argumentó la inspectora.

—Si os parece sigo con otra de las incógnitas que me ha generado el artículo —les sugirió el comisario—.

Si la población sospecha que hay un vampiro, o alguien que mata para beberse la sangre de sus víctimas, no sé si sería mejor que pensaran que todos son potenciales víctimas o que el chupasangre solo está interesado en médicos.

—La verdad es que si la gente piensa que están a salvo por no ser médicos, todo va a estar más tranquilo, no se van a volver locos y no cundirá el pánico, pero no me parece buena idea poner el foco en el colectivo médico—sugirió el subinspector.

—Creo que tienes razón, David. No podemos alarmar a un grupo poblacional de ese modo. Habrá que buscar otra fórmula.

—Y, ¿qué sugieres, Jordi?

—Creo que va a ser muy fácil, Laura, y mataremos dos pájaros de un tiro.

Convocaremos una rueda de prensa sin opción a preguntas y expondremos que la muerte del Dr. Torres ha sido debida a motivos económicos.

Que las marcas en el cuello fueron causadas por una pistola eléctrica y no por unas mordeduras, y que la muerte le sobrevino por una gran pérdida de sangre a través de una herida infligida por un arma blanca.

No estamos mintiendo, pero nos guardamos algún detalle que nos podría ser útil para la investigación.

—Me parece muy buena idea, comisario. ¿Cuándo convocamos la rueda de prensa y quien comparecerá?

—Si te parece bien, podemos aparecer tú y yo como encargados de la investigación.

Yo expongo la situación y tú permaneces a mi lado evidenciando que tienes todo mi apoyo, pero así los focos no recaen directamente sobre ti.

El subinspector mejor que se quede al margen.

Siempre es bueno que no conozcan a todo el equipo, tener un arma secreta es un buen plan alternativo.

—Estoy de acuerdo contigo, Jordi.

—Soy de la misma opinión —afirmó el subinspector.

—Ahora debemos volver al motivo inicial de esta reunión. Decidir la estrategia que debemos seguir en la investigación: las deudas de juego o los motivos profesionales —recondujo la sesión el comisario.

—Jordi, por muchas habilidades médicas que se hayan utilizado para asesinar al Dr. Torres, a mí no me entra en la cabeza que unos enfrentamientos en quirófano o en la Unidad de Cuidados Intensivos sean más potentes que unas deudas de juego impagadas como motivo para un asesinato y más ahora que hemos sumado al Dr. Rojo, jefe de cirugía cardiovascular, a la lista de sospechosos.

—Yo soy de la misma opinión, a no ser que el asesino tenga algún desequilibrio mental, cosa que no hemos evidenciado en ninguno de los sospechosos —afirmó el subinspector añadiendo un nuevo aspecto a la investigación .

—Yo también apuesto por el móvil monetario, aunque esto va a ser más arriesgado de lo que pudiera parecer inicialmente, ya que la calaña que se mueve en esos mundos es muy peligrosa —sugirió el comisario—.

Si os parece bien, yo voy a organizar la rueda de prensa y vosotros os tomáis un café y estudiáis la manera de proseguir la investigación con el nuevo enfoque que hemos decidido.

Cuando llevaban unos minutos enfrascados cada uno en su parte del trabajo, sonó el teléfono fijo de la inspectora.

Laura respondió la llamada que resultó ser de Fausto, el agente de recepción.

Le comunicó que el día anterior un agente cuyo nombre no recordaba, había llamado para informarle de que no habían obtenido ninguna información de los vecinos del Carmel y que el mendigo que descubrió el cadáver seguía en paradero desconocido.

El subinspector había dedicado su tiempo a investigar sobre el táser, la pistola eléctrica que utilizó el asesino para dejar fuera de combate a su víctima.

Habían recibido un correo electrónico del Dr. Mur, el forense, en el cual les detallaba diversos aspectos de la autopsia.

Entre ellos les indicaba cual era la distancia que había entre las dos quemaduras que había producido la pistola al descargar sobre el cuello del Dr. Torres, cosa que podría ayudar a saber el modelo utilizado.

También realizó una hipótesis sobre la potencia eléctrica de dicha arma.

En base a esos datos, el subinspector dedujo tras revisar diversos modelos hallados en la red, que el arma utilizada con mayor probabilidad era un Pegasus PG928 de 12.

000KV. Este tipo de armas son ilegales entre la población civil y teóricamente no se pueden comprar en comercios físicos ni a través de plataformas digitales nacionales, pero es muy fácil su adquisición, por unos cien euros aproximadamente, tanto en tiendas como en páginas web de Andorra, por lo que cualquiera podría poseer esta arma y no sería fácil descubrir quién era el asesino tirando de ese hilo.

Estaban acabando de poner sus hallazgos en común cuando la inspectora recibió en su móvil la llamada del comisario Pou convocándolos en treinta minutos en la sala de comunicaciones que la comisaría tenía en la planta baja del edificio.

Se iba a llevar a cabo la rueda de prensa, sin turno de preguntas y, aunque él iba a ser quien hablara, quería verse respaldado por su equipo y al mismo tiempo su intención era tranquilizar a la población ya que podrían ver a la inspectora Sans, quien con tanta eficiencia había conseguido atrapar al asesino del crucigrama.

El comisario consideraba que la ciudad se sentiría más protegida si explicaba que el asesino no era un vampiro y que su mejor policía estaba a cargo de la investigación.

Cuando los dos policías accedieron al estrado desde el cual iban a emitir el comunicado, el subinspector se quedó en el pasillo contiguo.

La sala de prensa estaba llena de periodistas y, en primera fila, como no, y armada con un micrófono estaba Mònica Cardós, el grano en el culo más grande que había tenido en su vida el comisario Pou.

Sin dar tiempo a que se sentaran en sus sillas, la Sra.

Cardós ya había lanzado su primera andanada de preguntas.

—Comisario, ¿qué puede decirnos del asesinato del vampiro? ¿Tienen alguna pista de quién puede ser? ¿Por qué le chupó la sangre a su víctima? Que matara al Dr. Torres, ¿fue algo fortuito o premeditado?

—Bon dia a tothom! —inició su presentación el comisario sin hacer caso a las preguntas de la periodista—.

Permítanme que nos presente. Yo soy el comisario Pou y seré quien supervise la investigación, pero el peso del trabajo corresponderá a la inspectora Sans, a la que seguro todos recuerdan por su brillante investigación en la reciente detención del asesino del crucigrama.

—Comisario, ¿habrá más víctimas del vampiro? ¿Qué están haciendo para atraparlo? —interrumpió la Sra Cardós.