El anestesista insomne 12
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Durante la casi media hora de trayecto hasta el próspero municipio de Sant Cugat del Vallès ambos policías analizaron los interrogatorios realizados hasta el momento y catalogaron a los sospechosos en función de las probabilidades que consideraban que tenía cada uno de ellos de haber cometido el asesinato.

Podrían casi descartar del todo a ambas mujeres, pero en esta vida, el todo y el nada, el siempre y el nunca no existen, por lo que permanecerían en el mismo saco que los demás hasta que la investigación no estuviera más avanzada.

El principal sospechoso si el Dr. Guillén, al que iban a visitar en ese momento, no lo desbancaba, era el Dr. Andreu Mateu.

El cirujano general tenía las habilidades necesarias para canalizar vasos y un claro móvil: las deudas de juego del finado, y al mismo tiempo carecía de una coartada que pudiera ser evidenciada.

Los móviles de los demás eran muy similares, desencuentros laborales y ninguno destacaba especialmente sobre los otros.

Las coartadas que esgrimían eran débiles, excepto la del Dr. Giró, la cual pecaba por exceso.

Todo esto hacía que el Dr. Mateu fuera el líder de la carrera de sospechosos.

Una vez hecho el repaso a los datos obtenidos y haber llegado a esa conclusión, decidieron que una vez hubieran entrevistado al Dr. Guillén darían por finiquitado el largo día y se irían a descansar.

Para despejarse un poco y relajar la mente Laura sugirió a David la posibilidad de jugar a las matrículas a lo cual el subinspector accedió con gusto.

—Parece que te ha gustado mi juego de las matrículas.

—Parece una tontería, pero te distrae la mente.

La parte final del trayecto se les hizo más corta y en ella habían detectado a un periodista inglés, BBC, a un banquero vasco, BBK y a un conductor medio soviético, CCC.

De las matrículas les llamaba la atención lo antiguas que eran para ser un municipio de alto poder adquisitivo.

Casi sin darse cuenta, llegaron al chalé ubicado en las afueras y, tras aparcar en el vado del garaje para bloquear la posible huida en coche del sospechoso, se dirigieron a la puerta de acceso a la finca.

Tras pulsar el botón del portero automático en tres ocasiones y no obtener respuesta alguna decidieron inspeccionar el perímetro de la residencia del anestesista.

No encontraron evidencia alguna de la presencia de nadie en su interior por lo que decidieron volver al coche y dirigirse a la comisaría.

—Es muy extraño que el Dr. Guillén no haya aparecido por el hospital y que en su casa no haya nadie. Esto le catapulta a los primeros puestos del ranquin de sospechosos —afirmó el subinspector.

—Ciertamente, David. Motivos para el asesinato tiene los mismos que cualquier otro sospechoso, pero su ausencia le incrimina, pero antes de cargarle el muerto deberíamos averiguar si tiene otra residencia, no sea que esté en ella.

Por el nivel económico que aparenta es posible que tenga otra y una supuesta enfermedad le hubiera obligado a permanecer en ella —sugirió la inspectora.

—Solicitaré esa información y su número de teléfono al que recurriremos si no logramos dar con él.

El subinspector era muy consciente que era mejor no alertar con una llamada telefónica a un sospechoso de que estaba siendo investigado. Eso le daría mucho margen de tiempo para destruir pruebas, montar coartadas e incluso huir del país.

—Mira, Laura. A ese conductor le gusta el “steak tartar”, que no el “stick tartar”, que es como lo pronuncia la mayoría de la gente.

—Pues yo lo pronuncio mal —dijo con cierta decepción.

—“Stick” es un palo y “steak” es un filete —le explicó el subinspector.

—Ok, gracias por la información, pero explícamelo porque no veo cómo partiendo de la matrícula KZN llegas a esa conclusión.

—Es que esta es de las muy elaboradas. Yo tengo ventaja ya que llevo mucho tiempo jugando.

—Venga, explícamelo porque me parece que va a ser de un retorcido de campeonato —el subinspector sonrió ante la broma de su superior.

—La palabra “tartar” hace referencia a los tártaros, los habitantes de un país cruzado por el Volga llamado Tartaristán, cuya capital es Kazan, KZN.

—Lo que yo decía, retorcimiento de campeonato —ambos estallaron en carcajadas.

Tras un par de matrículas más sencillas llegaron más relajados a la comisaría.

Después de saludar al agente de recepción subieron a la primera planta y entraron en la sala del escamot y dialogaron con los allí presentes.

Compartieron la información básica con sus compañeros, ya que la presencia de un topo en la comisaría parecía ser segura.

Una vez puestos al día, subieron a la tercera planta para informar al comisario Pou de cómo se estaba desarrollando la investigación.

Cuando estaban a punto de llamar a la puerta la secretaria les avisó de que no estaba.

El comisario había tenido que ausentarse, pero les esperaba a primera hora de la mañana siguiente para analizar la situación y preparar la mejor estrategia para la investigación.

Tras abandonar la comisaría se despidieron hasta el día siguiente.

—¿Una cerveza? —le gritó la inspectora a su compañero cuando se alejaba en dirección a su coche.

—Muchas gracias, Laura. Me encantaría, pero estoy agotado y aún tengo que conducir hasta Girona. Te lo agradezco, de veras. Te tomo la palabra y si mañana tenemos tiempo aceptaré tu invitación —se disculpó con sinceridad—. Hasta mañana.

—Hasta mañana —se despidió con tristeza ya que no le apetecía estar sola.