El anestesista insomne 5 #2
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—Cuando se haya producido el levantamiento del cadáver quiero que vayan a preguntar a los vecinos si han visto u oído algo. Ya sabemos la respuesta, pero hay que intentarlo y seguir los protocolos.

—No se preocupe, inspectora, así lo haremos y si obtenemos alguna información nos pondremos en contacto con su departamento. Adiós y buenos días.

—Adiós. Vámonos, David, que el caso no se va a resolver solo— se dirigió al subinspector, quien se encontraba realizando una inspección ocular de la zona.

—Voy «será borde la tía». Estaba buscando cámaras de seguridad que hubieran podido grabar alguna cosa— dijo excusándose por no haber visto que la inspectora había iniciado la vuelta al coche.

—Si fueras de Barcelona sabrías que no hay muchas cámaras de seguridad en las zonas alejadas del turismo y que las pocas que hay no suelen funcionar.

La inspectora Sans hizo una llamada para poner al corriente al comisario Pou de la información obtenida hasta ese momento.

—En breve llegamos, Jordi y te hago un resumen de la situación, que es un poco particular. Ninguna pista, pero sabemos quién es la víctima.

—Bon dia! Soy el subinspector David Palau —le dijo a la inspectora extendiéndole la mano.

—¿Perdón?

—Creo que no hemos empezado con buen pie nuestra andadura y quizá sería bueno iniciarla de nuevo. Soy el subinspector David Palau —extendió nuevamente la mano .

—Creo que tienes razón, subinspector. Soy la inspectora Laura Sans y te doy la bienvenida al equipo —respondió chocándole la mano.

—¿ Tabula rasa ?

— Tabula rasa «no sé qué habrá querido decir».

Ambos subieron al coche y mientras conducían hacia la comisaría analizaron la situación.

—Resumiendo: tenemos un cadáver que tiene nombre y apellidos, Eugeni Torres Blanco.

No tenemos ningún testigo. Los del camión de la basura no saben nada, el vagabundo está en paradero desconocido y no creo que nos pueda ayudar mucho.

Los vecinos seguro que estaban durmiendo y no habrán visto nada tampoco.

Las cámaras de seguridad son inexistentes en esta zona.

Las huellas de neumáticos que hubiera podido haber en la nieve se han evaporado como la propia nieve.

—Bueno, siempre le podemos preguntar al espía ruso que conduce ese coche —dijo el subinspector señalando al vehículo que tenían delante esbozando una ligera sonrisa.

—¿Cómo? —respondió sorprendida la inspectora.

—Sí, mira las letras de la matrícula del coche, “KGB”, un espía ruso —comentó casi iniciando una risa.

—Ah, ¿que aparte de psicólogo y subinspector eres humorista?

—Y muchas otras cosas más que irás descubriendo con el tiempo.

Lo de las matrículas es un pasatiempo que adquirí cuando tuve que permanecer varios días haciendo guardia delante de un domicilio, y la verdad es que le cogí cierto gustillo y sigo practicando.

Me divierte. Esta es muy sencilla. Las tengo mucho más elaboradas .

—Bueno, cada uno pasa su tiempo como quiere o como puede.

—Efectivamente. Por cierto, aunque esto de las matrículas no está dentro de tu test, quizá podría servirte para analizar mi perfil psicológico y determinar si voy a ser un buen compañero.

—Quizá tengas razón.

Con la conversación de las matrículas llegaron sin darse cuenta a la comisaría y subieron al tercer piso donde el comisario Pou les estaba esperando.

—¿Se puede?

—Adelante —indicó la fuerte voz del comisario.

Ambos compañeros entraron en el despacho al tiempo que el comisario se levantó de su butaca y se acercó hacia ellos extendiendo la mano hacia el subinspector Palau.

—Tú debes ser el subinspector Palau. Benvingut!

—Moltes gràcies! —respondió encajando la mano del inspector.

—Enhorabuena por el ascenso. Es un honor que un policía con tu currículum haya decidido unirse a nosotros.

—Muchas gracias de nuevo. Para mí es un placer poderme unir a su grupo. Su fama y la de la inspectora les precede y su buen hacer es bien conocido en el resto de las comisarías de Catalunya.

—Aquí tendrá la oportunidad de crecer como persona y como profesional y podrá aprender mucho de la inspectora Sans, la mejor policía con la que he trabajado nunca.

A la inspectora se le iluminó la cara al oír las palabras que le dedicaba su superior y pensó que la estrategia de piropearlos a ambos había sido todo un acierto para generar unión y hacer equipo .

—Pero, no os quedéis ahí de pie. Sentaos y explicadme qué sabéis para ver cómo orientamos la investigación.

Ambos se sentaron en las sillas que había delante de la mesa del comisario y le expusieron con pelos y señales lo que habían descubierto hasta ese mismo momento.

—¿Y decís que hemos identificado al fallecido porque el asesino le ha puesto en la boca el carné del colegio de médicos? —intentó aclarar ese punto el comisario.

—Así es, Jordi. El Dr. Eugeni Torres Blanco.

—¿Qué os sugiere todo esto? ¿Subinspector? —dijo haciendo una señal a la inspectora para que entendiera que su intención era probar la audacia del nuevo compañero.

—Que el asesino haya dejado el carné de médico de la víctima en su boca me indica que quería que supiéramos sin duda alguna quién era el cadáver porque no es un asesinato al azar.

Ha matado al doctor porque tenía algún motivo para hacerlo.

Quería matarlo a él y a nadie más y que el hecho de ser médico es importante ya que no ha dejado su D.N.I.

—Bien, prosigue —le invitó el comisario a profundizar en su teoría.

—Que haya muerto desangrado siendo cirujano cardiovascular tampoco es aleatorio o random, como dice la juventud hoy en día . Creo que el modo de asesinarlo está vinculado con la profesión del fallecido.

—Por ahora vas muy bien. Concuerdo contigo.

—El Dr. Mur, el forense…

—Es casi como un hermano para mí —expuso el comisario interrumpiendo al subinspector —disculpa, continúa.

—El forense, el Dr. Mur, nos ha expuesto que la víctima tenía canalizadas diversas arterias y venas …

—Bueno, que quedaban las señales de haber sido canalizadas diversas venas y arterias —puntualizó la inspectora.

—Efectivamente, muchas gracias, inspectora —agradeció sinceramente el subinspector. Parecía que el reset en su relación estaba funcionando—, lo cual hace sospechar que el asesino…

—O asesinos —añadió la subinspectora.

—O asesinos. No sé por qué he pensado intuitivamente que el asesino era una única persona —argumentó el subinspector—, el modo de matar hace sospechar que quien cometió el asesinato tiene conocimientos médicos.

Por lo tanto, creo que deberíamos encaminar nuestra investigación hacia personal sanitario que tenga alguna relación laboral con la víctima.

Tendremos que averiguar dónde ejercía el difunto.

—David, acabas de hacer un fantástico resumen de la situación y creo que estás dirigiendo muy bien el foco hacia donde más probabilidades hay de encontrar al culpable.

—Muchas gracias, Sr. Comisario.

—Laura, te dejo al mando de la investigación. Confío plenamente en ti y en tus cualidades. Ya sabes que puedes contar conmigo para lo que necesites —le dijo invitándoles a salir.

—Gracias, Jordi. Te mantendremos informado de nuestros avances.

—No tenía ninguna duda. Suerte y trabajo, que ambas cosas son necesarias.