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Unos minutos antes…
Un coche patrulla de los Mossos d’Esquadra había llegado a los contenedores de basura situados al final del carrer Labèrnia, muy próximos a los bunkers del Carmel, en el Turó de la Rovira.
Habían acudido alertados por la llamada de los empleados del camión de recogida de basuras que cuando se dirigían hacia la parte superior de la colina se habían cruzado con un vagabundo que descendía corriendo desesperadamente y gritando como un loco: “¡vampiros!”
Allí les aguardaban los dos empleados del servicio municipal de limpieza.
—¿Han sido ustedes los que han encontrado el cadáver?
—Sí, agentes, hemos sido nosotros —respondió el encargado de los contenedores.
—Bueno, en realidad el primero ha sido un vagabundo que nos ha dicho que había un muerto cuando bajaba corriendo por la calle como alma que lleva el diablo gritando “¡vampiros!”—dijo a su vez el conductor del camión.
—No habrán tocado nada, ¿verdad? —preguntó el primer agente.
—¡Nooo! Ni “jarto” de vino toco yo un muerto, y menos si es cosa de vampiros, que no me quiero convertir en uno de ellos.
—Ni yo, que tocar un muerto trae muy mal fario .
—Está bien. Han hecho ustedes lo correcto. Ahora si son tan amables, colóquense por allí que vamos a acordonar la zona y enseguida vendremos a tomarles declaración —les dijo el agente invitándoles a abandonar el escenario del hallazgo del cadáver para evitar su contaminación.
—Pero, agente, nosotros tenemos que seguir con la recogida de la basura. Esto nos está generando mucho retraso y en teoría nuestro turno ya ha acabado —dijo el conductor con cierto mal humor.
—No se preocupen, será solo un momento.
—Frederic, yo voy acordonando la zona y tú ves tomando declaración y así ellos pueden marchar y nosotros pasamos la descripción del sintecho para que las patrullas lo busquen —propuso el otro agente.
—Me parece perfecto —le respondió a su compañero.