EL ANCLA EN LA TORMENTA CAPÍTULO 38 La sucesión de la corona
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CAPÍTULO 38 La sucesión de la corona

Martínez, con el sudor frío empapándole la frente y la mano temblando de forma incontrolable, terminó de escribir la lista de sus propiedades.

Deslizó el papel sobre la mesa de caoba hacia el abogado principal de la corporación.

El jurista, bajo la mirada gélida y la atención de Alessandro, redactó el documento de traspaso legal a una velocidad militar.

Siguiendo las directrices del magnate, el abogado no dejó ningún cabo suelto e incorporó una cláusula penal implacable: si la auditoría posterior descubría cualquier otro bien inmueble, cuenta o terreno oculto que no hubiese sido declarado en esa nómina,

todo pasaría de forma automática a ser decomisado por la empresa como compensación por el desfalco.

En cuanto el documento estuvo listo, Martínez firmó el traspaso con resignación.

Apenas dejó el bolígrafo sobre la mesa, la pesada puerta de la sala de juntas se abrió de par en par.

Dos oficiales de la policía, que aguardaban la señal de Camila en el pasillo, ingresaron al recinto de manera impecable y procedieron a detener al ejecutivo por delitos económicos graves.

Alessandro observó cómo le colocaban las esposas al defraudador y se preparó para ordenar una revisión total.

—Quiero una auditoría completa de los estados financieros —comenzó a decir el magnate, pero la voz firme de su primogénita lo interrumpió, asumiendo el control de la estrategia.

—Papá —dijo Romina, poniéndose de pie con una templanza que dejó mudos a los miembros del directorio—.

Solicito que también se realice una auditoría profunda en las nóminas de los sueldos de los empleados.

Si Martínez manipuló los ingresos, puede haber movimientos extraños y desvíos ahí.

De hecho, exijo que se ejecute la revisión en cada departamento de la corporación donde existan flujos constantes de dinero.

Alessandro la miró fijamente, conteniendo una sonrisa de absoluto orgullo ante la lucidez de la joven de quince años. Romina continuó impartiendo directrices con total naturalidad:

—Esta auditoría la debe realizar una empresa externa e independiente para garantizar transparencia, y además, todos los libros contables serán resguardados físicamente por miembros del equipo de seguridad de nuestra familia.

Samanta —añadió girándose hacia la secretaria—, coordina con la firma auditora para que comiencen hoy mismo.

Esta situación debe mantenerse bajo estricta confidencialidad; ningún empleado de los demás pisos se puede enterar de lo que está sucediendo aquí arriba.

Los oficiales pueden llevarse a Martínez por el ascensor de emergencia del piso presidencial.

Recójanlo con su patrulla en la parte trasera del establecimiento corporativo.

Así evitaremos que los demás empleados vean la detención.

—Excelente —respaldó Alessandro, cruzándose de brazos con una satisfacción inmensa—. Ejecuten las órdenes de mi hija de inmediato.

—Por último, papá —concluyó la mayor, mirando al halcón con ojos inteligentes—, manda un comunicado interno a toda la corporación.

Debes dejar por escrito que si se detecta cualquier movimiento irregular en las facturas o en los flujos de dinero, el jefe de esa área será el responsable directo de la pérdida de capital.

Aprovechemos el correo para exigir una actualización obligatoria de los datos de todos los empleados.

Así tendremos las direcciones exactas de cada uno en caso de cualquier emergencia.

Alessandro no despegaba la vista de ella.

Estaba profundamente impactado y orgulloso por la facilidad y la frialdad corporativa con la que Romina tomaba las decisiones y resolvía una crisis de alta gerencia en su primer día en el edificio.

Tenía la sangre de un verdadero líder de los negocios; la sucesión del imperio Valverde estaba más que garantizada.

Mientras los oficiales retiraban a Martínez en absoluto silencio por el pasillo trasero y los ejecutivos salían a toda prisa a cumplir las directrices de la joven, las puertas principales de la sala de juntas se abrieron.

Elena, que había subido desde la cocina industrial al no encontrar a nadie en el despacho presidencial debido a la hora del almuerzo, ingresó al recinto con paso lento.

Se detuvo en seco al ver el gran salón vacío y encontrarse frente a frente con su hija mayor, quien permanecía de pie junto a la cabecera de la gran mesa de caoba.