EL ANCLA EN LA TORMENTA CAPÍTULO 37 La mirada del halcón
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CAPÍTULO 37 La mirada del halcón

Romina y Camila no apartaban los ojos de Alessandro.

Sentadas en los extremos de la mesa de caoba de la sala de juntas, observaban con fascinación quirúrgica cómo el magnate manejaba los hilos de la reunión.

Estudiaban la forma en que pensaba, la fijeza de su mirada al analizar las cláusulas y la contundencia de sus gestos.

Cuando no entendían algún concepto técnico de los informes, levantaban la mano con timidez y le preguntaban directamente.

Alessandro, sin perder la compostura, les explicaba cada punto con una claridad absoluta.

Las jóvenes iban guardando mentalmente cada dato.

En ese momento, Camila recordó la lección que él le había dado en el piso de abajo: "Nunca les demuestres a los demás lo que te afecta, guárdalo en una cajita".

Al verlo en acción, la niña de trece años finalmente lo entendió todo.

Comprendió por qué Alessandro cambiaba radicalmente de actitud en medio de la junta.

Aunque con ellas seguía siendo cariñoso y protector al responder sus dudas, lo hacía con la seriedad y la distancia de un jefe, no de un padre consentidor.

En los negocios, él no podía flaquear por ellas; mostrar debilidad o distracción frente a sus subordinados era un lujo que un Valverde no se podía permitir.

Romina y Camila estaban descubrir la verdadera faceta del empresario, la mente brillante detrás del imperio que ahora llevaba su apellido.

La reunión avanzaba con normalidad hasta que un informe financiero confidencial llegó a manos de Romina. La joven de quince años frunció el ceño, repasó las columnas con su mente matemática y detectó algo que le causó una profunda extrañeza.

—Papá, mira este balance —interrumpió Romina, levantando la voz con firmeza—.

Según lo que me explicaste hace un momento, en este ítem en particular tendríamos que registrar un diez por ciento de ganancia neta.

Pero en el papel solo se refleja un seis por ciento.

¿Por qué pasa eso? ¿Dónde está el resto?

El ejecutivo que había entregado el documento, un hombre llamado Martínez, se acomodó el cuello de la camisa con nerviosismo y lanzó una mirada de evidente fastidio hacia la adolescente.

—Disculpe, señorita —soltó Martínez con prepotencia—. Esta es una reunión de alta importancia corporativa. Le sugiero que aprenda, pero en absoluto silencio. Así todos podremos terminar el trabajo e irnos más temprano a nuestros hogares.

El aire en la sala de juntas se congeló en un segundo. Alessandro clavó sus ojos negros en el empleado con una fijeza gélida que helaba la sangre.

—Martínez —sentenció el magnate, y su voz gruesa resonó como un trueno contenido—.

Ella es mi hija. Está en todo su derecho a saber y exige que sus dudas sean aclaradas de inmediato.

Te recuerdo que una de ellas dos será la próxima dueña y heredera universal de esta compañía...

y, por lo tanto, tu futura superior. Así que mides tus palabras.

Alessandro tomó el informe de manos de Romina y revisó el balance. In cuestión de segundos, su mente quirúrgica detectó que la observación de su hija era un acierto devastador. Miró de reojo a su secretaria a través del intercomunicador.

—Samanta, trae los balances financieros consolidados de los últimos seis meses. Ahora mismo.

En cosa de minutos, las carpetas digitales y físicas estuvieron sobre la mesa. Alessandro se las deslizó a su primogénita.

—Hija, ¿puedes revisar esto, por favor? Infórmame si ves alguna otra irregularidad que no cuadre con los márgenes de ganancia.

Romina se acomodó en el sillón de cuero y comenzó a escanear los folios con una concentración admirable.

El talento innato de la joven para la planificación y la administración brilló con luz propia.

Encontró la misma discrepancia del cuatro por ciento en todos los informes de los últimos seis meses.

Al ver la gravedad del asunto, Romina solicitó los balances de un año atrás; los revisó minuciosamente y la irregularidad volvió a aparecer de forma sistemática.

Sin titubear, exigió la documentación completa desde el momento en que Martínez había ingresado a trabajar en la corporación, hace tres años.

La auditoría improvisada de Romina fue implacable.

El fraude se había instalado apenas seis meses después de que el hombre fuera contratado.

Al sumar y calcular los porcentajes desviados mes tras mes, la cifra final arrojó un desfalco monumental: varios cientos de miles de dólares habían sido extraídos de las arcas de la empresa.

Alessandro contempló el resultado con una furia gélida, pero no perdió el control. Le lanzó una mirada discreta y cómplice a Camila. La niña de trece años, captando a la perfección la señal de su padre, se puso de pie con total naturalidad, simulando que iba al baño, y salió de la sala de juntas.

Una vez en el pasillo, Camila actuó con la velocidad y la discreción que le correspondían como una Valverde. Localizó al jefe de seguridad personal de Alessandro y le ordenó apostar a los guardias en las salidas del piso. Acto seguido, se dirigió al escritorio de Samanta.

—Llama a la policía de de inmediato —le pidió en un susurro firme—. Pero organicen todo de forma muy ordenada y silenciosa. No quiero que el hombre dentro de la reunión se dé cuenta de lo que estamos haciendo afuera.

Samanta asintió con respeto, impactada por la templanza de la menor, y realizó la llamada a las autoridades.

Camila esperó un par de minutos, regresó a la sala de juntas y tomó asiento en su lugar.

Cruzó una mirada rápida con Alessandro, dándole un leve asentimiento de cabeza que comunicaba una sola cosa: Todo está en orden afuera.

—Bueno, Martínez —dijo Alessandro, recostándose en su sillón ejecutivo y entrelazando los dedos, con una calma que aterrorizaba—. ¿Cómo solucionamos esto? Mi hija acaba de demostrar que has ejecutado un desfalco de mucho dinero en mi contra.

El rostro de Martínez se desfiguró por completo. La arrogancia se le evaporó del cuerpo, dejándolo pálido y tembloroso en su silla.

—Lo primero que vamos a hacer —continuó el halcón con un tono de voz gélido e inapelable— es que el abogado principal de la corporación redactará en este mismo instante un documento de traspaso legal.

Absolutamente todos tus bienes personales y los de tu familia directa van a volver a mi poder como indemnización inmediata.

Después de que confisquemos todo, el saldo que quede pendiente me lo vas a tener que pagar centavo a centavo.

Así que quiero una nómina detallada de todas las propiedades, vehículos y cuentas que posees ahora mismo. Escríbela.

El hombre, viéndose acorralado, descubierto y destruido por el análisis de una adolescente de quince años, tomó una hoja de papel con manos temblorosas.

Comenzó a redactar el listado completo de cada una de las propiedades que poseía en la ciudad, bienes que habían sido adquiridos con el dinero robado de la empresa.