CAPÍTULO 10 Los hilos del destino
—Me da unos minutos, por favor —le dijo Elena a la mujer que la llamaba desde la clínica, intentando mantener la calma a pesar de que el corazón le latía con fuerza en el pecho—.
Mi madre en este momento la tiene mi hermana.
Permítame coordinar con ella para que se dirijan de inmediato al centro médico.
—Por supuesto —le respondió la voz al otro lado de la línea—. La llamaré en unos minutos para que me dé su respuesta definitiva y confirmar el ingreso.
Al colgar el teléfono, Elena miró al ejecutivo que continuaba esperando pacientemente en su sala de estar. Con educación, le pidió unos minutos para resolver la emergencia familiar. El hombre asintió con una leve sonrisa profesional.
—No se preocupe, señora Elena. Yo espero el tiempo que sea necesario.
Elena marcó el número de su hermana con las manos temblorosas. En cuanto ella atendió, Elena le soltó la noticia de golpe, con un nudo en la garganta por la emoción. Su hermana, al escuchar que la operación de su madre por fin era una realidad y completamente gratis, no pudo contener la alegría.
—¡No te preocupes por nada, Elena! —le dijo con firmeza—. Yo misma me encargo de preparar las cosas de mamá y la llevo a la clínica ahora mismo. Tú quédate tranquila.
—Hermana... también quiero contarte que justo en este momento tengo a un hombre en mi casa. Me están ofreciendo un trabajo muy grande para cocinar —confesó Elena en voz baja, mirando de reojo hacia la sala—. Así que yo creo que llegaré más tarde a la clínica para acompañarlas.
—¡Pero qué bendición, Elena! No te preocupes por nosotras. Ve y arregla ese trabajo. La recuperación de mamá se quedará conmigo en mi casa el tiempo que sea necesario para que tú puedas trabajar tranquila y levantar tu hogar. Te lo mereces.
—Gracias, hermana. Muchas gracias —susurró Elena, sintiendo que un peso gigantesco comenzaba a levantarse de sus hombros.
Al colgar, Elena respiró hondo. Caminó de regreso a la sala, donde el ejecutivo la esperaba de pie. La mirada opaca y cansada de Elena experimentó un sutil cambio; una chispa de la mujer decidida y fuerte que llevaba dentro volvió a encenderse.
—Bueno, mire —le dijo Elena al hombre de traje, plantándose frente a él con dignidad—.
Ya que Dios me está bendiciendo de esta manera, no voy a desaprovechar esta gran oportunidad.
Mi madre hoy será hospitalizada, así que tengo toda la mañana libre.
Pero tengo una contrapropuesta: si ustedes en su empresa tienen la implementación y las cocinas industriales adecuadas, yo puedo presentarme directamente allá y cocinar en sus instalaciones.
De esa forma, no habrá ningún inconveniente logístico en mi casa, no tendré problemas de almacenamiento y su personal no tendrá que estar trasladando los alimentos en camiones todos los días.
Así también, ustedes me pueden facilitar directamente allá la información que requiero sobre las alergias del personal y los menús de los ejecutivos. ¿Les parece?
El ejecutivo de Alessandro parró, completamente sorprendido por la astucia y la resolución de la mujer. No esperaba que ella cambiara las reglas del juego de esa manera.
—Es una excelente propuesta, señora Elena... pero tendré que llamar al dueño para consultarlo personalmente. Deme unos minutos, por favor.
El hombre salió al porche de la casa, sacó su teléfono celular y marcó el número privado de Alessandro. En la oficina corporativa, el halcón atendió de inmediato.
—Señor, estoy con la señora Elena —informó el ejecutivo con voz sumisa—.
Ella acepta el trabajo, pero ha puesto una condición inteligente.
No quiere cocinar en su casa. Propone trasladarse a las cocinas principales de nuestra empresa para trabajar con nuestra implementación y tener acceso directo a las listas de personal. ¿Qué hacemos?
En su oficina, Alessandro se quedó en silencio un segundo.
Una sonrisa lobuna, cargada de una profunda satisfacción, se dibujó en sus labios perfectos y fríos.
No había contemplado esa opción en su plan inicial, pero los hilos del destino se estaban moviendo a su favor con una perfección quirúrgica.
Tenerla en su propio edificio, bajo su mismo techo, cocinando el menú especial que él mismo comería todos los días... era una oportunidad demasiado perfecta.
—Acepta —ordered Alessandro con su voz gruesa y dominante—. Que firme el contrato de inmediato. Trae a Elena a la empresa hoy mismo. Quiero que empiece a conocer su cocina ahora mismo.