El amuleto del nigromante (El Amuleto 1) CAPÍTULO 25 #5
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CAPÍTULO 25 #5

—Si me alimento de ti esta noche, cruzaremos una línea sin retorno —continuó Athan, devorando cada facción del rostro de ella—.

Una pequeña parte de mi sangre todavía permanece en tu organismo, puedo sentirla…

sería como forjar un vínculo definitivo.

Querré hacerte mía en todos los sentidos posibles, porque mi instinto ya ha decidido que me perteneces.

Soltó la mano de ella casi con brusquedad, como si la cercanía lo estuviera quemando por dentro.

—Y si hago esto —su voz descendió una octava, cargada de una amenaza oscura y posesiva—, no seré mucho mejor que ese sucio nigromante. Querré retenerte a mi lado aunque tenga que destruir al mundo entero para conseguirlo.

Evie sostuvo su mirada, perdiéndose en ese amarillo demoníaco, sin un ápice de miedo. Las palabras de Athan encendieron una chispa de fuego en lo más profundo de su ser.

—Tal vez tu instinto no esté tan equivocado después de todo, Athan —susurró ella.

Él entreabrió los labios, mirándola incrédulo, como si el viento le hubiera robado el aliento o no pudiera procesar lo que acababa de escuchar.

—Tal vez mi corazón también late por ti —continuó Evie, dando el último paso que los separaba, rozando su cuerpo con el de él—.

Drake impuso su presencia y su amor a la fuerza en mi mente, impidiéndome pensar en nadie más.

Pero ahora estoy aquí, Athan. Soy libre.

Mi mente también es libre de desear lo que quiera.

Y ahora mismo, lo que desea es que te alimentes de mí y me hagas tuya en este suelo de piedra, sobre las columnas o donde demonios te dé la gana.

Sin romper el contacto visual, Evie levantó las manos.

Con una apartó lentamente el cabello de su hombro, dejando completamente expuesta la suave y pálida piel de su cuello.

Con la otra, se aferró a la nuca de Athan, enredando los dedos en su pelo alborotado por el viento.

Y con una determinación que terminó de destrozar las barreras de Athan, tiró de él, empujando su boca directamente contra su garganta.

El aire en la azotea pareció detenerse, paralizado por la audacia de Evie y la desesperación de Athan. Una exhalación temblorosa escapó de los labios de él. Ya no había vuelta atrás. La necesidad biológica y el deseo se fundieron en un instinto que devoró su último vestigio de control.

— Gamoto … Niní —un gruñido ronco y salvaje rasgó la garganta de Athan, marcando el colapso absoluto de su cordura—. Vas a ser mi perdición.

Con un movimiento tan rápido que Evie apenas pudo reaccionar, Athan cruzó la distancia y la levantó en vilo.

Con una fuerza brutal y posesiva, la sentó de golpe sobre la áspera piedra de las almenas, dejándola de espaldas al vacío y al viento huracanado.

Por puro instinto, ella enredó las piernas alrededor de su cintura, atrayéndolo hacia sí con desesperación.

Una de las fuertes manos de Athan se hundió en su pelo, tirando de su cabeza hacia atrás para exponer por completo su garganta, mientras la otra se aferraba a su muslo, manteniéndola estrechamente pegada a él.

Pasó su nariz por la columna de su cuello con lentitud, inhalando suavemente, deleitándose con el pulso desbocado que latía bajo su piel.

—¿Tienes idea de lo que tu olor me hace cada vez que te tengo cerca, maldita chiquilla loca? Mi sangre se ha fusionado con la tuya. Hueles a pura tentación. Hueles a mía.

Evie soltó un jadeo entrecortado, ardiendo de pura expectación. Sintió cómo el aliento de Athan se calentaba contra su piel por un segundo, antes de que sus colmillos, afilados y letales, se hundieran profundamente en su carne.

El dolor inicial fue un relámpago agudo y ardiente que le atravesó la columna, pero desapareció al instante, reemplazado por la toxina dulce y anestésica de su mordida.

Sin embargo, esta vez fue diferente. Al primer trago, la sangre Betancourt de Evie reaccionó de inmediato.

Su magia, vibrante y oscura, chocó contra la naturaleza de Athan como una droga afrodisíaca.

El efecto fue inmediato y devastador para ambos.

Evie sintió cómo una ola de calor abrasador estallaba en su interior, irradiando desde el punto del mordisco hacia todo su cuerpo.

No era solo el placer físico de sentir a Athan alimentándose de ella; era su propia magia potenciada por la intimidad sagrada del acto, llevando cada terminación nerviosa al límite exacto entre el placer y la agonía.

Athan emitió un gruñido ronco, animal, directamente contra su cuello.

El sabor de su sangre no solo lo alimentó; lo devolvió a la vida con una fuerza que lo volvió loco de deseo.

Su cuerpo reaccionó de forma instintiva, casi primitiva.

Evie, con las piernas aún entrelazadas a su cintura, pudo sentir a través de la fina tela de su ropa la erección de Athan, dura y exigente, presionando directamente contra ella.

Sin dejar de beber con desesperación, Athan comenzó a moverse. El empuje rítmico, obsceno y salvaje de sus caderas buscando la fricción exacta, sumado a la brutal succión en su cuello, creó un torbellino de sensaciones que estuvo a punto de destrozarle la cordura.

—Athan… —susurró Evie. Su voz fue un gemido quebrado, un ruego desgarrado entre el placer y el dolor. Sus manos volaron a la espalda de él, aferrándose a su camisa con fuerza, clavándole las uñas mientras arqueaba el cuerpo hacia el suyo, buscando más, necesitando más.

Una vibración oscura y gutural ronroneó contra la garganta de Evie. Él no separó los colmillos de su carne ni un milímetro; en su lugar, hundió la boca con más fuerza, bebiendo de ella con una voracidad que la hizo sollozar.

La mano con la que Athan aferraba su muslo subió lentamente.

Deslizó la mano bajo la cinturilla de sus pantalones, apartando la tela de un tirón rudo y posesivo para adueñarse de su intimidad.

Un gruñido sordo, cargado de pura satisfacción, vibró en el pecho de Athan cuando sus dedos largos y fríos la encontraron resbaladiza, empapada y ardiendo por él.

Su pulgar empezó a acariciar su clítoris con un ritmo enloquecedoramente lento y pausado, sincronizado con cada succión de su boca.

—Tan jodidamente húmeda para mí, Niní —gruñó Athan separando apenas los colmillos.

Hundió un dedo profundamente en su interior con un empuje brutal, estirándola, reclamando cada milímetro de su calor, al tiempo que volvió a clavar sus colmillos con fuerza haciéndola gritar de puro éxtasis.

Mientras su pulgar seguía rozando su clítoris al ritmo de sus colmillos sobre su cuello, presionando sin piedad.

Evie se quedó sin aire. El contraste era demencial: el dolor dulce y la succión letal en su cuello, combinados con el ritmo salvaje y obsceno de los dedos de Athan destrozaron sus últimas defensas.

—A-Athan… por favor… —jadeó, perdiendo por completo el control, clavando las uñas en su espalda mientras se retorcía contra su mano.

Él gruñó de nuevo contra su piel, chupando fuertemente, tragando su deliciosa sangre al mismo tiempo que hundía un segundo dedo en ella.

Comenzó a bombear con una rapidez despiadada, frotando su pulgar exactamente donde la volvía loca.

La magia estalló en las venas de Evie, fundiéndose con la poca sangre de Athan que todavía quedaba en su cuerpo y elevando cada sensación hasta rozar la agonía.

A través de ese nuevo vínculo, podía percibir el placer arrollador que él experimentaba al saborearla, cómo la fuerza regresaba a sus músculos y la brutal intensidad de su excitación.

El mundo entero desapareció a su alrededor; solo existía él, solo el asedio feroz de su boca, sus dedos implacables y un deseo abrumador.

Un punto de no retorno se quebró en su interior y Evie se hizo añicos en sus brazos.

Un orgasmo apoteósico, como nada que hubiera experimentado jamás, estalló en su interior.

Evie se corrió con un grito que ahogó contra su propia mano, temblando violentamente entre sus brazos.

Sus paredes se contrajeron en espasmos descontrolados alrededor de los dedos de Athan, que seguía devorándola hasta la última gota, sosteniéndola en el aire solo con su fuerza bruta.

Él sintió el clímax de Evie estallar a través de su sangre, un sabor a pura energía que lo llenó de un poder absoluto y embriagador.

Lentamente, separó sus labios de la garganta de ella, pero no se alejó.

Su lengua trazó una línea húmeda sobre las dos marcas sangrientas, sellando la herida con un mimo que contrastaba con la brutalidad de los segundos anteriores.

Sin romper el contacto visual, Athan retiró despacio la mano de la intimidad de Evie.

Ella lo observó, con la respiración entrecortada, mientras él llevaba esos mismos dedos hasta su boca.

Con los ojos fijos en los de ella, los saboreó despacio, cerrando los párpados un instante, en un acto de devoción tan sucio como reverencial.