El amuleto del nigromante (El Amuleto 1) CAPÍTULO 24 #4
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CAPÍTULO 24 #4

—Tú no podrías ser malvada. La oscuridad no siempre es maldad, Niní.

—Se inclinó un poco más hacia ella, bajando aún más la voz—.

Drake sí. Él es el caos. Su ambición es una tormenta hambrienta que lo destruye todo para alimentarse.

Y su padre era todavía peor. Estaba tan obsesionado con alcanzar la inmortalidad a cualquier precio que me encadenaba para exprimir cada gota de mi poder.

Drenaba mi sangre sin descanso para potenciar su propia magia.

Hubo incontables ocasiones en las que me dejó casi desangrado, retorciéndome de hambre en la oscuridad, ciego por su maldita necesidad de ser más poderoso.

Pero tú eres distinta. Tú no usas tu magia para someter y doblegar.

Tú la usas para ayudar y para defenderte a ti y a los tuyos.

Tú eres luz, y esa luz que hay en ti siempre iluminará tu propia oscuridad.

Cogió el pequeño frasco de cristal y lo abrió. Olía a algo fuerte y amargo, como a bosque cerrado y savia de pino, mezclado con unas hierbas picantes que ella fue incapaz de identificar.

—Dame tus manos. Te las despellejaste al caer de rodillas en el patio.

Dudó un segundo antes de extender los brazos, pero él le tomó los dedos con una delicadeza que resultaba casi extraña para alguien con su fuerza letal.

Su piel estaba fría al principio, pero el ungüento que comenzó a extender sobre sus rasguños desprendía un calor reconfortante.

El contraste era eléctrico. Observó cómo bajaba la vista, concentrado en curar sus heridas como si ella estuviera hecha de cristal y fuera lo más delicado y valioso que hubiera tenido alguna vez entre sus manos.

—Athan… —murmuró ella, con la respiración entrecortada por la cercanía.

—¿Mmm? —respondió él, sin dejar de acariciar con los pulgares el dorso de sus manos.

—¿Crees que de verdad tenemos alguna oportunidad cuando Drake venga a atacarnos?

Él tiene a Helena y a todo su aquelarre.

Ella es una bruja muy poderosa también, tienen años de experiencia usando su magia.

Y yo, bueno, yo solo tengo una magia que no controlo y un pájaro que debe andar volando por ahí como un zombi.

Él detuvo el masaje. Levantó la vista lentamente, atrapándola en una red de azul intenso de la que era imposible escapar.

—Ese pájaro no era un zombi, Niní. Eso es lo más increíble, lo trajiste intacto —la corrigió con suavidad antes de endurecer el tono—.

Tú tienes algo que él jamás entenderá. Nunca, jamás en todos mis años de vida, he escuchado de ningún nigromante que haya sido capaz de cruzar el Velo.

La mayoría tan solo han tenido la suerte de soñar con ello, y los pocos valientes que lo han intentado han acabado muertos.

Tú tienes un poder que ellos ni siquiera llegan a imaginar, tienes a Shiloan y a tu tío, y también me tienes a mí.

Drake podrá dominarme con su maldito amuleto, pero tú siempre tendrás mi lealtad.

Si viene a por ti, lucharemos juntos. Pero te doy mi palabra de que, antes de dejar que Drake te ponga una sola mano encima de nuevo, le arrancaré el corazón del pecho, aunque para eso tenga que arrancarme el mío propio.

Sintió una punzada tan fuerte en el pecho que le cortó la respiración.

La intensidad febril en los ojos de él la desarmó por completo.

Sin pensarlo, giró las muñecas y entrelazó sus dedos cálidos con los de él, aferrándose a sus manos frías, que extrañamente parecían calentarse cada vez que ella las tocaba.

Athan se quedó de piedra. Miró sus manos unidas y todo su cuerpo se tensó con fuerza.

—No quiero que te arranques el corazón —susurró ella, salvando los escasos centímetros que los separaban—. Creo que lo necesito justo donde está.

Él alzó el rostro de golpe. El aire de la habitación se volvió insoportablemente pesado, cargado de electricidad y de una necesidad cruda. Sus ojos bajaron instintivamente hacia los labios entreabiertos de Evie. Se inclinó hacia delante, apenas un milímetro.

Ella contuvo el aliento, esperando. Lo deseaba con cada célula de su cuerpo.

Pero entonces, él cerró los ojos con fuerza. Tragó saliva de forma visible, librando una guerra salvaje contra sus propios instintos, y se obligó a retroceder. Soltó sus manos con suavidad y se puso en pie de inmediato.

—Come algo, necesitas recuperarte —ordenó con la voz ronca, dándole la espalda antes de perder el control definitivamente.

—Tú también necesitarás alimentarte —rebatió ella con suavidad, con la voz aún temblorosa por la cercanía—. Si te debilitas, Drake volverá a tomar el control de tu mente.

Él se detuvo un instante en el umbral, dándole la espalda.

—Shiloan ya se ha encargado de eso —respondió, con un tono bajo que no admitía réplica—. Descansa. Mañana el entrenamiento volverá a ser duro.

Lo observó mientras salía y cerraba la puerta tras de sí.

El vacío que dejó en la habitación fue abrumador, y una innegable punzada de decepción le pinchó el pecho al verle marchar.

Sin embargo, debajo de esa frustración por el rechazo físico, una extraña sensación de seguridad empezaba a echar raíces.

Estaban atrapados en el centro de una guerra despiadada, sí.

Pero ahora sabía con absoluta certeza que no tendría que luchar en ella sola.