CAPÍTULO 19 #6
Aquello era… diferente a todo. Quemaba mil veces más que la de Shiloan; era ácido puro abrasándole la lengua, fuego líquido salido directamente del infierno.
Pero, al mismo tiempo, escondía un trasfondo de dulzura adictiva, una ambrosía embriagadora y ancestral que eclipsaba cualquier dolor.
Era un veneno exquisito que su cuerpo no rechazó, sino que absorbió con una avidez desesperada, reclamándolo como propio.
Tragó esa simple gota y sintió una explosión de poder puro, antiguo, una energía que lo hizo sentirse más fuerte de lo que se había sentido en siglos.
Su instinto depredador venció a la razón y dio un sorbo desesperado a la sangre que se había acumulado en la palma de Evie.
Athan clavó la vista en ella y sus ojos se abrieron de par en par. La heterocromía de Evie había desaparecido; ahora sus ojos eran tan negros como la noche más oscura. Aquello confirmaba la imposible verdad que estaba probando en su sangre: esa chiquilla loca era una nigromante de sangre pura.
Con apenas un sorbo, la voz de Drake desapareció de su mente.
Ya no sentía la presión de su magia aplastándole la voluntad.
Succionó un poco más, sintiendo cómo el poder ancestral corría por sus venas muertas, pero se detuvo en seco al escucharla sisear de dolor.
Había soñado tantas veces con probar su sangre, pero no así. No con ella sufriendo.
Los ojos de Athan refulgieron en un amarillo vibrante y depredador.
Sus músculos recuperaron la firmeza en segundos, su piel dejó de ser blanquecina y acartonada, y se volvió tersa y sana de nuevo.
Geo observaba atónito junto a Evie. No daba crédito a lo que veían sus propios ojos.
Un solo sorbo de aquella humana y Athan parecía haber resucitado.
Ella volvió a acercarle la mano y él tomó un par de tragos más, rompiendo los gruesos eslabones de acero de la pared como si fueran de papel. Estaba hambriento, pero se obligó a detenerse en cuanto vio que Evie palidecía y las piernas le fallaban.
Se arrodilló junto a ella, sujetándola. Al mirarlo, ella vio que sus ojos habían vuelto a ser de aquel deslumbrante azul cielo. Su apuesto salvador del pañuelo estaba de vuelta.
—¿Por qué has hecho esto por mí, mujer? ¿Acaso te has vuelto loca? ¿Podría haberte matado?
—Yo… yo no podía soportar quedarme mirando cómo te consumías por mi culpa…
Por favor, llévame con Drake. Si él está haciendo todo esto por encontrarme, será la única forma de que pare —balbuceó.
¿Acaso no debería odiarlo por haberla secuestrado?
Y, sin embargo, sentía que su cuerpo se derretía mientras él la sostenía en brazos.
El pecho de Athan vibró con un gruñido sordo ante la sola mención de aquel nombre. Sus brazos se apretaron instintivamente a su alrededor, sosteniendo su peso a medida que las fuerzas la abandonaban.
—No pienso volver a llevarte con ese nigromante jamás. Aunque tenga que perder cada gota de mi sangre —sentenció.
Sus ojos buscaron a los guardias que aguardaban en el exterior de la celda, expectantes.
—Sujetadla —ordenó con firmeza.
Antes de que Evie pudiera siquiera retroceder, los vampiros la apresaron por los brazos. Ella se removió por puro instinto, pero Athan se plantó frente a ella, alzando una mano hacia su rostro.
—Tú me has salvado —dijo, y su voz sonó casi como un ronroneo grave—. Creo que es justo que yo te devuelva el favor.
—¡¿Qué?! —gritó, tratando de zafarse de los guardias presa del pánico al ver que los ojos de Athan habían vuelto a su forma vampírica.
Sin dejar de mirarla se hizo un corte profundo en su propia muñeca con sus colmillos y la colocó con fuerza contra los labios de Evie. Ella apretó los dientes, resistiéndose, pero él le tapó la nariz y la obligó a tragar el espeso y metálico líquido en contra de su voluntad.
—¡No, Athan, detente! ¡Estás demasiado débil, no podrás resistir la conexión! —gritó Geo, aterrado.
Athan le hizo un gesto tajante para que callara.
No estaba dispuesto a escuchar a nadie. Era la primera vez en toda su existencia que se sentía consumido por un deseo tan salvaje.
En cuanto notó los labios de Evie sobre su piel, probando su sangre, su instinto animal rugió, exigiéndole reclamarla allí mismo, marcarla como suya delante de todos.
Pero no lo haría mientras ella siguiera manipulada por la magia de ese desgraciado.
Podía olerla en ella, podía notar que la sangre del nigromante todavía circulaba por sus venas por culpa de aquel maldito brebaje que había preparado.
Tenía que ayudarla a ser libre mientras estuviera lúcido.
—Mi sangre lo hizo, y mi sangre lo deshará —le susurró Athan, mirándola fijamente a los ojos mientras la obligaba a tragar.
Evie tosió, ahogándose, tratando de escupir su sangre. Pero era tarde, ya había tragado una parte de ella.
—¡Hijo de puta! —logró gritar, con los labios manchados de rojo—. ¡¿Acabo de salvarte y así me lo pagas?! ¡¿Vas a convertirme para vengarte?! ¡De eso se trataba todo este tiempo! ¡Querías convertirme para vengarte de él! ¡Pero Drake vendrá a matarte de todos modos!
Se sintió desfallecer de golpe. La celda comenzó a dar vueltas en una espiral borrosa.
—Ojalá venga a matarte, y yo pueda presenciarlo, cabrón desagradecido… —susurró, justo antes de perder el conocimiento, cayendo pesadamente en sus brazos.