El amuleto del nigromante (El Amuleto 1) CAPÍTULO 11 #3
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CAPÍTULO 11 #3

Él, por su parte, apenas se atrevía a mirarla.

Temía haberla presionado demasiado, pero necesitaba asegurar su futuro juntos.

Ella era su única ancla a la humanidad después de lo que había experimentado la noche anterior.

Tenía que aferrarse a ella, a su luz, con la esperanza de que aplacara aquella oscuridad que lo invadía poco a poco por dentro.

Aquel sábado, La Nuit estaba a reventar por una fiesta promocional de Jack Daniel's.

Cuando ellos llegaron, Marian y David estaban con Michaël y sus amigos.

Evie temía la reacción de Drake, pero, para su sorpresa, Michaël se mostró de lo más amistoso, y la tensión pareció disiparse rápidamente.

Parecía que había decidido por fin enterrar el hacha de guerra con tal de volver a recuperar su amistad con David.

A Drake, sin embargo, le hervía la sangre al ver cómo aquel imbécil seguía recorriendo el cuerpo de su novia con la mirada sin ningún tipo de reparo.

Evie no estaba nada acostumbrada a beber, y al tercer chupito ya bailaba desinhibida con Marian en medio de la pista.

Quería olvidar los dramas de los últimos días.

Todavía tenía demasiado reciente la pelea con su tío y, por si fuera poco, se le sumaba la agobiante tarde que había pasado en la mansión Andreatos.

Drake, todavía sobrio y completamente amargado, observaba furioso cómo las miradas de los hombres del local se clavaban en su novia.

La rabia, el estrés y el trauma de la noche anterior lo estaban consumiendo por dentro.

Cuando no pudo soportarlo más, se abrió paso entre la gente y la agarró firmemente por el brazo.

—Creo que ya te has divertido bastante por esta noche. Nos vamos —le ordenó fríamente.

—No. Todavía no he empezado siquiera. Déjame disfrutar y no seas neandertal, por favor. —Se zafó de su agarre de un tirón.

—He dicho que nos vamos —siseó él en su oído.

—Y yo he dicho que no —le desafió ella, mirándole fijamente. Estaba harta. Harta de aquella comida asfixiante que había tenido en casa de su abuela, de la estúpida propuesta de matrimonio y de sus celos enfermizos.

—Vamos, tranquilo, solo nos estamos divirtiendo —intentó mediar Marian. Pero él giró la cabeza lentamente hacia ella y la fulminó con una mirada tan cargada de furia que ella dio un paso atrás.

—Está bien, simplemente estoy cansado, nena. ¿Nos vamos, por favor? —trató de sonar un poco más amable, tendiéndole una mano y forzando la suavidad en su voz.

Pero ella lo miró con una sonrisa desafiante y negó con la cabeza.

—Yo me quedo, Marian y David me acercarán a casa más tarde. La noche acaba de empezar y quiero divertirme.

—Vale. ¡Haz lo que te dé la puta gana! —escupió él, mirándola todavía más furioso que antes. Se dio media vuelta y desapareció entre la multitud sin mirar atrás.

Por un segundo, Evie sintió una punzada de remordimiento. Hizo un amago de ir tras él para detenerlo, pero ya se había perdido entre la marea de gente.

—¿Lo ves? Ya te dije que ese tío no es de fiar. ¿Es que no os dais cuenta? Es un celoso y un posesivo de mierda con ella —le dijo Michaël a David, que observaba la escena con cara de pocos amigos.

No era la primera vez que David veía a Drake mostrarse tan controlador con Evie, y aquello ya no le gustaba nada.

Se habían convertido en grandes amigos, pero su percepción sobre él estaba cambiando drásticamente, sobre todo después de haberle visto casi estrangular a Julien en la universidad por un simple trabajo de clase que tenía que hacer con ella.

—Vamos, tío, no me jodas que vas a empezar otra vez. Creía que ya pasabas del tema —le espetó David, cansado también de los celos de su amigo hacia Drake. Empezaba a estar muy harto de quedar siempre atrapado en medio de los dos.

—Mira, David, ya te dije que este tío está loco. Tú no lo viste el día que me atacó fuera del pub, no viste sus ojos ni su cara. De lo contrario, ahora mismo no estaríamos discutiendo esto. Te digo que ese tipo está mal de la puta cabeza… y pienso demostrároslo.

Estaba tan furioso que se dio media vuelta y se marchó hacia la salida sin despedirse siquiera de sus amigos.

Evie apenas le prestó atención al verlo pasar por su lado.

De repente, la música, el alcohol y la punzada de culpa que le oprimía el estómago eran demasiada carga.

Necesitaba aire. Cuando hizo el amago de salir, su amiga intentó acompañarla, pero ella la frenó suavemente.

Necesitaba estar sola unos minutos para procesar lo que acababa de hacer; le había provocado aposta, tensando la cuerda al máximo, y ahora el arrepentimiento empezaba a pasarle factura al recordar cómo se había marchado de furioso.

Estaba cansada de su control y enfadada, pero en el fondo no quería hacerle daño, solo quería que comprendiera que debía aflojar un poco su necesidad de acapararla constantemente y dictar cada uno de sus pasos.

El aire helado de la noche le refrescó la cara nada más cruzar la puerta, aliviando su mareo por los chupitos casi al instante.

Se sentó en el bordillo de la acera, frotándose los brazos por el frío.

El malestar físico se desvanecía rápidamente, pero la sensación de angustia y preocupación por cómo estaría Drake seguía latiendo en su pecho.

—¿Estás bien? —preguntó Michaël, apareciendo de pronto y sentándose a su lado mientras encendía un cigarro.

—Sí. Solo tomaba el aire.

—Yo también, el ambiente es demasiado agobiante ahí dentro hoy. ¿Sabes? Hace tiempo que quería hablar contigo, Evie. Sé que cuando nos conocimos pensabas que yo no iba en serio, pero me gustas. De verdad me gustas mucho. Y si me dieras una oportunidad…

—Michaël, ¿de qué hablas? —le interrumpió ella, mirándole con el ceño fruncido—. Estoy con Drake y lo sabes.

—Lo sé, pero eso podría cambiar si tú quisieras.

Sin previo aviso, él se inclinó y la besó.

Ella se quedó totalmente paralizada por la sorpresa, pero justo cuando levantó las manos para apartarlo, Michaël fue arrancado de su lado de un solo tirón.

Drake lo sostenía en vilo por el cuello de la camisa, jadeando, con el rostro tan desencajado por la ira que apenas parecía él mismo.

—¡Te dije que no te acercaras a ella, hijo de puta! —rugió, soltándole un brutal puñetazo en la cara que estrelló a Michaël directamente contra el suelo.

—¡Drake, por favor, déjalo! ¡No es lo que piensas! —gritó, horrorizada por la situación.

—¡¿Qué no es lo que pienso?! ¡Te dejo sola un minuto y a este cabrón le ha faltado tiempo para ponerte las manos encima! ¡Levántate, cerdo!

Michaël se levantó tambaleándose, escupiendo sangre, pero mirándolo desafiante con una sonrisa retorcida de dientes rojos.

—Sabía que nos estabas viendo. Sabía que si te provocaba un poco ibas a sacar tu verdadera cara, puto loco de mierda. Ahora por fin Evie sabe el tipo de calaña que eres.

Drake soltó un gruñido y se abalanzó sobre él.

Michaël logró esquivarlo y le devolvió el golpe, pero él se recuperó en milésimas de segundo.

Le conectó un gancho al estómago que le cortó la respiración, seguido de una patada directa al rostro que hizo que el cráneo de Michaël rebotara contra el asfalto.

—¡Drake, para ya! ¡Lo vas a matar! —gritaba ella, histérica, tratando de sujetarle del brazo.

Pero él ignoró sus súplicas. Se arrodilló sobre el pecho de Michaël y comenzó a golpearle la cara sin piedad.

Un puñetazo tras otro, con los nudillos destrozados, descargando toda la furia, el terror y la culpa que llevaba dentro.

Evie intentó tirar de él, pero la apartó dándole un violento empujón.

David, Marian y la seguridad del local salieron corriendo a intentar separarlos. Hicieron falta cuatro hombres para arrancarlo de encima del cuerpo inerte de Michaël.

—¡¿Te has vuelto loco, tío?! —le gritó David.

—¡Para que te quede claro que no tienes que tocar a mi novia! ¡Ella es mi mujer, mía! —le gritó, totalmente fuera de sí, forcejeando como un animal salvaje contra los hombres que lo sujetaban.

—¡Que alguien llame a una ambulancia! —lloraba desconsolada, arrodillada junto a Michaël —. ¡Vete a la mierda, Drake! ¡No quiero volver a verte en mi vida!

Por suerte para ella, la policía y la ambulancia no tardaron en aparecer para poner fin a aquella pesadilla.

Para sorpresa de todos, Drake se dejó esposar sin oponer la más mínima resistencia; estaba completamente hundido, atormentado por el terror que acababa de ver en los ojos de su chica al mirarlo.

A pocos metros, él solo pudo observar cómo su novia se subía a la ambulancia aferrada a la mano de Michaël, aplastada por un profundo sentimiento de culpa.

No pudo evitar pensar que ella no debería sentirse así; tendría que ser él.

Pero, en realidad, por más que escarbaba en su interior, no hallaba ni una sola pizca de arrepentimiento.

Volvería a hacerlo una y mil veces si volvía a encontrar a ese imbécil poniéndole las manos encima a su mujer.

Simplemente, la próxima vez se encargaría de que no hubiera testigos.

La tensión seguía presente en el aire del hospital, a pesar de que habían pasado varias horas desde la pelea.

Michaël estaba fuera de peligro, pero con la cara destrozada.

Béatrice Landry, que había movilizado todas sus influencias y empleado una sutil dosis de persuasión mágica sobre las autoridades para sacar a su hijo del calabozo en tiempo récord, esperaba en el pasillo junto a un Drake demacrado.

Cuando Evie salió de la habitación de Michaël, todavía secándose las lágrimas, él dio un paso desesperado hacia ella.

—Evie, por favor, escúchame un momento… —suplicó, tratando de acercarse—. Tú le escuchaste, el muy cabrón lo hizo a propósito. Sabía que yo estaba mirando… iba de camino a buscarte para pedirte perdón y ese cerdo se aprovechó de la situación, te lo juro.

Antes de que pudiera dar un paso más, Marian se interpuso entre ellos, cruzándose de brazos como un escudo humano.