CAPÍTULO 9 #5
—¿Para qué? —respondió levantándose de un salto—.
¿Para heredar una guerra enfermiza que no tiene nada que ver conmigo?
¡Me importa una mierda una venganza de hace siglos, abuela!
Por culpa de esa maldita obsesión por mantener a ese engendro esclavizado, mi padre está muerto.
¡El amuleto lo consumió a él y yo no pienso acabar igual!
—¡No fue el amuleto lo que mató a tu padre, Drake! —le interrumpió Helena, levantándose también y mirándolo con fiereza—. Fue su propia debilidad.
Se quedó paralizado, escuchándola.
—Alex era mi hijo y lo amaba, pero su magia simplemente no era lo bastante fuerte para soportar el inmenso poder que el amuleto exige para mantener a Athan sometido —continuó Helena, suavizando un poco la voz—.
El vampiro se ha vuelto más poderoso con el paso de los siglos y la magia de tu padre se agotó al intentar contenerlo.
Pero tú… tú eres diferente, mi vida. Tú sí tienes el poder suficiente.
Eres el Andreatos más fuerte que ha nacido en generaciones, más fuerte incluso que el propio Alexandros, estoy segura. Tú sí puedes soportarlo.
—¡Me da exactamente igual lo fuerte que sea!
—replicó él, sacudiendo la cabeza—. Voy a leer estos grimorios y buscaré la forma de destruir el amuleto para romper el maldito vínculo.
Y en cuanto lo logre, yo mismo lo mandaré al infierno.
No quiero ser el carcelero de nadie. No pienso poner en peligro a Evangeline atrayendo a ese psicópata hacia nosotros, y desde luego no quiero estar vinculado a ese asesino en absolutamente nada.
—¡No puedes, Drake! —gritó Helena, colérica—.
¡Si rompes el vínculo, él vendrá a torturarte, a vengarse por todos estos años!
Y luego matará a Evie solo para verte sufrir antes de acabar contigo.
Él odia a los brujos más que a los propios humanos, y a los Andreatos más que a nadie.
Si logra liberarse del amuleto y arrebatarle el trono a Ares, todo su ejército caerá sobre nosotros.
Son una aberración, auténticas bestias asesinas que no tienen piedad ni remordimientos.
Además… piénsalo, hijo. ¿Acaso no te ha gustado sentirte así de poderoso esta noche?
No sé lo que te ha pasado en la calle, pero estás aquí, sigues vivo, y eso es gracias a que estás vinculado a ese ser.
Su cuerpo es casi indestructible y se regenera rápido; mientras sigas unido a él, tu cuerpo también lo es.
—Tienes razón —admitió por fin—. Liberarlo sería darle carta blanca para asesinarnos. Me llevaré los grimorios. Necesito aprender todo lo posible sobre este maldito amuleto, necesito hacerme más fuerte por si algún día decide atacarnos.
—Tú ya eres el más poderoso de los Andreatos ahora, mi vida.
Solo tú podrás doblegar a Athan para siempre.
Tal vez incluso puedas lograr la inmortalidad que el primer Andreatos quiso alcanzar al crear el amuleto.
Podrías cruzar el velo, manejar a la muerte y las sombras a tu antojo…
No te imaginas el inmenso poder que ese amuleto te puede otorgar, Drake.
La magia que contiene en su interior es un catalizador, alimentará la tuya hasta donde ni te imaginas.
Cualquier hechizo, cualquier ritual, todo lo que desees.
Nada será imposible de lograr para ti, hijo, nada.
Dime, ¿has probado a darle alguna orden a Athan?
Él no puede desobedecerte, tiene que cumplir todo lo que le pida el portador del amuleto.
Imagina tener a un ser de semejante poder postrado a tus pies, podrías lograr todo lo que quisieras, ordenarle lo que desees y él obedecerá.
No pudo evitar recordar que cuando lo tenía sujeto por el cuello le ordenó que lo soltara y lo hizo inmediatamente. En ese momento pensó que tal vez había tenido miedo de su magia, pero ahora lo veía claro. Simplemente había obedecido una orden directa.
—Tengo que irme —masculló, agarrando los libros del escritorio—. Necesito darme una ducha y descansar. Esta noche ha sido una maldita locura. Me llevo los grimorios; tengo que averiguar más sobre todo esto y encontrar una solución. Te llamaré.
Le dio un beso rápido en la mejilla a su abuela y salió a la noche fría antes de que pudieran detenerlo.
Condujo de vuelta a su piso en un estado casi catatónico.
Su cabeza era un torbellino de magia, muerte y revelaciones.
Al llegar, vio varios mensajes de Evie en el móvil; le preguntaba si estaba bien y le decía lo preocupada que se sentía por él.
Con el corazón en un puño, le envió un escueto mensaje de respuesta:
Drake: Preciosa, tengo movida familiar con la abuela y me quedo a dormir en la mansión. Mañana te llamo. Te quiero
Prefería mentir para evitar que ella pudiera presentarse en su casa si notaba algo raro; no se encontraba con fuerzas para verla en ese estado.
Ya le había revelado su magia sin que se volviera loca, ¿qué iba a decirle ahora?
«Ah, por cierto, amor: este amuleto del que siempre te hablo resulta que en realidad tiene la vida de un vampiro unida a la mía, y el muy hijo de puta me odia a muerte» .
Se dio una larga ducha intentando limpiar la sangre y el horror de la noche de pesadilla que acababa de vivir. Preparó una jarra de café y se sentó en el sofá de su despacho a leer los grimorios.