El amuleto del nigromante (El Amuleto 1) CAPÍTULO 9 #4
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CAPÍTULO 9 #4

—Gracias a su magia oscura, pudieron comenzar a vencer a esas criaturas.

Creó un hechizo que los hacía salir a la luz del sol, donde eran más vulnerables y su ejército podía masacrarlos sin piedad.

Pero por cada uno que mataban, seis más aparecían; eran imparables.

Al contrario de lo que él pensaba, la guerra empeoró, porque no habían contado con un nuevo enemigo que se uniría a las filas de esos seres.

El rey Laertes tenía un hijo al que repudió…

Athan. En aquella época no era más que un joven resentido y sediento de poder, que lo único que ansiaba era el trono de su padre.

Athan traicionó a su propia especie y se alió con los líderes vampiros para que lo transformaran, sumándose así a ese ejército de monstruos, solo por venganza.

Helena apretó los puños, rememorando el dolor de la historia de su linaje.

—Ese maldito de Athan es el peor de todos esos chupasangres, él mismo acabó creyendo que era un auténtico vykrolakas , renegó de su propia humanidad y solo deseaba vengarse de Alexandros y Laertes por matar a los suyos.

Por eso secuestró a Elia, hijo. No fue un ataque aleatorio de esas bestias; Athan la convirtió en uno de ellos para destruir a nuestro antepasado.

La pobrecita enloqueció al verse transformada en lo que su padre más odiaba; se volvió tan sanguinaria que uno de sus líderes, Ares Vykros, tuvo que matarla para poder detenerla.

Al enterarse de la muerte de su hija, Alexandros enloqueció de dolor.

Drake frunció el ceño, intentando encajar en su cabeza las piezas de ese pasado tan retorcido.

—Te sorprendería saber las traiciones que cometieron los Vykros entre ellos —añadió Helena, con una mueca de desprecio—.

Athan es un ser sin honor ni lealtad, ni siquiera hacia su propia familia.

Pero Ares Vykros, temiendo que la furia del nigromante los exterminara a todos, le ofreció un trato a Alexandros.

Aprovechando el caos en el que se había convertido esa guerra, dejó que ejecutaran a su propio hermano en la plaza pública reduciéndolo a cenizas bajo el sol, y nos entregó a Athan en bandeja de plata, convirtiéndose así en el líder de los vykrolakas .

Todo a cambio de que los Andreatos dejaran de cazarlos y le permitieran quedarse con el trono de la ciudad.

—Aiónia… suena a algo de cuento de hadas. ¿Esa ciudad existió de verdad, yiayia ?

—Esa ciudad sigue existiendo, hijo, escondida en las sombras durante siglos.

En aquel momento Ares dejó de ser tan solo un líder para convertirse en el único rey de los vykrolakas , y reina en ella desde entonces.

Por eso debemos mantener el pacto que Ares y Alexandros crearon hace siglos e impedir que Athan regrese allí, o el mundo estará perdido, sobre todo para nosotros.

—¿Y por qué Alexandros no acabó con él cuando ese tal Ares se lo entregó? Porque te aseguro que Athan sigue muy vivo.

—Él pensaba que acabar con su vida no le bastaría para pagar lo que había hecho.

Quería condenar su alma inmortal y hacerle sufrir eternamente por haberle arrebatado a su hija.

Como Alexandros sí era mortal, tuvo que usar magia de sangre para crear un hechizo tan poderoso como para doblegar la voluntad de un monstruo así.

Mezcló su sangre con la de Athan dentro de ese cristal y creó el amuleto.

Unió la vida del vampiro a la suya. El cristal quema a Athan y a cualquiera de su especie si lo toca, no pueden hacerse con él.

De este modo, logró también convertirlo en su esclavo, manteniéndolo encerrado y torturándolo.

Piénsalo, ¿qué podría humillar más a un hombre con esas ansias de poder que verse relegado a ser un simple esclavo?

Un ser sin voluntad propia, un perro que solo ladra cuando se lo ordenan.

Tenía que aprender por las malas que nunca debió meterse con un Andreatos y pensar que saldría ileso.

Pero mantener ese hechizo consumía la energía vital de Alexandros.

Él pensaba que uniendo sus vidas se convertiría también en inmortal, pero no fue así, algo falló en esa parte del hechizo.

Finalmente sabiendo que moriría, ató el amuleto a su linaje.

Se lo pasó a su hijo, y este al suyo… para que ese ser siguiera estando maldito durante toda la eternidad, para que nunca pudiera volver a ser libre y pagara su condena durante el resto de su existencia.

—Es una puta locura —soltó él de pronto, con una risa amarga y carente de humor—.

O sea, que Athan mató a la hija del primer Andreatos y por eso estoy encadenado a él.

Vale, hasta ahí podría incluso entenderlo; no sé cómo reaccionaría yo ante algo así, aunque está claro que a Alexandros se le fue muchísimo la olla con la venganza.

Pero… lo que no entiendo es por qué cojones está libre.

¡Si es un psicópata con fuerza sobrehumana!

¡Por qué no está encerrado en una celda profunda en lugar de pasearse por ahí como si nada!

—Con el paso de los siglos, Athan ha ido acumulando fuerza —explicó Helena con pesar—.

Cada vez requiere que el portador del amuleto emplee más magia negra para mantenerlo doblegado.

Tu padre lo tenía encerrado, pero cada vez necesitaba más y más magia y eso acabó consumiéndolo hasta que su cuerpo no pudo aguantar más.

El día que murió tu padre tú eras solo un niño; no tenías el poder para controlarlo, y Athan aprovechó esa debilidad y escapó.

—¡Entonces realmente me mentisteis! Sabíais que estaba allí.

—Era para protegerte, hijo. Athan odia a los Andreatos más que a cualquier otra cosa, si logra seguir haciéndose más fuerte, acabará viniendo a por nosotros. Pero ahora debes asumir tu destino. Tienes que volver a someterlo y hacerle pagar por todo el daño que nos ha hecho.

Se quedó callado. Sabía que su abuela tenía razón. Si liberaba a Athan, él se vengaría de su familia por todos los siglos de tortura, pero realmente aquello era algo que no lograba entender del todo, él no tenía por qué verse sumido en toda esa absurda guerra de sus antepasados.