El Amor y sus afluentes Capítulo V. — Universidad y conflictos.
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Capítulo V. — Universidad y conflictos.

Tras 15 días, él regresó a Valladolid con gratas sensaciones.

Retomó contacto de especial relevancia con Itxaso a través de compañeras de la universidad, en su Colegio Mayor.

Ella, estudiante de Derecho, de carácter fuerte y personalidad brillante.

Sus relaciones evolucionan entre la amistad, la cercanía y una complejidad emocional creciente.

Los años universitarios siguientes, estuvieron marcados por una intensa vida social, exploración personal y adaptación cultural.

Sin embargo, el último año de carrera se vio ensombrecido por un conflicto grave con un catedrático, que derivó en acoso académico.

El episodio puso a prueba su capacidad de tolerancia.

Ya pasando la época estival.

Todo empezó cuando a inicios del sexto curso; siendo uno más, de los 180 alumnos, y coincidiendo concretamente tras la presentación; es citado por el mismo catedrático a su despacho sin otra notificación.

Algo un tanto insólito por las formas.

Justo al salir del Aula Magna, para ir a la cita, ya en los pasillos entre cátedras se coloca un gorro tipo al que lleva el surrealista presidente Trump, de los EEUU de América.

Con prudencia y respeto debido, toca la puerta para ser recibido, y nada más entrar; sin mediar otras palabras que la dirigida como saludo.

El Sr. con gesto airado, de un manotazo le quita el gorro. Sin entender bien lo que ocurría y con mutismo absoluto, Ibai se retira del despacho ante la señal tan dramática; opta por engullir y silenciar la tragedia para procurar en lo venidero, evitar problemas mayores.

El curso, a partir de ahí, se convirtió en un verdadero acoso académico, tanto en las clases como durante los exámenes y en las reuniones públicas fuera del centro universitario.

Su respuesta fue silenciar para evitar mayor confrontación; sin aún encontrar una clara explicación de lo que acontecía.

Aquello que en el tiempo debería de atenuarse, seguiría creciendo más en plena dedicación al estudio del "Romanticismo Alemán" dedicado a Goethe; por lo que decide buscar ayuda, poniendo en conocimiento a una pareja de amigos Lolita y Roberto, de la situación.

Ellos, le tratan de reconfortar y a la vez transmitirle que por mediación de otras personas amigas e influyentes; entre los que se encontraba un cura de la Catedral, el padre Macario, que a su vez conocía al catedrático, actuase de intermediario; en vías de una solución al conflicto.

Resultó todo lo contrario, una actitud inaudita por parte del profesor sin salida inmediata; tocando no confrontar y aplicar la capacidad de fortaleza.

Ya en el final del año, sin mayores cambios de la situación, se presenta la oportunidad de “viaje de fin de carrera” organizado por la delegación del curso;

— con la desagradable noticia de que el mismo Catedrático fue elegido como profesor acompañante de un viaje iniciándose por el mediterráneo hasta Israel con distintas paradas en otros puertos marítimos.

Llegado el momento, en viaje colectivo desde Valladolid hasta Barcelona, aparentemente sin problemas.

Aun cuando con sensaciones internas de "mascar la tragedia", se llega a la ciudad Condal.

Una vez en el hotel de hospedaje y aliviado de cargas se reúne con otros compañeros en un espacio común; recibiendo al poco tiempo una invitación del susodicho profesor, para hablar personalmente en otra cafetería fuera del hotel.

A la que acudió con cierto optimismo.

Ocurrió lo contrario y recordando, que era el profesor encargado y no le agradaba su participación en el viaje.

No hubo otra alternativa, media vuelta al hotel; haciendo partícipe a los organizadores su retirada del viaje; con la idea de no crear mayores repercusiones en el grupo, — sin exigirles ninguna otra acción al respecto.

Solo la devolución de parte del dinero abonado, para organizar su retorno a Valladolid.

Una vez planteada la situación, le tocó escuchar lamentablemente la profecía de futuros profesionales en Ciencias de la Salud.

—"Lo sentimos, pero ten en cuenta que nos jugamos la carrera",

— "Claro, es el asignado como profesor del viaje", etc.

Los amaba, pero le hacían llorar cuando nadie le veía.

Preparó su equipaje y organizó su viaje de regreso en tren.

La profunda meditación sobre los hechos, le hizo más corta la vuelta.

Sin crispación retomó a su vida normal, con la sensación subjetiva de desprecio a lo que no comprendía.

Fue una gran verdad, que le hizo discernir de lo bueno y lo malo.

Durante un espacio de tiempo, echó en falta el afecto familiar y fraternal; de amigos de confianza buscando el consuelo; que no los encontraría en el momento oportuno, diluyendo todo en sus sueños.

El dilema; todo aquello, ensombrecía su final de carrera ante la idea de un examen de la única asignatura pendiente.

Su amiga Itxaso había terminado muy satisfactoriamente su último curso de derecho, le prestó apoyo mientras preparaba su vuelta a casa; hija única con domicilio en Irún, ciudad guipuzcoana colindante con Hendaya en el sur oeste de Francia.

Preparó con entereza la única asignatura pendiente sobre Goethe y el Romanticismo alemán.

Finalmente, tras recurrir a un tribunal, logró superar la asignatura pendiente y obtener el título de Licenciado en Medicina y Cirugía.

La satisfacción fue profunda, aunque contenida.

Este hito cerraba una etapa de seis años de algunas turbulencias en adaptación y decisiones con nuevas formas y connotaciones de vida.

Durante los últimos años de la carrera, pese a intentos sutiles de eludir una relación no consensuada ni con planes de futuro; y máxime, en momentos de recobrar el sentir vinculado a la familia y el activismo estudiantil del país con promesas por cumplir;

se plantea poner distancia de por medio en dicha relación, con el mínimo efecto colateral posible, resultando todo fallido.

Sintiéndose vagabundo, en un momento puntual, buscando besos en otras bocas y calor en otro lecho sin haber entrado el frío invierno.

Una tarde de aquel verano decidió acudir a un bar apartado del centro; un lugar tranquilo, de luces cálidas y música tenue, donde preparaban los cócteles con una exquisitez casi ceremonial.

Se sentó junto a la barra.

Cerca de él conversaban dos muchachas que, tras un saludo casual, terminaron compartiendo charla y risas con natural cercanía.

Las dos eran agradables, aunque con una de ellas surgió una complicidad distinta.

Se llamaba Gloriatxo y estudiaba enfermería.

Las horas transcurrieron ligeras, suspendidas en esa clase de felicidad pequeña que parece no anunciar consecuencias.

Cuando la noche se acercaba a las diez y las costumbres aún obligaban a regresar temprano, Ibai se ofreció a acompañarlas.

Aquella fue la primera de algunas caminatas cortas, creando sentimiento de cariños que iría in-crescendo; con espejismo desértico, tanto que por parte de ella, llegó a proponerle la posibilidad de escaparse a París y rehacer sus vidas…

No obstante, antes de precipitar cualquier decisión, Ibai explicó a Gloriatxo su intención de viajar a Irún y hablar con Itxaso con absoluta sinceridad.

No quería dejar tras de sí falsas esperanzas ni afectos sostenidos sobre equívocos.

El viaje en tren transcurrió bajo una silenciosa meditación.

Apenas el obligado trasbordo en la estación de Venta de Baños interrumpió aquella corriente de pensamientos que, por momentos, parecía avanzar más rápido que el propio convoy.

Conociendo a Itxaso, lo más difícil no era explicar la situación, sino encontrar la forma menos dolorosa de hacerlo.

Había reservado habitación en un pequeño hostal de la avenida principal, cerca de la plaza de España y del Casino.

Al llegar a la estación de Irún, divisó enseguida a Itxaso entre los viajeros.

Conservaba aquella alegría limpia que siempre la acompañaba. Sonreía con naturalidad mientras agitaba la mano para llamarlo.

Los abrazos y los besos de bienvenida aumentaron todavía más la inquietud interior de Ibai.

Durante el trayecto hacia el hostal ocurrió algo que él jamás habría imaginado.

Con absoluta naturalidad, Itxaso le confesó que ya había hablado de la relación con sus padres y que, después de comer, acudirían a la cafetería del Casino para conocerle personalmente.

Ibai apenas logró asentir.

Sintió cómo toda la estructura mental que había preparado durante el viaje se desmoronaba de golpe.

Pero aún faltaba lo más inesperado.

Ella comenzó a hablar de fechas de boda con una ilusión tan espontánea que a Ibai le resultó imposible encontrar una salida inmediata sin herirla profundamente.

Aquel instante le recordó unos versos del poeta panameño, Demetrio Korsi: — “Tú siempre dices que sí.”

Y comprendió, casi con amargura, cuánto puede pesar la pasividad cuando la vida exige decisiones imposibles.

El regreso a Valladolid tuvo una serenidad triste.

Al día siguiente llamó a Gloriatxo y le explicó todo cuanto había sucedido.

No hubo reproches.

Tampoco lágrimas.

Ninguno hizo preguntas innecesarias. Ambos aceptaron la complejidad de aquella realidad con un silencio lúcido, casi adulto, como si comprendieran que ciertas historias no terminan por falta de amor, sino por el peso inevitable de las circunstancias.

Su vida dio un giro decisivo al formalizar su relación con Itxaso, en un contexto precipitado y cargado de presión social.

Transcurrieron menos de seis semanas hasta la boda.

Ibai llegó a Irún algunos días antes de la ceremonia y se hospedó en casa de unos familiares de Itxaso, siguiendo las costumbres tradicionales que ambas familias consideraban apropiadas para aquel acontecimiento.

En los días previos comenzaron a circular comentarios extraños sobre llamadas telefónicas no identificadas dentro del entorno familiar, aunque nadie parecía comprender del todo su origen ni concederles demasiada importancia.

La boda se celebró en la Iglesia Parroquial de Santa María del Juncal, templo del siglo XVII donde conviven la sobriedad renacentista y ciertos rasgos góticos y barrocos que parecían suspendidos en la piedra húmeda de Irún.

Asistieron los familiares de Itxaso y algunos amigos de Ibai llegados desde Valladolid:

—Acacio, de la familia Villa del Olmo y el sacerdote Don Macario.

Ningún familiar directo de Ibai pudo acudir.

La precipitación de la fecha apenas había dejado margen para organizar el viaje.

Toda la celebración transcurrió entre una alegría serena y una sensación difícil de explicar, como si los acontecimientos avanzaran demasiado deprisa para ser plenamente comprendidos.

Aquella noche se hospedaron en el Hotel Jaizkibel, en Hondarribia. Después viajarán a Mallorca y, más adelante, a Panamá, adonde Ibai regresaría tras seis años de ausencia para reencontrarse con su familia y completar el internado de medicina comprometido por la beca de estudios.

El matrimonio marcó el cierre de una etapa y el inicio de otra. Fueron decisiones racionales frente a deseos.