Capítulo IV. — Europa y desarraigo. Amor altruista. Amar sin esperar dar sin medida, sanar en la entrega. #2
Ambos emprendieron el viaje en moto.
Por entonces, Pollos era una población muy reducida.
No dejaron de sorprenderse desde el momento de su llegada.
La noticia de la presencia de aquellos dos jóvenes se extendió rápidamente y, en poco tiempo, multitud de personas — por no decir prácticamente todo el pueblo — se acercaron movidas por la curiosidad de conocerles.
Al margen de la extrañeza que aquella inesperada visita pudo provocar entre los vecinos, lo cierto es que ambos lo pasaron muy bien y disfrutaron de la experiencia con buen humor y diversión.
Otra vivencia que, con el paso del tiempo, quedó incorporada al particular mosaico de recuerdos de Ibai.
Las relaciones afectivas que mantuvo, fueron numerosas pero contenidas.
Evitaba compromisos duraderos, no por frivolidad, sino por una mezcla de prudencia, timidez y conciencia de su situación personal; — llegando a conocer chicas diversas, destacando Lucía, Itxaso (Mar), Pili; cada una representando una forma distinta de correspondencia y aprendizaje.
Mayoritariamente dentro del círculo universitario.
De manera especial a Itxaso por mediación de unas compatriotas residentes en el Colegio Mayor de Montserrat en la capital.
Una de las cuales, familiar de un famoso púgil panameño, Isidro Martínez; fallecería año después en trágico accidente de coche, en viaje desde Madrid con otros dos compañeros que resultaron con serias heridas.
Quedando afligido por la tristeza.
Por aquellas fechas, fue propuesto junto a otro compañero portorriqueño, ocupar los puestos de Decanos de la primera Residencia Universitaria de Hispano-Americanos (RUHA) con el Dr. Pablo de Director y el padre D. J.M. Serrano como asesor general.
Fue otra experiencia gratificante, que sumaba.
En su tercer año, antes de entablar su mayor relación de amistad con Itxaso, se había planificado un viaje de visita sorpresa a la ama, con residencia en Nueva York.
Aquello supuso una verdadera odisea en el viaje.
Se encontró con que no tenía números telefónicos de contacto: — Luego de varias horas, llegó a la dirección que recordaba de su ama en Saint Marks de Brooklyn, — con el infortunio de que había cambiado de domicilio hacía pocas semanas.
La coincidencia de encontrar a vecinos próximos a ella, facilitaron su domicilio de entonces; pudiendo realizar el encuentro.
Me confiesa que no volvería a repetir otra hazaña parecida en su vida; — estremeciéndose nada más recordar las vicisitudes atravesadas desde su salida del aeropuerto de Madrid llegando a N.Y. en aproximadamente 8 horas;
— con otras siete horas perdido en la gran ciudad hasta llegar a contactar con la casa familiar.
Una vez salvados los escollos, la explosiva alegría de encuentro y descanso merecido con la añadida sorpresa de encontrar a su aita de visita en casa de la ama.
Días de reuniones, visitas a otros muchos parientes incluida su hermana “La China” Amalia, y las muy queridas primas y primos residentes en el estado, con quienes tuvo una experiencia imborrable.
Echaba en falta al hermano Montxo, internado en la Escuela Superior de Agronomía en Panamá, en aquellos tiempos.
Recorrer Manhattan, parte de Virginia, Washington visitando el Pentágono por la relación laboral del aita en el comando Sur la Zona del Canal de Panamá; New Jersey, Atlanta, Rochester hasta las cataratas de Niágara.
Momentos que hicieron olvidar el trasiego del viaje.
Sobre todo, permanecía vivo el recuerdo del día anterior a su regreso, marcado por una sorpresa idílica: — La visita de Patsy, quien lo invitó a casa.
Entrañable persona a la que no veía desde hacía tiempo.
Un encuentro inesperado, impensable y, desde luego, nada premeditado.
Durante un brindis de despedida, sin que ninguno pareciera anticiparlo, afloró una pasión largamente contenida entre dos seres unidos por una profunda empatía y, sin embargo, incomunicados durante años.
Ibai continuaba su relato: — Fue como despertar, inesperadamente, dentro de un sueño deseado y, silenciado por ambos.
Las miradas y los gestos involuntarios terminaron por borrar la distancia corporal.
Se encontraron apasionadamente en una inusitada búsqueda de placer sensual, acompañada de suspiros y quejidos de satisfacción.
Las manos recorrieron mutuamente sus cuerpos con la dedicación de un escultor que, modela y descubre su obra.
Entregados a aquel encuentro con el cuidado y la paciencia propios de un proceso de creación artística, fueron fraguando, lenta y progresivamente, una intimidad que halló refugio en sus silencios de paz.
Finalmente, exhaustos, cayó plácidamente en los brazos de Morfeo, entregado al sueño…
No hubo en el tiempo espacio para tomar en cuenta posibles consecuencias ligados al dolor, secretismos y aspectos emocionales de esa relación.
—Consentida y entre adultos.
—Donde Ibai posteriormente reconoció el concepto de "atracción sexual genética" o el efecto "Westermarck"; como la barrera psicológica natural que desactiva la atracción romántica o sexual entre parientes.
Ella vivió el proceso desde Nueva York … probablemente a su manera, siendo consciente y estando muy convencida de todo.