El amor y otras malas decisiones 26 Desde… ¿cero?
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26 Desde… ¿cero?

Una vez que salí del interrogatorio sin cargos en mi contra, mi hermana y yo nos fuimos a su casa. Como todo estaba aclarado y me llevó en moto, no hablamos mucho hasta llegar a su casa.

Todo estaba igual, pero era diferente a la última vez que vine: la decoración era la misma, las fotos y recuerdos de mi excuñada eran los mismos, incluso el olor de la casa también. Supongo que lo que notaba diferente era lo que todas esas cosas le hacían sentir a mi hermana.

Todavía no sabía cómo procesar esa sensación, así que recurrí a la vitrina que tiene en el salón, con cosas que le he regalado durante todos estos años, para sacar conversación. En ella hay un tarro con arena de playa que le traje de Ibiza, un camión de policía en miniatura que le regalé cuando quiso sacarse las oposiciones, un Funko Pop de nuestra serie favorita y un disco firmado de uno de sus grupos favoritos.

—Cuánto tiempo hace que no veía el disco de Maldita Nerea, me encanta —le dije mientras llevaba las maletas a la habitación de invitados.

—¿Verdad que está bonita esa vitrina? Ya sabes que siempre va a ser nuestro rincón. He comprado vino blanco, única y exclusivamente para ti.

¿Quieres una copita? —me preguntó desde la cocina.

—Hombre, si lo has comprado únicamente por mí… No pienso rechazarla.

Me sirvió la copa mientras ella tomaba una cerveza. Debió verme bastante analítica, observando todo lo que tenía alrededor; tanto es así que creo que, antes de que yo le sacara un tema que ella evitaba constantemente, empezó a centrarse en mí.

—Bueno, Sonia… Si has venido hasta aquí, es porque quieres escapar de una situación —sugirió audazmente—. Así que… ¿Ha pasado algo?

—La verdad es que he roto con Silvia y necesitaba unos días para despejar la mente. Además, nada más romper con ella, me comentó que el puesto en la empresa de su amiga era mío, si lo quería.

—¡Qué fuerte! ¡Pero ¿todo eso junto?!

—Pues sí… Todo junto. A ver, realmente la ruptura ya estaba asimilada antes de darse. Sabía que esto no iba a ningún lado; así que, si me estoy planteando lo del trabajo, no es por Silvia exactamente. Es más por salir de mi zona de confort. —Antes de que continuara hablando de mí, me adelanté

—: Y tú, ¿cómo llevas la ruptura?

—¿Yo? —me preguntó—. Bien.

—Tu casa dice lo contrario.

Hubo un silencio durante unos tres segundos, seguido de una sonrisa cómplice.

—No es el mejor momento de mi vida, pero estoy empezando a superarlo. No quiero quitar sus recuerdos de este piso, porque siento que es una parte de mi vida que quiero recordar. No sé si en unos meses seremos amigas o no nos hablaremos, pero quiero llegar al punto de mirar estas cosas sin que me duelan. Al contrario, espero que sean recuerdos buenos.

Como cuando miro nuestra vitrina, ¿sabes? Nostalgia y satisfacción a la vez. No sé si tiene sentido, pero para mí sí.

Definitivamente, mi hermana tenía claro lo que necesitaba acerca de su ruptura con África, y eso me hizo pensar que todavía no sabía lo que necesitaba yo.

Después de la conversación, empecé a deshacer la minimaleta que había traído. Mientras lo hacía, sentía un cosquilleo en el estómago constantemente: era mi cuerpo gritando que me sentara a aclarar las ideas.

Por suerte, antes de venir a Madrid, tuve la sesión que ya te comenté con mi psico. Me sugirió que, añadido a la lista de pros y contras, y solo si estaba preparada, podría empezar a resolver aquellos temas que tengo por esta ciudad.

Como no sé si estoy lista o no, he decidido sacar esta libreta y empezar a escribir todos esos asuntillos pendientes. Era eso o seguir teniendo ese cosquilleo; así que vamos allá:

1. Tengo que ser capaz de pasear a solas por Madrid y reconciliarme con mi ciudad natal. Sin este paso, todos los demás no tienen sentido.

2. Me gustaría retomar ciertos contactos desde cero. Espera, ¿se puede retomar algo desde cero? Soy de las personas que piensa que no, que hay que hacer algo importante o significativo para continuar un vínculo.

La verdad es que no se me ocurren muchos más puntos, aunque creo que con esto tengo suficiente. Como quiero empezar a sanar desde cero todo aquello que me produce estar en Madrid, voy a aprovechar que mi hermana trabaja en turno de tarde para iniciar mi recorrido favorito por la ciudad.

Cuando vuelva, te cuento.