El amor y otras malas decisiones 15 Quien tiene una hermana,
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15 Quien tiene una hermana,

tiene un tesoro

¡Es hoy! ¡Es hoy! Por fin mi hermana sale del clima seco y caluroso de Madrid para sumergirse en la humedad que proporciona el clima de Barcelona. La verdad es que, desde que me fui, nunca se ha dado la ocasión de que venga a verme porque siempre voy a verlos yo a ellos. Además, mi hermana Ana es una persona que vive muy ocupada, así que ya te puedes imaginar las ganas que tengo de pasar más de cinco horas seguidas con ella.

Tengo muchas ganas de presentarle a mis amigas, que vea la calle tan encantadora en la que vivo y que se enamore de las hamburguesas de König.

Ya sé lo que estás pensando… ¿Que si le voy a presentar a Silvia?

Verdaderamente, no tengo ni idea. Lo que sí deseo es hablarle de ella, por fin. Siempre me da muy buenos consejos y, además, tiene una visión muy abierta de la vida.

Verás, desde pequeñas hemos pensado diferente y sentido igual. Mi hermana es una persona muy ordenada, obediente y calmada. En cambio, yo soy puro desorden, rebeldía y nerviosismo. Nunca quería saltarse las clases conmigo en el cole y se sentía tan culpable cuando hacía una chuleta que ni siquiera la llegaba a sacar del estuche. Nos llevamos dos años y siempre hemos hecho un buen equipo porque, aunque éramos diferentes, tenemos una manera de sentir las cosas muy similar. Eso hace que seamos inseparables y que conectemos de una manera muy profunda, que solo nosotras podemos en tender.

Como en sábado los trenes funcionan algo peor, mientras espero a que mi hermana llegue a la estación de Sants, grabo esto. Estoy rememorando los miles de historias que tenemos juntas. Me muero por darle un abrazo y su café, que se me está enfriando.

¡Ah, creo que ya la veo! ¡Luego sigo!

***

¡Y ya estoy de vuelta! Te sigo contando, que me he quedado a medias.

A su llegada, Ana estaba desconcertada, aunque le encantó lo que vio.

Lo que no le gustó mucho es tener que coger un transbordo de metro para llegar a mi casa, aunque le dije que, en parte, esta era la magia de Barcelona. Nos dimos un abrazo gigante, como si no nos hubiéramos visto desde hace años; vamos, como nos pasa casi siempre. Me cogió de la cara y me empezó a avasallar a besos. Nos queremos mucho, ¿sabes?

Cuando llegamos a mi calle, me vio algo nerviosa. La verdad es que lo estaba y mucho, porque no quería que nos encontrásemos a Silvia y que notara algo raro entre nosotras.

Una vez llegamos a mi portal, me tranquilicé y subimos al piso. Los ojitos de mi hermana empezaron a echar chiribitas de orgullo al comprobar que había logrado independizarme y, sobre todo, que no había ni rastro del desorden que ella esperaba al estar recién mudada.

En cuanto soltó la maleta, paseamos por toda Barcelona. Desde Arc de Triomf hasta Urquinaona, pasando por las callecitas tan mágicas del centro de la ciudad y, por supuesto, terminamos en mi vía favorita: la calle Tallers, una de las mejores y que más historia tiene. Fue justo allí donde, por fin, descansamos a tomar un café. A ella le gusta con leche muy cargado; a mí, cómo no, todo lo contrario.

Tras una larga conversación sobre nuestros trabajos, nuestra rutina y una vez precavida sobre mis amigas, le solté una pregunta que me venía rondando mucho a la cabeza y que solo podía responderme ella:

—¿Alguna vez has preferido ser heterosexual?

Hace unos años, mi hermana salió del armario. La verdad es que el proceso fue muy complicado en la familia. Nadie lo esperaba porque siempre había salido con chicos, hasta que se enamoró de una chica y empezó a entender que se sentía atraída por más mujeres. Le pregunto esto

porque sé que esa transición fue muy complicada y que el proceso de aceptación de mis padres la hizo sufrir mucho; hasta el punto de querer esconderse de sí misma y forzarse a que le atrajeran más los chicos que las chicas. Por eso, aunque ahora sé que defiende quién es y lo que le gusta, quería saber cómo procesó todo ese camino y de ahí mi pregunta.

Después de reírse de la sorpresa, me contó su perspectiva:

—Al principio sí, pero luego me di cuenta de que sentir atracción por alguien no es algo que se prefiera. Sucede sin más.

Enmudecí.

Siempre he sido una persona muy abierta, pero con esa respuesta me di cuenta de que el problema no residía en por quién empezaba a sentir algo, sino en si estaba realmente preparada para abrirme a esa emoción. Creo que la solución a este problema se encuentra en la contestación que me dio mi hermana; sin embargo, me da la sensación de que aún no ha sucedido.

Una de las cosas por las que mi hermana estaba deseando venir es para poder salir de fiesta. La rumba catalana no tiene nada que envidiarle a la noche madrileña, así que nos fuimos a una de las calles que están más de moda en Barcelona y allí fue donde nos encontramos con mis amigas.

Todas la saludaron con un abrazo y le empezaron a bombardear con preguntas. Mi hermana estaba encantada y se reía a carcajadas con ellas.

Hacía mucho tiempo que no la veía disfrutar tanto.

Entre risas, vino y música, Sara me preguntó si podíamos hablar a solas. Quería preguntarme sobre lo que finalmente ha pasado —o no— con Silvia. Le conté la verdad: hacía días que no sabía de ella y, sin embargo, la tenía más presente que nunca. Aunque, si soy sincera, no sé cuál de las dos debería dar el paso.

Saliendo de aquel bar, nos fuimos a continuar la noche a una discoteca.

Mi hermana estaba realmente sorprendida del buen ambiente que, dice ella, se respira por la noche en Barcelona. Lo cierto es que salir por aquí hace que conozcas a un montón de gente dispuesta a ayudarte sin tan siquiera conocerte; en Madrid todo es más frío e independiente.

En la cola de la discoteca, mi hermana empezó a relacionarse con los grupos de amigas que había alrededor y, como no podía ser de otra manera, nos arrastró a nosotras. Conocí a una chica experta en redes sociales y estuvimos hablando mucho sobre ello, pues hace tiempo que barajo la idea de trabajar por mi cuenta. Ella me contó que tiene mucho apoyo y que no lo

hace sola; comparte este proyecto con una amiga que se dedica a la fotografía y entre las dos se facilitan las cosas. De hecho, me comentó que hacía tiempo que pensaban en ampliar el equipo y querían a alguien con mi perfil. Yo me sentí muy cómoda e interesada en esta oferta y, cuando estuvimos a punto de entrar en la discoteca, me comentó que me pasara por la terraza en dos horas para que pudiera conocer a su amiga y hablar entre todas de ello. Acepté encantada.

Mientras pasaba el tiempo, mis amigas, mi hermana y yo estuvimos dándolo todo, bailando y riendo. Hacía mucho tiempo que no me lo pasaba tan bien; me sentía pletórica. Fui con mi hermana al baño y, cómo no, estuvimos un buen rato haciendo cola y cantando todas las canciones que nos estábamos perdiendo.

En el descanso de una canción que no nos gustaba del todo, le pregunté cómo estaba. Me dijo que había roto su relación con Carla, su pareja hasta entonces. No me había contado nada antes porque realmente todavía no sabe si existe la posibilidad de que vuelvan a estar juntas. Se está tomando este tiempo en Barcelona para explorar lo que quiere y siente. Nos abrazamos y le propuse la posibilidad de quedarse más días, si quería. La verdad es que creo que a mí también me iría bien tenerla por casa durante una temporada.

Pasadas las dos horas, les dije a mis amigas que iba a la terraza, que no se movieran del sitio en el que se encontraban. Sobre todo, se lo recalqué a Lidia, que es la que más atención me suele prestar en este tipo de situaciones.

Me dirigí a la puerta donde nos habíamos encontrado, pero la chica que había conocido en la cola y su amiga no estaban allí. Así que decidí acercarme a la terraza, donde todo el mundo estaba fumando. No es un sitio donde me guste estar, precisamente, pero, aun así, fui.

Fue allí donde encontré a la chica riéndose con su amiga, que estaba de espaldas a mí. Tenía una melena cobriza larga y ondulada; la verdad es que me resultaba algo familiar.

En el momento en el que fui a saludar a la chica, me presentó a su compañera… Y no te vas a creer a quién pertenecía esa melena cobriza.