El amor y otras malas decisiones 14 Antes, durante y…
42%

14 Antes, durante y…

¿después?

Hoy es uno de esos lunes en los que no me apetecía ir a consulta, aunque al final he acabado yendo porque, tras lo que pasó con mis padres, siento que lo necesito.

Hemos hablado largo rato del tema; ya que era especialmente sensible, no solo por tratarse de mis padres, sino por lo que acaba de pasar con Héctor, que es la razón principal por la que voy a terapia. Me ha costado explicarle cómo me bloqueé al recibir la noticia, pero me ha dicho que es normal: al final, fue un shock que conectó directamente con mi herida.

Según mi psicóloga, mi primera reacción fue la consecuencia emocional de mi ruptura: una respuesta natural al duelo.

Tras hablar un poco más del tema, al detectar mi respuesta al duelo, creo que ella acabó cambiando el rumbo de la conversación para volver a hablar de mí y de Héctor; su objetivo era sacar a la luz aquellas cosas que todavía sigo reprimiendo de manera inconsciente. Cada dos semanas, aproximadamente, mi psicóloga me hace preguntas muy específicas para evaluar en qué fase del duelo me encuentro. Hoy han tocado algunas bastante complicadas que, la verdad, no he querido contestar.

Al percibir mi bloqueo, me ha sugerido que las anote y las responda en mi diario, para revisarlas la semana que viene. Te advierto que son preguntas muy complejas pero efectivas; si estás pasando por un duelo, tú también puedes responderlas, aunque te cueste contestarlas:

¿Cómo era yo antes de la relación?

Mi vida en Madrid era bastante complicada. Me pasaba los días estudiando para poder terminar la carrera mientras lo combinaba con un trabajo de profesora particular. Solo me quedaban los fines de semana para ser libre y descansar, dos conceptos que mis amigos no entendían y, en parte por eso, decidí tomar distancia de ellos… No sé si te acuerdas de que te lo comenté en el último vídeo.

Antes de llegar Héctor a mi vida, me sentía muy presionada sobre lo que debía hacer para no quedarme sola: fiesta, fiesta y fiesta. Tenía un miedo descomunal a perder a mis amigos y a que mi personalidad no encajara en el grupo, así que me esforcé mucho para esconderla. Podría decirse que, como estaba soltera y no tenía mucha vida social, necesitaba demostrarme a mí misma que podía tenerla.

Eso me lleva a otro punto: la autoexigencia.

Antes de conocer a Héctor, no me perdonaba ni una. Era muy exigente conmigo misma y siempre pensaba que todo lo que hacía no era suficiente, y que, si lo fuera, todo me iría mejor y más fluido. Tenía tendencia a disculparme sin filtro e incondicionalmente con los demás, aunque la afectada fuera yo.

En fin, era un completo desastre —ahora se entiende mejor que en la actualidad intente poner límites, ¿no?

Supongo que Héctor me enseñó, con cariño y paciencia, que yo era mucho más de lo que proyectaba hacia mí misma, y ahora estoy convencida de que así es.

Lo conocí en un momento vulnerable, con una autoestima tirando a baja y unas ganas increíbles de que algo o alguien me iluminara otro camino diferente al que estaba tomando.

Y vaya sí pasó… ¡Tanto que decidí mudarme a Barcelona!

Siempre digo que fue por amor, pero, en el fondo de mi ser, creo que el amor fue la excusa perfecta para justificar mi marcha. Así que, cuando terminé las prácticas de la carrera, hui. Lo he dicho. Nunca lo había manifestado antes, pero hui.

¿Cómo fui durante la relación?

Me fui sin trabajo, sin amigos y prácticamente con lo puesto; así que al principio de la relación me centré en encon trar trabajo.

Esa parte fue frustrante, pero cada vez que miraba a Héctor, sabía que todo saldría bien. Créeme, Barcelona es una ciudad de posibilidades, y yo eso no lo pensaba desaprovechar.

A los meses, me llamaron de mi trabajo actual y lo cogí sin pensar en que podía llegar algo mejor. Al fin y al cabo, ¿cómo me iba a venir algo mejor a mí?

Como no me gusta quedarme quieta, me apunté a un gimnasio que había cerca de casa y era bastante económico. Allí conocí a Sara y la verdad que fue el descubrimiento de mi vida. Ella me enseñó que no es necesario que te veas a ti misma de manera increíble para que lo hagan los demás contigo. Es divertida y extrovertida, y eso lo admiré desde el momento en que la conocí.

Luego llegó Lidia. La conocí en un momento de resfriado, de esos que te impiden levantarte de la cama. Era la persona que atendía en la farmacia y no le importó cambiar su turno en cuanto me vio sola. Y es que así es ella: incondicional. Tú no sabes que la necesitas, pero ella lo sabrá y vendrá a consolarte… y a decirte lo que haces mal, ¡que menudas broncas me he llevado de su parte!

Muchos meses más tarde, en una entrevista de trabajo para el mismo puesto, conocí a Nuria. Sí, sí, ahí donde la ves: la aventurera quería sentar la cabeza, al menos cuando la conocí. Le pregunté si esa era la puerta cuatro para dirección; me respondió que sí y, desde entonces, no hemos dejado de hablar. Conectamos enseguida. Somos tan diferentes y tan parecidas a la vez que no sabría definir lo que sentimos cuando estamos juntas, pero es algo muy especial.

Así que, como ves, durante la relación estuve distraída los primeros meses. Héctor nunca me quiso acaparar; siempre me alentó a hacer lo que sintiera y cómo lo sintiera en cada momento. Creo que fue de lo que me enamoré. Es una de las cosas que siento que yo nunca me había permitido hasta que lo conocí.

Con los consejos de mis amigas y las tardes tranquilas paseando por las calles de Barcelona, pasé de ser una persona insegura a tomar decisiones en cuanto a lo que quería hacer con mi tiempo libre, pues contaba con el total respeto y aceptación de mis amigas. También pasé de ser una persona

vulnerable y que reprime sus emociones a ser más abierta y, gracias a todas las personas que conocí, aprendí a escucharme un poco más. Dejé a un lado la autoexigencia, aunque he de reconocer que eso no desaparece de un día para otro para nadie y, en mi caso, tampoco iba a ser una excepción. Pero siento que me acerqué a dejar de lado mi insatisfacción.

¿Cómo soy o pienso que seré actualmente?

Creo que, tras la ruptura con Héctor, he empezado a valorar mi tiempo, mi familia y sobre todo a entender que todo lo que tengo hoy en día es gracias a mí. Porque sí, en la relación sentía que era una gran persona con los demás, pero ahora empiezo a comprender que también lo soy conmigo, y que debo esforzarme para serlo cada día más.

Escuchándome hablar de la relación y viendo que solo he hablado de mis amigas, me doy cuenta de que Héctor fue uno de los motivos por los que me marché, pero no el único motivo por el que sigo aquí hoy en día.

Esto me hace darme cuenta de que sigo siendo la misma persona que fui durante la relación, y que soy el conjunto de todas las experiencias que he vivido y me quedan por vivir; así como también me acabo de dar cuenta de que no solo tengo que agradecerle a Héctor, sino a las personas que he conocido en este camino.

También siento que, hoy en día, no huiría de la situación en la que estoy. Me considero una persona mucho más fuerte que aquella que abandonó Madrid de manera tan desagradecida, como si haber crecido allí no le hubiera dado nada. En esa ciudad tengo a mi hermana, a mis padres y a sus vidas cambiando constantemente, y me gustaría que cada vez que fuera no estuviera todo tan cambiado. Como la situación de mis padres: me hubiera gustado conocer cómo se sentían y cómo estaban antes de saber que querían darse un tiempo. Pero creo que, al huir de Madrid, inevitablemente también estaba separándome de todo lo que esa ciudad significaba.

Wow, menudo ejercicio este. Hasta me ha hecho reconsiderar la idea de enfrentarme a un regreso a la ciudad que me vio nacer, pero esta vez sin un billete de vuelta el mismo día.