13 ¿Con papá o con mamá?
Una vez al mes, intento hacer un sube-baja a Madrid para pasar el día con mis padres y mi hermana. Nunca te he hablado de ellos porque apenas hace un mes empecé este videodiario, así que tampoco los he podido ver. De todos modos, cuando voy a Madrid, únicamente suelo ir a casa de mis padres para pasar el día con ellos y evitar estar mucho tiempo por la ciudad.
Sí, reconozco que siempre me cuesta volver, porque creo que todavía no me siento preparada para ver a mis amigos, de los que me distancié abruptamente… Pero bueno, de eso ya te hablaré más adelante.
Como siempre que llego a la estación de Atocha, mi hermana me espera para llevarme con su moto a casa de mis padres. Quería hablarle de todo lo que me había pasado últimamente, sobre todo de Silvia y de las cosas que empezaba a sentir, pero la noté algo más seria de lo normal. Pensé que se debía a que estaba cansada, así que preferí callar, y fuimos directas a casa de mis padres.
Una vez en la puerta, y antes de subir a casa, me dijo que mis padres tenían algo importante que decirme y que intentara «gestionarlo de la mejor manera posible» . ¿Y eso qué quería decir? ¿Iba a ser una noticia difícil, o qué? Decidí entrar en el ascensor antes de que mis pensamientos comenzaran a abrumarme.
Al llegar a casa, olía a hogar, y en esos momentos me pongo «tierna».
Los echo mucho de menos. Sobre todo, desde que no estoy con Héctor, ya que siento que todavía estoy buscando mi hogar en Barcelona; todo es muy frío y las noches son muy complicadas de pasar, pero no quiero volver a Madrid. Al menos por ahora.
Nos sentamos a la mesa del comedor con mis padres y ellos me dieron la noticia que tenía que «intentar gestionar de la mejor manera posible»: se separan.
Volví a mirarlos, sintiendo que estaba bastante en shock, pero que, a la vez, algo me había bloqueado. Que mis padres se separaran era algo que en el fondo podía pasar, pero nunca te paras a pensar que llegue a ser una realidad… Hasta que tienes que enfrentarte a ello.
Es cierto que últimamente no eran capaces de comprenderse, y la falta de comunicación siempre les ha distanciado mucho. Pero supongo que, cuando estás lejos, pierdes un poco la perspectiva. Así que la noticia me cayó como un jarro de agua fría. Siempre se han querido mucho; mi padre siempre ha mirado a mi madre de una manera tan especial, y mi madre siempre ha cuidado tanto de él… Pero es verdad que cada año que pasa son más diferentes.
Miré a mi hermana y me lanzó una de sus miradas de «en el fondo lo sabías», que no soporto; en cada cumpleaños, viaje sorpresa o día de los inocentes me lanza la misma mirada…
—Pero… ¿Os vais a divorciar? —pregunté—. ¿Por qué no me lo habéis dicho antes? ¿Qué pasa, que, si no llego a venir, no me lo contáis?
—No, hija, sabíamos que ibas a venir y por eso esperamos a este momento —me dijo mi padre, cogiéndome de la mano para intentar tranquilizarme.
—Y no, de momento no nos vamos a divorciar —prosiguió mi madre
—. Yo necesito un espacio para valorar lo que necesitamos por separado…
—Y yo necesito ver cómo estamos el uno sin el otro —finalizó él.
A eso se le llama madurez, y ya podría aprender alguno de esos que, de un día para el otro, te dice que no es feliz y se larga… No suelo ser pasivo-agresiva, pero esta situación me recuerda inevitablemente a mi reciente ruptura —ruptura que, por otro lado, no he comentado todavía a mis padres; aunque no iba a ser precisamente en ese momento cuando lo hiciera.
—Si creéis que es lo mejor, tenéis nuestro completo apoyo. Somos vuestras hijas y… queremos lo mejor para vosotros —contesté al final, tratando de gestionar todo lo que pasaba por mi cabeza.
—Además, ya somos mayorcitas —añadió mi hermana Ana—.
Podemos enfrentar algo así, ¿verdad, hermanita?
Asentí con la cabeza.
—Bueno, he preparado unos espaguetis de esos que tanto os gustan,
¿comemos juntos? —preguntó entonces mi madre, como para aliviar la tensión.
Ambas dijimos que sí, aunque nos sintiéramos un poco incómodas por la situación. En cambio, a ellos se los veía bastante a gusto con su decisión, y liberados. Seguro que en parte por habérmelo contado.
Durante la comida, estuvieron tanteando la duda de quién debería quedarse en la casa y esa pregunta, aunque no llegara directamente, nos la hicieron a nosotras. Vamos, que nos pusieron a elegir quién debía quedarse.
Evidentemente, ninguna de las dos nos mojamos, porque no es nuestro conflicto, pero, como no quería cortarme por la mitad para no tener que elegir entre mi padre y mi madre, pero tampoco deseaba continuar esa conversación, planteé la posibilidad de que ambos siguieran viviendo en la misma casa, pero como compañeros de piso.
Mis padres cruzaron miradas y respondieron que nunca se lo habían planteado, pero que quizá sería una buena opción hasta que decidieran si separarse definitivamente o no.
Aún tienen que pensarlo, pero creo que les pude ayudar.
Al acabar la velada, mi hermana me acompañó de nuevo a Atocha para coger el AVE de vuelta. Antes de darnos nuestro mítico abrazo de despedida, me preguntó si podía subir el fin de semana siguiente a Barcelona para pasarlo conmigo, con la intención de que le presentara a mis amigas y saliéramos a quemar la ciudad. Ella sí que sabe lo de Héctor, así que me alegró mucho la propuesta, porque creo que es justo lo que necesito.
Le contesté con un sí rotundo y me volví a Barcelona con ganas de que pasara toda la semana para poder estar con mi hermana más de unas horas contadas.