12 Sí, pero no
Hoy hacía el típico sol de otoño que únicamente dura hasta las cinco de la tarde, así que tenía muchas ganas de salir a comer. Había quedado con mis amigas en el sitio que tanto nos gusta, para comernos una hamburguesa y cotillear.
Al llegar, todas me miraron con una cara de intriga impresionante y supe inmediatamente que Sara había dicho algo sobre lo que sucedió con Silvia. Pero me dio igual, porque ya tenía pensado hablarlo con ellas.
En cuanto me senté, me empezaron a avasallar a preguntas. Todas, excepto Lidia. No soporto los silencios de Lidia.
—Les he contado lo que pasó ayer, amiga. No me he podido resistir —
confesó Sara.
—No pasa nada, igualmente iba a hablarlo con vosotras.
Todas estaban con muchas ganas de que les contara cómo besa una chica, y la verdad es que es algo que no sé responder porque ni siquiera pensé en que «fuera una chica». Solo pude decirles de qué manera sentí el beso de Silvia.
Tras haberles contado toda la historia, la reacción de todas fue la misma:
—Oooooooooooooooooooooh…
—Se nota que te gusta, ¿y si te lanzas y le das una oportunidad? —
preguntó la impulsiva de Nuria.
—¿Sigues pensando que no es especial esta chica para ti? —prosiguió la romántica de Sara.
Fue después de esas cuestiones cuando Lidia se pronunció, lanzando su
primera y última pregunta:
—Todas esas cosas pueden responderse después, Sonia. Es más, ni siquiera es necesario que lo hagas. Pero creo que hay una que sí deberías contestar: ¿qué va a pasar ahora?
No sabía responder. De hecho, no supe qué decir; así que empecé a contestar «sí, pero no», constantemente. Dice mi psicóloga que, cuando tenemos esa respuesta, con seguridad es porque, o bien no nos habíamos planteado la pregunta, o bien no conocemos la respuesta, pero queremos hacer creer a los demás y a nosotros mismos que sí la conocemos.
En fin, en mi caso me quedo más con la segunda, porque todas las preguntas que me hicieron después de la de Lidia ya me las había planteado en mi casa: «Pero ¿a ti te gustan las chicas?», «¿habéis quedado en veros más veces?», «¿has pensado en qué puede salir mal?», «¿has pensado en qué puede salir bien?», «entonces ¿eres bisexual?», «¿crees que puede pasarte con más personas?».
Lo sé, hasta tú te has abrumado.
No sé qué decir, porque nunca me había pasado algo así.
¿Debería tener respuesta a todas las preguntas? Porque, si es así, he suspendido en la asignatura de introspección.
A ver, por un lado, siento que quiero explorar esta parte de mí, pero, por otro, siento que puedo equivocarme mucho. Pero escuché alguna vez la frase: «Qué suerte poder equivocarte» —creo que fue a mi psicóloga— y pienso que me apetece explorar esa posibilidad.
***
Después de un día largo de trabajo, me planté en el sofá para ver la tele hasta quedarme dormida, como siempre. Cuando estaba dormitando, escuché un sonido de lluvia y, como un rayo, fui a recoger la ropa tendida.
Sí, soy ese meme en el que estás pensando. Como el tendedero pequeño da a la calle, al asomarme a la ventana, dio la casualidad de que vi cruzar la calle corriendo a Silvia. Supongo que corría porque no llevaba paraguas, así que la vi cinco segundos. Durante esos cinco segundos noté una sensación en el estómago que no sabría describir: me subió un calor por todo el cuerpo y, de repente, empecé a imaginar mil escenas en las que le gritaba
que subiera desde mi balcón.
¿Tú crees que lo que sentí responde a alguna de las preguntas anteriores?
En cualquier caso, eso no pasó, pero, al volver al sofá, apagué la tele y esta fue una de las primeras veces que me quedé dormida con mis propios pensamientos.