El amor y otras malas decisiones 4 ¿Todo el mundo
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4 ¿Todo el mundo

se llama Héctor?

Por fin llegó el fin de semana.

Ayer, domingo, fui con mis amigas al Palo Alto Market, un mercado espectacular de Barcelona que ponen los primeros fines de semana de cada mes. No compramos nada porque todo es carísimo, pero nos hinchamos a comer nachos y beber vermús. Sin embargo, más allá de eso, esa tarde pasó algo surrealista para mí —aunque después se lo conté a mi psicóloga y a ella le pareció muy lógico… Cosas de terapeutas—: ese día todo el mundo se llamaba Héctor. Y, cuando digo «todo el mundo», no me refiero solo al camarero de la taquería o al que servía el vermú; me refiero al niño al que reñía su madre por la calle, al guitarrista que tocaba en el metro y hasta al protagonista de un anuncio en Spotify. En fin, no sé si te ha pasado, pero a mí no me había ocurrido en la vida.

Mientras era la única que me fijaba en este fenómeno, Sara nos contaba con quién pasó la noche anterior. Nada diferente a lo de siempre: otro hombre que la trata mal. ¡Qué harta estoy de que no vea lo mucho que vale!

¿Por qué le tiene que sacar el lado bueno a todos los tíos que pasan por su vida? Es la historia de siempre: pasa una noche «normalita» y ella enseguida se centra en los ínfimos detalles que hacen que le vea como, y cito textualmente, «una buena persona en el fondo, que solo necesita que alguien le quiera de verdad». En fin, probablemente se aburra de él pronto, pero eso no es lo que me genera rabia, sino que SIEMPRE piense que TODO aquel que conoce es lo suficientemente bueno para ella o que la

merece.

En fin, continuemos con la historia, que me he desviado un pelín.

Al día siguiente, tenía sesión con mi psicóloga y me explicó que este hecho que yo le relataba es una de las cosas a las que ella llama

«causalidad»; es algo que describió como la relación entre dos o más situaciones que suceden y están vinculadas entre ellas, como una especie de causa-efecto. Vamos, lo que me vino a decir es que escuchar el nombre de mi ex es una señal de estar transitando una fase del duelo, y que la exploraremos en otro momento.

Después de la sesión, me quedé pensando bastante en que, hasta ahora, todos los acontecimientos de mi vida a los que no he podido dar explicación les he llamado casualidad: encontrarme diez euros en la calle, que se me rompa el tacón de la sandalia de camino al trabajo, que dieran mi película favorita en televisión sin saberlo… Pero nunca me había planteado el efecto que todo esto tuvo en mi día y la manera en la que lo cambió:

• Con esos diez euros le compré un jarrón a mi abuela porque se le había roto y, gracias a ello, pasé una tarde muy buena en su casa.

• Que se me rompiera el tacón hizo que volviera a casa en Uber y viera una zona de Barcelona que no había visto nunca por el camino, y que actualmente es una de mis zonas favoritas.

• Que dieran mi película favorita ese día hizo que me fijara en muchos detalles de ella que, hasta ahora, no había notado.

Todas esas cosas hicieron que mi día fuera muy diferente, y lo curioso es que sin ellas no habría salido ni parecido a como fue. Ellas son la causa, el motor que me trajo hasta esos momentos. Ahora me toca descubrir qué causalidad esconde que hoy todo el mundo se llame Héctor… Seguiremos informando, pero, si se te ocurre alguna idea a ti, házmelo saber.