Capítulo 16
Andrés
—No te voy a consentir que arruines mi vida, y mucho menos la de mi hermano —le dije a Amanda, bastante cabreado, en el momento en el que Adriana salió por la puerta.
—¿Y qué vas a hacer? ¿Despedirme? Porque déjame que te diga que eso puede ser todavía peor, pues no me voy a quedar de brazos cruzados.
—Mi hermano no, pero yo sí que te puedo despedir, y no precisamente por los comentarios que has hecho, sino porque tengo pruebas de que has estado desviando fondos de las cuentas de la empresa —dijo Kike.
Vi cómo Amanda ponía cara de asombro, aunque enseguida intentó disimularla, pero el gesto no pasó desapercibido ni para mí ni para mi hermano.
En mi caso, no tenía ni idea de lo que Kike estaba diciendo, pero no pensaba demostrarlo delante de ella, así que decidí seguirle el juego y actuar como si supiera perfectamente de qué hablaba.
—Y yo estoy aquí para corroborarlo. Así que, por tu propio bien, y si no quieres salir de esta empresa como una vulgar ladrona, más vale que devuelvas el dinero y presentes la renuncia voluntaria.
—Contra mí no tenéis nada, porque no tengo ni idea de qué me estáis hablando y, por consiguiente, ni pienso admitir lo que no he hecho ni, mucho menos, presentar mi renuncia.
—Esto no va a quedar así, Amanda. No pienso parar hasta que estés en la calle, y de la manera en la que lo mereces.
—Claro, porque lo que pretendes es que esa mosquita muerta se salga con la suya y se quede con todo aquello por lo que yo he luchado tanto tiempo, pero no va a ser así, te lo aseguro.
Salió del despacho y, una vez que me aseguré de que ella ya estaba lo suficientemente lejos como para no escuchar nada de lo que habláramos, así como de que no se había quedado increpando a Adriana, cerré la puerta del despacho y me dispuse a hablar con mi hermano.
—Dime ahora mismo que lo que le has dicho a Amanda es mentira.
—No, no lo es, y por eso necesito tu ayuda.
—¿Es cierto que tienes pruebas de que ha sido ella?
—No tengo una puta mierda, pero, de la cuenta de la empresa, ha salido una buena cantidad de dinero que no localizo.
—Dame ahora mismo todos los datos, porque pienso hacer una auditoría en cuanto lo tenga todo.
—Para hacer una auditoría tendríamos que parar la producción.
—Pues se para, lo que no podemos hacer es seguir produciendo y que, en cada partida, se escape el dinero por algún sitio.
—¿Cuánto tiempo tardarás?
—¿Cuánto tiempo hace que te has dado cuenta? Y, lo más importante, ¿desde cuándo tienes constancia de que se están desviando esos fondos?
—Me he dado cuenta pocos días antes de ponerme en contacto contigo y, hasta donde yo he llegado, puede que venga ocurriendo desde hace quince meses.
—Joder, Kike, eso es mucho tiempo, pero intentaré que esté listo lo más pronto posible. Eso sí, necesitaré a mi lado personas de confianza que me ayuden a puntear todos los asientos contables.
—No hay nadie de más confianza que Adriana y Camila. ¿Tendrás suficiente con ellas dos?
—Creo que sí, el problema será convencer a Adriana de que trabaje conmigo.
—Es algo laboral, te aseguro que no pondrá ningún inconveniente.
—Eso espero. También necesito que el departamento entero de contabilidad deje de trabajar.
—¿Cómo hago eso sin que se den cuenta de que sucede algo?
—Invéntate algo, me da igual lo que sea, pero no quiero a nadie allí, ni siquiera a Amanda.
—A ella, mucho menos. Está bien, les daremos a todos una semana libre, diremos que las autoridades nos exigen hacer un inventario. ¿Te parece bien?
—Sí que me lo parece, pero lanza el comunicado hoy mismo.
—Está bien, en cuanto Adriana vuelva de su hora de desayuno, le pediré que redacte el comunicado oficial y lo envíe a todos los empleados de la empresa.
—Perfecto, y habla con ella y con Camila para que se queden conmigo. A ti también te quiero al pie del cañón. Estos días se los pagaremos aparte.
—Bien, ve acondicionando el despacho grande, que trabajaremos más cómodos.
—Será mejor que utilicemos la sala de reuniones. Allí podremos tener toda la documentación a mano.
—De acuerdo, encárgate tú de todo ese tema.
Salí del despacho de mi hermano y me dirigí hasta la sala de reuniones, donde preparé tres zonas diferenciadas.
En una, el punteado sería sobre las facturas físicas; en otra, sobre las digitales y, en la tercera, pondría toda la documentación en papel que no estuviera digitalizada.
Cuando lo tuve todo listo, salí de la empresa y me fui directo al archivo, donde busqué todas las cajas de los últimos dos años, en las que se habían archivado albaranes y facturas, así como los justificantes bancarios que los avalaban.
Las subí a la sala de reuniones y no pude evitar mirar el despacho de Adriana, que se encontraba abierto, pero sin rastro de ella en su interior.
Por el contrario, el despacho de mi hermano se encontraba cerrado a cal y canto, así que supuse que estarían allí reunidos, intentando redactar el comunicado de la mejor manera posible.
No quise interrumpir esa reunión, por lo que dejé las cajas en la sala de reuniones y cerré con llave, echando las persianas hasta abajo, para que nadie viera lo que había dentro.
No conseguí hacerlo en un solo viaje, ni siquiera llevando la carretilla, así que tuve que subirlo todo en cuatro tandas. Allí había una caja por mes, veinticuatro en total, por lo que podéis haceros una idea del panorama.
Después de eso, le envié un mensaje a mi hermano para decirle que me marchaba y que me llamara para cualquier cosa que necesitara.
Andrés: Kike, ya está todo el material en la sala de reuniones, que he cerrado con llave, y me marcho a casa. Cuando termines la reunión con Adriana y Camila, me llamas, así como si necesitas algo de mí. Un beso.
Sabía que mi hermano lo leería, pero que no me contestaría, ya que no iba a interrumpir lo que estuviera hablando con las chicas para decirme un simple ok .
Ya me llamaría cuando terminara y, si no lo hacía, lo llamaría yo más tarde. Ahora mismo, lo único que necesitaba era llegar a mi casa, darme una ducha y ponerme cómodo.
No había dejado nada hecho de comida, así que, antes de llegar, pararía en el asador que había cerca de mi casa y compraría un pollo asado con patatas y pimientos fritos.
No es que estuviera acostumbrado a comprar comida en la calle, porque, cuando vivía en Londres, y como lo que encontraba allí no me gustaba demasiado, me dediqué a ver tutoriales de YouTube sobre cocina española y a prepararme yo mismo mis platos de toda la vida.
En la mayoría de las ocasiones me costaba un mundo encontrar los ingredientes, aunque, por suerte, teníamos a San Amazon, donde podía pedir casi cualquier cosa que se me antojara.
Eso sí, aquí un plato de garbanzos podía ser uno de los platos más económicos que se podían cocinar, pero allí te podía salir como si comieras langosta recién pescada.
Por eso, el tiempo que llevaba de vuelta en España, no dudaba en meterme en la cocina y dejar comida hecha para toda la semana.
Pero, ese fin de semana, que podría haber aprovechado, no me apetecía. Estaba demasiado preocupado por la «desaparición» de Adriana, así que mejor me fui a casa de mi hermano, donde me lo pusieron todo por delante.
Dejé la bolsa del asador encima de la mesa de la cocina y me metí a darme esa ducha que tanto necesitaba.
No es porque oliera mal, ni mucho menos, que yo podía presumir de oler a gloria, pero lo necesitaba para desentumecer los músculos, que estaban muy tensos por todo lo que habíamos estado hablando esa mañana, aparte de la falta de sueño del fin de semana.
Mientras el agua caía por encima de mis hombros, no pude evitar pensar en Adriana, en la cara que había puesto cuando Amanda le dijo que yo la había llevado a casa de mi hermano, aun siendo mentira.
Me estaba secando cuando escuché mi móvil sonar. Sería mi hermano, así que lo llamaría en el momento en el que estuviera ya vestido, para hablar con tranquilidad.
—Dime, Kike, perdona que no te contestara antes, pero estaba en la ducha.
—Andrés, vente ahora mismo para la empresa, la cosa es peor de lo que pensábamos.
—¿Qué ha sucedido desde que yo me he marchado?
—Han robado todas las cajas que dejaste en la sala de reuniones, y las cámaras de seguridad estaban inhabilitadas justo en ese tramo.
—¡No me jodas! Me cago en la leche puta. ¿Todo nos va a pasar a nosotros?
—No lo sé, hermano, pero te necesito aquí y ahora.
—Me visto y voy para allá.