CAPÍTULO 8
Candela
Asunto: Cocina de campaña
Un saludo,
C. Ferrer — El Día Perfecto
08:18
Perfecto.
B.
Cuatro minutos.
Cuatro minutos y una palabra. Un hombre de treinta y cuatro años.
Eso es lo primero que anoté, y lo anoté porque anoto todo. En este oficio el tiempo de respuesta de un proveedor es un dato operativo: te dice a quién puedes llamar un viernes a las ocho y quién te va a dejar tirada en agosto.
Manu Rojas responde en cuatro horas. Loli, la florista, en día y medio. Nando, el de las sillas, no responde: llama por teléfono tres días después para decirte que ha leído tu correo.
Bruno Salgado responde en cuatro minutos.
Siempre. A cualquier hora. Con una constancia que a mí, al principio, me pareció simple falta de trabajo.
* * *
Martes 21 de abril, 09:30
Asunto: Anexo II revisado (v3)
Adjunto la revisión. Dos cambios: la 19 y la 20 se hacen desde el mismo lado, no tiene sentido cruzar el pasillo con la gente de pie. Y la 27 sube de las 21:50 a las 21:35.
Ruego confirmación.
C. Ferrer — El Día Perfecto
09:34
Conforme.
Una pregunta que no es de trabajo: ¿por qué has escrito «sin flash» al lado de la mesa de los abuelos?
B.
09:36
Porque son las 21:35, hay luz de vela y a esa temperatura de color el flash directo te la revienta.
C. Ferrer — El Día Perfecto
09:38
Eso es la respuesta técnica y además es verdad.
Sigue sin ser la razón.
B.
No contesto.
Estoy toda la mañana sin contestar, cosa que no hago nunca, y a las dos y media, comiendo un táper en la oficina de la calle Feria con Rocío enfrente, abro el correo y vuelvo a leerlo.
Y a las 23:50 de esa noche escribo esto:
Porque los abuelos de la mesa 4 tienen ochenta y siete años, llevan desde las seis y media puestos y a esa hora ya no están en la boda, están aguantando.
Y a mí me parece una guarrería que además les revienten un fogonazo en la cara mientras cenan.
C.
Sin apellido. Sin agencia.
Contesta a las 23:54.
Gracias.
B.
* * *
Martes 28 de abril, 23:41
Asunto: Grupo electrógeno
Confirmado el insonorizado. 63 dB a 7 metros. Cabe en la explanada norte sin quitar plazas de aparcamiento.
C.
23:45
Bien.
¿Tú comes?
B.
23:47
He cenado.
23:49
Un café no es una cena, Candela.
23:51
¿Y tú cómo sabes lo que he cenado?
23:53
Porque son las doce menos cuarto de la noche y me estás hablando de decibelios.
B.
Cierro el portátil.
Me hago una tortilla francesa a las doce menos diez de la noche, cabreadísima, encendiendo todas las luces de la cocina como si hubiera alguien mirando, y a mitad de la tortilla me doy cuenta de que estoy cabreada porque tiene razón y de que llevo tres minutos sonriendo.
No le contesto a eso. Le contesto al día siguiente, sobre la acometida.
* * *
En algún momento de este mes abro una hoja de cálculo.
Dos columnas: hora de envío, hora de respuesta. Trece filas. Le pongo la fórmula.
Media: cuatro minutos y once segundos.
Me digo, en voz alta, sola, en mi propia oficina, que es una comprobación de fiabilidad de proveedor.
Tengo dieciocho proveedores en esa boda.
De ninguno de los otros diecisiete tengo una hoja de cálculo.
* * *
Martes 5 de mayo, 08:02
Asunto: Nando ataca de nuevo
Las sillas han llegado en champán. Yo pedí hueso. Cuarenta minutos negándomelo con la silla delante.
No hay partida de hueso. No la ha habido nunca. Me vendió en febrero lo que tenía en la nave.
Arreglo: me quedo las champán con un 8 % y él me pone manteles crudos al coste.
C.
08:06
Crudo es mejor. El blanco puro rebota y le quema la cara a la gente en el aperitivo.
¿El 8 % se lo has sacado tú o se ha ofrecido él?
08:08
Se ha ofrecido él. Después de cuarenta minutos.
08:11
O sea que se lo has sacado tú.
Ahí ya no hay asunto que valga.
Ahí ya no le estoy informando de nada, porque a un fotógrafo el color de una silla le da lo que le da, y porque yo no le mando a Loli el desglose de mis broncas con Nando, ni a Curro, ni a Salvador.
Ahí lo que estoy haciendo es contárselo.
* * *
Domingo 10 de mayo, 22:47
Asunto: —
Hoy he tenido boda en Carmona. Ochenta invitados, todo perfecto, cero incidencias.
El fotógrafo ha hecho las cuarenta y dos fotos de mi lista y no ha hecho ninguna más. Ni una. Se ha ido a las dos.
Y en la mesa cuatro había un señor mayor con la chaqueta doblada en el respaldo, sentado solo, mirando bailar a su hija. Veinte minutos. Nadie le ha hecho una foto.
No sé por qué te lo cuento.
C.
Le doy a enviar y me quedo mirando la pantalla del móvil con esa sensación exacta de haber empujado una cosa por una mesa y no llegar a tiempo de cogerla.
Un domingo. A las once menos cuarto de la noche. Sin asunto y sin motivo, a un proveedor con el que tengo reunión el jueves.
22:51
Yo sí.
B.
Dos palabras.
Tardo dos días en contestar, y cuando contesto es sobre la acometida del grupo electrógeno, a las 07:52 de un martes, con una frialdad que no engaña a nadie y menos que a nadie a mí.
Él me contesta en cuatro minutos, sobre la acometida, sin mencionar nada.
Este hombre no insiste nunca.
En abril me pareció educación.
* * *
Yo tengo el correo montado como tengo montada la cabeza.
Cada boda es una carpeta. Dentro de cada boda, una subcarpeta por proveedor: catering, flores, sonido, transporte, alojamiento, fotografía.
Todo lo que entra se archiva el mismo día.
Es lo primero que le enseño a cualquiera que entra a trabajar conmigo y es la razón por la que en trece años no he perdido una factura.
Hoy, buscando una cosa del transporte, abro la subcarpeta de fotografía.
Tiene cuatro correos dentro.
Cuatro. El contrato, el anexo firmado, el seguro de responsabilidad civil y el alta de proveedor.
Los otros ciento y pico están en la bandeja de entrada. Sin archivar. Desde enero.
Me quedo mirando eso un rato, en la oficina de la calle Feria, con el ventilador de pie girando.
Y no los archivo.
No me pregunto por qué.