El amor es la única ley EL ECO DE LO QUE DICEN
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EL ECO DE LO QUE DICEN

La mesa es de mármol frío, un contraste irónico con la tensión que se corta en el aire.

Dos copas de vino apenas tocadas sirven de frontera.

Alrededor, el restaurante parece ajeno, pero ambas sabemos la verdad: el mundo, allá afuera, no deja de hablar.

El "dicen" es un rumor constante, un ruido de estática que intenta filtrarse en nuestra intimidad.

Una sostiene el tallo de su copa con una fuerza innecesaria. Sus ojos reflejan esa rabia contenida, esa que solo aparece cuando sabes que tu vida privada ha sido convertida en un libreto de teatro por gente que no tiene ni idea de lo que ocurre tras las puertas cerradas.

—¿Lo has escuchado hoy? —pregunta, con la voz tan baja que casi se pierde entre el murmullo de la gente—. Dicen que nuestra historia fue solo un capricho, que ya no queda ni rescoldo de lo que construimos.

Suspiro, dejando que mi mirada se pierda en la penumbra.

—Que digan lo que quieran. El problema no es lo que inventan, sino que se creen sus propias mentiras. Dicen que ya no queda rastro de nuestra huella, pero no saben que, para que el fuego se apague, primero hubo que quemarlo todo.

La otra ríe, una risa seca, sin rastro de alegría. Apoya la barbilla en la mano, observando el vacío.

—Es fascinante —dice—. Dicen que ya no nos miramos, que el orgullo ha sellado la distancia. Es irónico, ¿no? Construyen muros alrededor de nosotras basándose en rumores, mientras nosotras estamos aquí, diseccionando el cadáver de lo que ellos creen que sigue vivo.

—Déjalos —respondo con firmeza—. Que sigan alimentando esa hoguera de chismes. Mientras ellos hablan, nosotras nos alejamos de la escena. Dicen que el tiempo lo borra todo, pero lo único que el tiempo ha hecho es darnos la distancia necesaria para ver que no eran dignos de la verdad.

El silencio vuelve a caer, pesado, absoluto. El rumor de "lo que dicen" parece alejarse, desvaneciéndose ante la indiferencia que hemos cultivado. No hay nada que explicar, nada que justificar. El desengaño ya no es un dolor, es una armadura.

Sentencia del rumor

Dicen que el tiempo ha borrado la huella,

que el frío ha ganado la larga partida,

que ya no soy tuya, que ya no soy aquella,

la que te entregaba su propia medida.

Dicen que el fuego fue solo una idea,

que el alma se cansa de tanta pasión,

y en cada palabra que el viento rodea,

buscan los restos de nuestra traición.

¡Que sigan diciendo! Que hablen, que inventen,

que cubran de sombras lo que fue verdad,

no saben que el alma, cuando se siente,

no busca el aplauso de la sociedad.

Que sigan tejiendo sus falsas historias,

tú tienes tu norte, yo tengo mi paz,

que se lleven lejos sus tristes memorias,

ya nadie nos mira, ya nadie es capaz.

El eco es silencio, la duda es olvido,

que muera el rumor en la misma ansiedad,

ya no nos importa lo que han presumido,

somos, al fin, nuestra propia verdad.