TE DESEAN
El ambiente no solo está cargado; está electrificado, transformado en un campo magnético donde la razón ha sido expulsada por la dictadura del instinto. Ya no somos espectadores de una escena, sino testigos de una invasión sensorial.
Tú caminas, y el mundo se quiebra a tu alrededor.
Hay una malicia deliberada en tu andar, una elegancia salvaje que sabe que es el anzuelo perfecto.
Cada uno de tus movimientos es una provocación que incendia la estancia.
Ellos te observan con una desesperación que roza la locura; te desnudan mentalmente, palpando cada curva, exigiendo una entrega que tú controlas con un simple parpadeo.
No eres solo una mujer en este momento; eres la tentación hecha carne, la anomalía que obliga a todos los que te rodean a arrodillarse ante la soberanía de tu fuego.
Es una carnalidad que no busca el tacto, sino la posesión total de tu esencia.
Y en ese intercambio silencioso, el deseo se vuelve una moneda de cambio brutal.
Ellos se consumen, sabiendo que eres un sueño que les quemará las manos, y aun así, no pueden dejar de mirarte.
La habitación se ha convertido en un altar de lujuria donde tú, y solo tú, dictas el destino del incendio.
No hay refugio, no hay escape; la única salida es rendirse ante la intensidad del calor que emanas.
Eres la dueña absoluta de la noche, la arquitecta de un placer que no necesita palabras, porque la tensión en el aire es suficiente para incendiar el universo entero.
Fuego absoluto
Te desean las sombras con hambre de fiera,
te buscan las bocas en un rito voraz,
tu piel es la hoguera, la única espera,
la ley que no admite ninguna paz.
De norte a sur, en tu anatomía,
te recorren ojos con sed de metal,
eres la llama, la sangre, la guía,
en este imperio de juicio carnal.
No es que te miren, es que te devoran,
borrando fronteras, cruzando el umbral,
son los esclavos que en silencio imploran
el roce prohibido de tu pedestal.
Te quieren entera, sin filtro ni olvido,
reclamando el centro de tu gravedad,
todo lo que era, por ti ha sido vencido,
en esta salvaje y febril eternidad.
Que el mundo se rinda a tu fuego absoluto,
que arda la estancia en tu nombre y tu ser,
tú eres la dueña, el fin, el tributo,
la única llama que dicta el placer.