El amor es la única ley LIENZO EN BLANCO
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LIENZO EN BLANCO

Cuando la mujer se detiene a su lado, no hay contacto. La distancia entre ellas es un abismo que ninguna se atreve a cruzar. La recién llegada observa el lienzo con una sonrisa gélida, una que no llega a sus ojos.

—Es una obra curiosa —dice ella, con un tono que roza el desdén—. Vacía, como todo lo que haces últimamente.

La mujer que espera se gira lentamente. Sus ojos, cargados de un cansancio que ha tardado años en acumularse, se encuentran con los de su amante.

—¿Vacía? —pregunta ella, dejando la copa sobre una mesa de cristal con un golpe seco—.

¿Qué sabes tú de lo que siento? Te has pasado meses observándome desde la periferia, juzgando sin mover un solo músculo.

¿Qué sabes tú de mis tormentos, de las noches en las que el silencio se vuelve un grito que no puedes ignorar?

La otra mujer suelta una carcajada breve, un sonido que carece de calidez.

—Me hablas de tormentos como si fueras la única que los conoce.

—No, no soy la única —responde ella, avanzando hasta romper el espacio vital de la otra, obligándola a retroceder—.

Pero tú has elegido ser ciega. ¿Qué sabes tú de mis recuerdos?

¿De cómo intento reconstruirnos en mi cabeza mientras tú te dedicas a demoler cada puente que construyo?

Me pides paz, pero lo único que me das es esta guerra sorda, este aislamiento donde me dejas sola con mi necesidad.

La mujer se queda inmóvil, sorprendida por la intensidad del reproche. La atmósfera en la galería es tan tensa que parece que los cuadros van a desprenderse de las paredes.

—¿Crees que no he intentado encontrarte? —dice la otra, aunque su voz carece de convicción.

—No me has buscado —replica ella, con una frialdad que duele más que el grito—. Me has ignorado. Has ignorado mi necesidad, mi verdad, mis grietas. ¿Qué sabes tú de mi dolor si ni siquiera te has molestado en mirar dentro?

Se miran durante un largo instante, una colisión de decepciones. La galería, antes un templo de belleza, se siente ahora como un tribunal donde ninguna de las dos puede ganar. La desconexión es total, un puente roto que el orgullo impide reparar.

La Distancia del Cristal

¿Qué sabes tú del hielo que me habita,

del eco que en mis muros se hace herida?

Si tu mirada, fría y exquisita,

jamás tocó la sombra de mi vida.

¿Qué sabes tú de angustias que callamos,

de este vacío que crece entre las dos?

Si al intentar, lejanas, nos buscamos,

solo nos queda el frío y nuestra voz.

Ignoras el recuerdo, el rastro amargo,

de lo que quise y nunca me ofreciste,

este silencio, insomne, lento y largo,

que en el mapa del alma tú pusiste.

¿Qué sabes tú de mi sed y mis tormentos?

Si cuando te pedí un poco de calma,

te hiciste piedra ante mis sentimientos,

y me dejaste sola con mi alma.

¿Qué sabes tú, si nunca me has mirado?

Si tu verdad es solo tu reflejo,

y en el espejo de lo que hemos amado,

tan solo queda un rastro de despojo viejo.