El amor es la única ley EL HORIZONTE DE TUS OJOS
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EL HORIZONTE DE TUS OJOS

La estancia ya no es materia, se ha transmutado en un océano de penumbra donde solo existe la geografía de tu rostro.

Aquí, en este claustro de sombras, la realidad se fragmenta; ya no hay paredes, solo la inmensidad de un cielo privado que se abre cada vez que tus párpados se levantan.

Es en ese instante, en esa apertura, donde mi mundo naufraga y se reconstruye, gobernado por la ley absoluta de tu mirada.

Tu mirada no es una observación, es una invasión.

Es un incendio silencioso que recorre mis venas, trazando mapas de luz sobre un mapa de carne.

Cuando me miras, el tiempo se estanca, se vuelve viscoso y dulce, y todas las certezas que construí durante el día se derrumban, reducidas a cenizas bajo la intensidad de tus pupilas.

No hay escapatoria en el abismo de tu iris; es un laberinto de espejos donde me busco y, finalmente, me encuentro desnudada, despojada de mis nombres y de mis defensas.

—Tu mirada —susurro, y el eco de la palabra rebota contra los muros de mi propia rendición— es el único lenguaje que mi alma ha decidido hablar.

No necesito palabras. En el cristal de tus ojos, leo una sentencia de entrega que no admite apelación.

Es una mirada que sostiene el peso del universo, una mirada que sabe de mis secretos más oscuros y, aun así, los habita con una ternura que me desarma.

Me observas y, en ese acto, me haces real; existo solo porque tu visión me reclama.

En la quietud de esta noche, tu mirada es la brújula que me orienta en el caos, la estrella fija que marca el único norte posible para esta deriva mía.

Siento cómo tus ojos recorren cada pliegue de mi ser, cómo se detienen en cada cicatriz del alma como quien contempla una obra de arte inacabada.

Y en ese recorrido, me transformo. Me siento renacer, no por el sol, sino por la luz que emana de ti, una luz que no deslumbra, sino que revela, que penetra hasta las fibras más íntimas de mi esencia.

Estoy atrapada, sí, pero en la jaula más hermosa que jamás haya conocido: el horizonte infinito que se despliega ante mí cuando decides, finalmente, mirarme y sostener mi existencia con la tuya.

Mapa sagrado

Tu mirada es un puente sobre el abismo,

un rayo de luz que en la sombra me guía,

te vuelves el templo, el rito, el abismo,

la única paz en mi vieja agonía.

No hay velo que esconda lo que tú descifras,

en el cristal de tus ojos me leo,

trazas con calma las únicas cifras,

del mapa sagrado de mi deseo.

Es una luz que me habita por dentro,

un incendio manso que me hace existir,

tú eres mi orilla, mi norte, mi centro,

la única forma que tengo de abrir.

Si me miras, el mundo se vuelve ceniza,

se borran los mapas, se apaga el clamor,

tu mirada es el ala, la calma, la brisa,

el sello de fuego de nuestro esplendor.

¡Qué inmensidad habita en tu pupila!

donde mi alma, por fin, se ha quedado prendida,

es la mirada que, al fin, me destila,

y da todo el sentido a mi propia vida.