LA RONDA DE LA MEMORIA
La noche ha descendido sobre la ciudad como una sentencia, y ella camina por la habitación, incapaz de detener el ritmo de sus propios pensamientos.
El silencio es un eco constante que le devuelve el nombre de la única mujer que ha habitado su vida.
Es una "Noche de Ronda" particular, donde las estrellas no son compañeras, sino testigos mudos de una espera que se ha vuelto una forma de vida.
—Noche de ronda —susurra, y el vacío de la estancia parece vibrar con la cadencia de la frase—. ¿Qué hiciste con mi amor? ¿A dónde lo llevaste mientras rondas las calles, mientras buscas en cada esquina un rastro de lo que éramos?
Se sienta junto a la ventana, observando cómo la luz de la luna baña el suelo con una palidez espectral.
Su memoria es un disco giratorio que no tiene fin.
Recuerda cada palabra, cada roce, la intensidad de una entrega que, aunque el tiempo ha intentado erosionar, permanece intacta en el centro de su pecho.
Es una ronda de recuerdos, un círculo vicioso donde cada pensamiento comienza y termina en la misma ausencia.
Se siente esclava de una presencia que ya no está físicamente, pero que se proyecta en cada sombra.
Se pregunta si ella, en su propia ronda, también siente este tirón invisible, este hilo de plata que la mantiene atada al pasado.
Se cuestiona si la luna, esa cómplice silenciosa, le contará que ella está aquí, consumiéndose en el deseo de un reencuentro, esperando que la noche se apiade y, por fin, traiga de vuelta la única luz que le da sentido a su existencia.
Es un soliloquio desesperado. La noche se convierte en un laberinto donde ella es la única habitante, rondando los mismos recuerdos, las mismas caricias perdidas.
Cada hora que pasa es una vuelta más al círculo de su obsesión, una plegaria muda dirigida al infinito para que, entre tantas estrellas y tantas sombras, el destino decida devolverle a quien se llevó todo su aliento.
Está condenada a esta ronda eterna, esperando que el alba no sea el final, sino la señal de que, algún día, el destino se canse de esta ronda y decida que ya es hora de que el abrazo se vuelva a cerrar.
La ronda del olvido
Noche de ronda, tú que sabes de mi pena,
tú que escuchas mis suspiros en el viento,
¿por qué insistes en atarme a esta cadena,
de un recuerdo que me quema por dentro?
Rondas las calles buscando su rastro,
y yo te sigo en este afán de soledad,
eres el frío, la luna, el vasto astro,
que me dicta mi propia inseguridad.
¿Qué hiciste con aquel amor profundo?
¿En qué rincón lo dejaste abandonado?
Yo doy vueltas y vueltas por este mundo,
siempre buscando el beso que me ha faltado.
Noche de ronda, si la ves en tu camino,
dile que mi alma sigue en su espera,
que es ella el único norte de mi destino,
y que sin ella, mi vida es primavera muerta.
Dile que sigo rondando los lugares,
donde reíamos antes del triste final,
que entre sombras, suspiros y pesares,
mi amor por ella es un fuego eterno y leal.