LA PARTICIÓN
El sonido de la cinta adhesiva al despegarse del rollo resonó en el pasillo como un disparo.
Una de ellas cerró la solapa de la caja de cartón y se puso en pie, limpiándose el polvo de los vaqueros.
La otra, apoyada contra el marco de la puerta, la observaba con esa calma tensa que precede a las tormentas.
—He dejado los libros en el estante de abajo —dijo, evitando cruzar la mirada—. Los demás están en la caja azul.
La otra caminó hacia el centro de la estancia y tocó la tapa de cartón con la punta de los dedos.
—Te has tomado muchas molestias. No hacía falta que lo ordenaras todo como si fuera un inventario.
—Tenía que hacerlo —respondió, su voz sonando más firme de lo que se sentía—. Si no lo hacía así, probablemente habríamos pasado horas peleando por nimiedades. Y no tengo energía para eso.
La otra soltó una risa seca, desprovista de humor.
—Qué pragmática eres siempre. ¿Es así como te proteges? ¿Organizando nuestra separación como si fuera una mudanza de oficina?
—¿Qué quieres que haga? —se giró, enfrentándola por fin—. ¿Quieres que nos sentemos en el suelo a llorar por los sueños que ya no vamos a cumplir? Tú te vas, esta es tu decisión. No me pidas que, además, la haga sentir como una tragedia.
—No es una tragedia, es una vida —replicó, bajando la voz hasta convertirla en un murmullo—. ¿Qué se supone que debo hacer ahora? ¿Qué hago con mis noches si no tengo a quién contarle cómo me fue el día?
Sintió un pinchazo en el pecho, pero mantuvo la barbilla alta.
—Haz lo mismo que yo tendré que hacer: aprende a vivir el silencio. No mires atrás, porque lo que dejamos aquí ya no nos pertenece. El tiempo no vuelve, solo se gasta.
La medida del adiós
No es el ruido, ni el golpe de la puerta,
es el orden meticuloso de lo que se acaba,
es dejar la casa de repente desierta,
y ver cómo la vida, en cajas, se apaga.
¿Qué haces tú con los planes que nunca fueron?
¿Qué hago yo con el hueco que deja tu ausencia?
Las promesas de entonces, que bajo el frío murieron,
se vuelven el peso de nuestra conciencia.
Cierra tu maleta, toma tu destino,
que el tiempo es un muro que no cederá.
Ya no compartimos ni sueño, ni camino,
tú te vas lejos, y yo, ya no estoy acá.