El amor es la única ley EL UMBRAL DEL ECO
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EL UMBRAL DEL ECO

La estación estaba sumergida en un silencio metálico, interrumpido únicamente por el siseo de los rieles al enfriarse y el goteo rítmico de la lluvia contra la cúpula de cristal. El aire sabía a ozono y a final de trayecto.

Ella observaba a la otra mujer desde el banco de metal, notando cómo la luz mortecina de los focos filtraba la silueta de su pareja, convirtiéndola en un espectro antes incluso de que el tren llegara.

No había equipaje físico, sino el peso invisible de los años condensado en un maletín de cuero que parecía sostener el mundo entero.

—Dime —la voz de ella no tembló, pero se fragmentó al salir, como cristal rozado—, ¿qué piensas hacer con los retazos de mis sueños?

¿Los vas a guardar en algún rincón frío o los dejarás caer por el camino como hojas muertas?

Porque te llevas mi noche, te llevas el mapa de nuestras rutinas y el lenguaje secreto que solo nosotras hablábamos. Me dejas un territorio en ruinas.

La otra no respondió. Se limitó a ajustar el asa de su maleta.

Ese movimiento, tan pequeño y cotidiano, fue una sentencia.

Ella comprendió entonces que el dolor no estaba en la partida, sino en la indiferencia con la que la otra aceptaba el vacío que dejaba tras de sí.

Cuando el tren comenzó a frenar, lanzando un gemido de acero contra la vía, el mundo se redujo al espacio entre ambas: un abismo que ninguna de las dos se atrevió a cruzar.

La anatomía del vacío

¿Qué haces tú con los sueños que fueron nuestra casa?

¿Cómo los guardas, si el tiempo los deshace y los pasa?

Te llevas los planos, el cimiento, la luz de la víspera,

y me dejas el eco de una voz que ya no es, que no espera.

¿Qué haces tú con el peso de los besos que no fueron?

¿Con las promesas de invierno que bajo el frío murieron?

Te llevas el mapa, la brújula y la voz de mi calma,

y me dejas los restos de una fe que ya no es, que no guarda.

¿Cómo haré para no hallarte en el pulso de la ciudad?

¿Cómo habitar el silencio que es nuestra única verdad?

Te vas con la vida, con la prisa y el sol de la mañana,

y me dejas los vidrios de una historia, ya vana.

Dime, ¿qué haces tú con el espectro de mi abrazo?

¿Qué haces con el alma que se deshilacha en tu paso?

Si te llevas el cielo, la suerte y el norte del camino,

dime cómo le explico a esta soledad el destino.