El amor es la única ley LA MEDIDA DE LO IRREPETIBLE
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LA MEDIDA DE LO IRREPETIBLE

—Como yo te amé, jamás te amarán —dijo ella, y su voz no fue un reclamo, sino una sentencia dictada por la experiencia—. Ni el sol, ni el viento, ni el mar, ni nadie en este mundo podrá replicar la forma en que yo puse mi vida en tus manos.

Se giró hacia ella con una calma que le resultaba ajena a su propia rabia. Durante años, habían hecho de su unión una religión, un compromiso que no pedía permiso ni conocía límites. Ahora, tras el desastre, la mirada le dolía.

—Fuiste el principio y el fin de mi existencia —continuó, con una intensidad que apenas podía contener—.

Te amé con miedo, con alma, con todo lo que soy.

Busqué en tus ojos mi única razón para levantarme, muriendo de frío cada vez que te alejabas.

Pero ahora, al mirarte, lo que me queda no es solo el vacío.

Es la certeza amarga de que nadie te entregará jamás un amor sin medidas, un amor de verdad, como el que yo te di.

No hubo lágrimas. Solo el reconocimiento de que lo que habían construido era una cima tan alta que, una vez perdida, cualquier otro vínculo no sería más que una caída libre hacia la mediocridad.

—Que nadie pretenda medir lo que fuimos —concluyó—.

Que nadie se atreva a intentar igualar lo que dejamos atrás.

Porque lo nuestro no fue un romance pasajero; fue la historia que decidimos, y hoy, aunque ya no estemos juntas, mi mayor triunfo es saber que te amé con una magnitud que el tiempo nunca podrá borrar.

La marca del fuego

Como yo te amé, no existe más registro,

no habrá otra mano que te busque así,

en este amor que fue nuestro ministro,

y que dejó mi vida prendida de ti.

Ni el sol, ni el viento, ni el paso del tiempo,

podrán replicar lo que un día encendimos,

fuiste el principio, el final, el momento,

el único cielo que juntas vivimos.

Te amé con miedo, con alma, con todo,

buscando en tu ausencia mi propia razón,

cavando en la sombra, rompiendo el lodo,

para guardar tu nombre en mi corazón.

Que nadie pretenda medir lo que dimos,

que nadie se atreva a igualar la lealtad,

pues fuimos la historia que más decidimos,

y hoy, en tu sombra, hallo mi verdad.