EL JARDÍN SECRETO, AL ATARDECER
El sol caía tras el horizonte, tiñendo el cielo de un naranja cobrizo que parecía derretirse sobre ellas.
Estaban sentadas en un banco de piedra, rodeadas por la calma de un jardín que el resto del mundo parecía haber olvidado.
No había tormenta, no había caos; solo la quietud de dos personas que han llegado a un punto de no retorno donde el exterior ha dejado de importar.
Ella sostenía el rostro de la otra entre sus manos, mirándola con una fijeza que no dejaba lugar a dudas.
—Si me dieran a elegir una vida —comenzó ella, su voz suave pero cargada de una determinación absoluta—, si el destino me ofreciera la oportunidad de volver a empezar, de repetir cada ayer, no pediría cambiar nada.
Te elegiría de nuevo, una y mil veces, sin importar si el mundo entero se pone al revés o si todo lo que hemos construido se desmorona.
La otra mujer sonrió, una sonrisa que era al mismo tiempo un refugio y una rendición. —¿Incluso si el precio es la incertidumbre? ¿Incluso si lo demás, todo lo que nos rodea, se vuelve ceniza?
—Exactamente por eso —respondió ella—. Porque contigo lo tengo todo.
Tengo la paz que nunca supe nombrar, el sol que nunca me calentó antes, la claridad de entender hacia dónde voy.
Pero si te vas, si por un segundo el vacío reemplazara tu risa o tu abrazo, entonces no me queda nada.
Ni un mapa, ni una brújula. Todo lo que antes valoraba se volvería insignificante.
Sin ti, mi vida no es más que un ruido sin música.
Se quedaron en silencio, observando cómo la luz se desvanecía. No era un silencio de duda, sino de confirmación.
—Eres mi norte —dijo la otra, entrelazando sus dedos con los de ella—. Y aunque el mundo insista en ponernos fronteras, aunque nos digan que esto es una locura, aquí, en este jardín, somos nuestro propio universo.
—Es que no hay más —concluyó ella, acercándose hasta que sus frentes se apoyaron—. Tengo tu lealtad, tengo tu refugio, y mi fortuna es este instante. Si me dan a elegir una vida, te elijo a ti. Lo demás, todo ese ruido allá afuera, no es nada.
La elección del absoluto
Si me dieran a elegir la vida entera,
si pudiera reescribir cada ayer trazado,
volvería a buscarte en la misma primavera,
para ser de nuevo el alma que te ha amado.
Tengo el sol si te quedas junto a mi lado,
tengo el cielo, la paz y todo lo que encierra,
pero si te vas, se vuelve todo un desterrado,
y la nada es el único mapa que me aferra.
Contigo todo el norte, la luz y la mirada,
sin ti, el universo pierde su razón de ser,
eres el centro, mi fortuna, mi única morada,
y lo que existe fuera, no es más que perecer.
No pido más que el refugio de tu abrazo,
que tu risa sea el aire que mi pecho llena,
pues si tú te marchas, se rompe nuestro lazo,
y esta vida de oro se torna gris y ajena.
Te elegiría mil veces, sobre el miedo y el destino,
porque eres la verdad que mi voz ha decretado,
eres el principio, el fin y el camino,
y lo demás, amor, lo demás... no es nada a tu lado.