El amor es la única ley EL NOMBRE GRABADO EN EL ALMA
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EL NOMBRE GRABADO EN EL ALMA

Ella estaba de pie frente al agua, con la silueta recortada contra el horizonte plateado por la luna. Detrás, escuchó los pasos de la otra, seguros y pesados, deteniéndose justo antes de alcanzarla. El aire estaba cargado de una melancolía inevitable.

—Dicen que la distancia es el olvido —comenzó ella, sin darse la vuelta, con la voz apenas un hilo de seda rasgada—. Pero, ¿cómo se supone que voy a olvidar cuando te llevo grabada en cada latido? Eres el río, y yo soy el mar que te espera, aunque sepa que perderse en ti es perderse a sí misma.

La otra dio un paso más, rompiendo la pequeña burbuja de espacio que las separaba. Sus manos se posaron sobre los hombros de ella, rodeándola con una calidez que quemaba.

—Ya lo mismo me da que me ames o que decidas ignorarme —susurró, pegando sus labios a la curva de su cuello, sintiendo cómo el pulso de la otra se aceleraba ante su aliento—.

Porque no puedes huir de lo que ya está en tu sangre.

He grabado tu nombre en cada fibra de mi piel, y por mucho que la marea intente llevarme lejos, siempre termino regresando a ti.

Ella se giró finalmente, atrapando el rostro de la otra entre sus manos. Sus ojos brillaban, reflejando el destello de las luces lejanas del puerto.

—¿Y si la barca se rompe? —preguntó con un miedo que apenas lograba ocultar—. ¿Y si este juego de alejarnos y buscarnos termina por ahogarnos a las dos?

—Entonces nos hundiremos juntas —respondió la otra con una sonrisa triste pero firme—. Pero nunca digas que la distancia nos ha vencido. Quédate. Olvida la maleta, olvida la partida. Esta noche, deja que sea yo quien te guíe de vuelta a tierra firme.

Se atrajeron con una desesperación que no necesitaba permiso.

Sus cuerpos se fundieron contra la madera del muelle, el frío de la noche contrastando con el calor violento de su piel.

Fue un encuentro de despedidas que se transformaban en reencuentros, una entrega marcada por la urgencia de quien sabe que mañana es incierto, pero que ahora, en el presente, son el único puerto seguro la una para la otra.

La marea del recuerdo

Dicen que el mar nos borra, que la distancia es olvido,

pero mi sangre te nombra en cada curso y corriente,

eres el cauce de este río que nunca ha huido,

la marea que vuelve a habitarme, aquí, en el presente.

Llevo tu nombre grabado como un sello en la barca,

en la madera gastada que sostiene mi andar,

y aunque el destino me obligue a dejar esta marca,

siempre serás el refugio donde mi vida ha de naufragar.

No importa si el viento me aleja de tu puerto,

no importa la bruma, ni el frío del ancho azar,

te llevo en el pecho, en este amor tan incierto,

donde el tiempo se rinde y me vuelve a encontrar.

Porque aunque seas partida, aunque seas distancia,

eres la huella que queda en la arena y la sal,

la única esencia, la eterna fragancia,

de un amor que es, por siempre, inmortal.