EL TERRITORIO DEL DESEO
A veces me quedo mirando al vacío, pensando en esas horas en las que no sé nada de ti.
No es que quiera controlarte, pero es inevitable que la duda se cuele.
La canción dice “¿quién hará el amor con el alma y el cuerpo?” y esa es la pregunta que me taladra la cabeza cuando presiento que te estás alejando.
No es solo por el acto físico; es porque sé lo que nosotras compartimos.
Sé que lo que tenemos no es una superficie, es una profundidad que no se encuentra con cualquiera.
Cuando me pregunto con quién estás, el dolor no viene solo de la posibilidad de que otra persona ocupe mi lugar, sino de la soberbia de saber que nadie más va a entenderte de esa forma.
Nadie más va a conocer tus silencios, tus manías y esa manera única en la que tu cuerpo responde al mío.
Es un desafío: me pregunto si alguien más es capaz de alcanzar ese nivel de entrega, o si simplemente se están quedando en la cáscara, en lo superficial, mientras tú te guardas lo verdadero para mí.
La pregunta que quema
Dime, ¿quién te besa con esa intención?
¿Quién recorre tu mapa sin miedo a perderse?
¿Quién logra arrancar de tu voz la canción,
que solo conmigo se atreve a romperse?
¿Quién hace el amor con el alma encendida,
y el cuerpo entregado, sin margen de error?
¿Quién sabe el secreto de tu piel escondida,
y aguanta el incendio de este gran calor?
Me pregunto si existe alguien capaz de entender,
la forma en que vibras, la forma en que miras,
si hay alguien allá fuera, en tu nuevo ayer,
que llene el vacío que en mí tú respiras.
O si solo son sombras que cruzan tu lecho,
amores de paso, de poca verdad,
mientras yo me quedo con este despecho,
de saber que te pierdo en tu propia ciudad.
Nadie te conoce, nadie sabe el camino,
nadie hará el amor como yo te lo hice,
aunque te entregues a cualquier destino,
siempre seré yo tu mejor cicatriz.