El amor es la única ley RASTROS EN EL AIRE
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RASTROS EN EL AIRE

Es curioso cómo la memoria no funciona de forma lineal.

A veces, paso días sin pensar en ti conscientemente, ocupada en la rutina, en los problemas de siempre.

Pero hoy ha sido distinto. Ha bastado un cambio en la temperatura, el olor del café al despertar o esa canción que sonó en la radio al subir al coche, y ahí estabas.

Hoy el aire huele a ti. No es una metáfora.

Es esa mezcla de perfume, de piel y de los inviernos que pasamos juntas.

Es como si el espacio que ocupas en mi vida se hubiera vuelto un fantasma que se manifiesta en lo cotidiano.

Me detengo en mitad de la calle, respirando hondo, y por un segundo, el mundo se detiene.

Es una sensación extraña: entre la nostalgia y la felicidad de haberte tenido.

Me doy cuenta de que, aunque hayamos tomado caminos distintos, hay partes de ti que se quedaron impregnadas en las paredes de mi memoria, listas para aparecer cuando menos me lo espero.

Tu presencia invisible

Se ha colado el recuerdo en la ventana,

un perfume de ayer, un suave aliento,

y esta paz que me llega en la mañana,

me confirma que habitas en el viento.

Hoy el aire huele a ti, a tu costumbre,

a los días en que el mundo era nuestro,

a esa luz que brillaba en la techumbre,

cuando apenas sabíamos qué era el resto.

No es que te busque, no es que esté llamando,

es que te encuentro en todo lo que veo,

en el roce del frío, en lo que voy guardando,

en esta forma extraña de tu empleo.

Tu esencia es un ttro que el tiempo no borra,

una huella invisible que sigue en mi piel,

aunque el destino, constante, me ahorra

tu voz, tu caricia, tu modo de ser.

Respiro profundo, te siento presente,

en este vacío que tú has completado,

y aunque no estés hoy aquí, frente a frente,

el aire te trae, de nuevo, a mi lado.