UNA APUESTA SIN RED
Hay personas que prefieren la seguridad, el amor medido, ese que se dosifica para no salir lastimado.
Yo no. Yo descubrí que, contigo, lo único que tiene sentido es la entrega total.
Me he convertido en una amante del amor, de lo que nos sucede cuando estamos juntas, de la forma en que el mundo se vuelve pequeño y manejable cuando tus manos encuentran las mías.
Sé que te asusta la intensidad. Lo veo en tus ojos cuando me alejo un poco, como si temieras que todo esto es demasiado grande para ser real.
Pero no te pido que lo entiendas, solo que me dejes amarte así: sin redes, sin reservas, con la urgencia de quien sabe que cada momento es un regalo.
No me importa si al final el camino es difícil o si mañana todo se transforma.
Lo que importa es que, en este preciso instante, he decidido que amar no es algo que hago, sino lo que soy.
Y tú eres, simplemente, la razón por la que mi corazón se ha vuelto un lugar tan peligroso y maravilloso a la vez.
El oficio de entregarse
No sé medir el tiempo en horas frías,
ni sé guardar el pulso de este incendio,
soy una adicta a tus melancolías,
y a este destino que en tu piel pretendo.
Me dicen que es imprudente, que es locura,
que el corazón se gasta en el exceso,
pero no hay en el mundo otra aventura,
que naufragar constante en cada beso.
Soy amante del amor, de su manera,
de cómo nos desarma y nos ordena,
de ser la luz, la calma y la frontera,
que rompe de una vez toda mi pena.
No busco garantas, ni el futuro,
me basta el fuego que hoy nos va encendiendo,
este deseo, tan real, tan puro,
que me hace libre, mientras te voy perdiendo.
Que sigan los juicios, que el mundo opine,
que diga que entregarse es un error,
yo quiero que mi historia al fin termine,
habiendo sido esclava de este amor.
Porque es mejor vivir con las heridas,
de haber amado todo sin medida,
que estar a salvo, en sombras escondidas,
y no sentir jamás que estoy con vida.