EL VACÍO DE LA ABUNDANCIA
He construido una vida que, desde fuera, parece impecable.
Tengo mi espacio, mi carrera, mi independencia y esa seguridad que tanto nos costó ganar a las dos.
Puedo llenar mis días con amigos, con trabajo, con viajes y con todo lo que la gente llama "éxito".
Pero llega la noche, cuando me quedo sola entre estas paredes que yo misma elegí, y la realidad me golpea con una precisión matemática.
Tengo mis libros, mis discos, mis proyectos y una tranquilidad que nadie me puede quitar.
Pero te miro en mis recuerdos y me doy cuenta de que todo esto es solo un escenario vacío.
Es una ironía cruel: he conseguido exactamente lo que quería para ser libre, pero la libertad no me sirve de nada si no eres tú la que está al otro lado de la mesa.
Me falta la pieza que le da color al cuadro, la voz que rompe el silencio.
Puedo decir que tengo todo, porque no me falta nada material, pero en el mapa de mi vida, ese "todo" es apenas un espejismo porque la única persona que realmente le da peso a mi existencia no está.
El eco de tu ausencia
Tengo el mundo en mis manos, el sol en mi ventana,
un camino trazado, una vida sin dueño,
tengo la paz que buscaba cada mañana,
y he cumplido, por fin, con cada pequeño sueño.
Tengo las llaves, el tiempo y el espacio,
tengo amigos, carrera, y esta calma tenaz,
camino segura, voy sin tanto despacio,
y a veces, incluso, me siento capaz.
Pero me falta el centro, me falta tu abrazo,
me falta el desorden que traía tu voz,
y aunque tengo el todo, se vuelve un retazo,
porque mi todo pierde sentido sin nosotras dos.
Es un oro falso este éxito que abrazo,
un eco que rebota en mi soledad,
estoy rodeada de todo, pero es un plazo,
que no llena el vacío de tu realidad.
Tengo todo, menos lo que importa,
tengo el cielo, pero me falta tu luz,
la vida se siente, en tu ausencia, más corta,
y mi mayor carga, la que más pesa, eres tú.