El amor es la única ley EL HALLAZGO
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EL HALLAZGO

Después de tantos años dando tumbos, probando caminos que no llevaban a ninguna parte y creyendo que el amor siempre tenía que venir acompañado de dudas o sacrificios, llegaste tú.

No fue un destello rápido ni una pasión que quema y se apaga; fue algo que reconocí desde el primer momento, como si mis manos ya supieran cómo encajar en las tuyas.

Te observo a veces mientras estás distraída, leyendo o simplemente mirando por la ventana, y me invade una paz que antes no conocía.

No hay juegos de poder, no hay que medir las palabras ni buscar validaciones externas.

Lo nuestro es sencillo porque es verdadero.

Es ese tipo de amor que, cuando te das cuenta de lo que tienes delante, entiendes que ya no buscas nada más.

Eres mi certeza en medio de un mundo lleno de imitaciones.

Eres, simplemente, oro de ley; lo único que, sin importar cuánto tiempo pase, mantiene su peso, su valor y su brillo natural.

Lo que no pierde brillo

Después de tanto andar buscando el norte,

de confundir el brillo con la luz,

de resistir el peso y el recorte,

de cargar a solas con mi propia cruz.

Llegaste tú, sin prisa y sin tormenta,

a demostrarme que el amor no es un azar,

que es la calma que el destino nos presenta,

cuando dejamos de intentar solo jugar.

Eres el oro que no pierde su templanza,

la joya que el tiempo no logra desgastar,

aquello que en silencio nos alcanza,

y nos enseña que es posible regresar.

No es solo el cuerpo, es la vida compartida,

es la seguridad de no tener que huir,

es haber encontrado en esta despedida,

el único motivo para siempre sonreír.

Que pase el mundo, que sigan las mentiras,

que el oro de ley no necesita brillar,

porque mientras tú te quedes, mientras tú mires,

no habrá nada en el mundo que nos pueda quebrar.

Tú eres el valor, la marca, la memoria,

la calma que en mis manos ha echado raíz,

eres el centro de mi propia historia,

la razón más pura de ser tan feliz.