EL ÚLTIMO PORTAZO
Me miraste como siempre, con esa superioridad que te daba tu posición y tus años, esperando que yo bajara la cabeza y aceptara tus condiciones. Pero esta vez, el silencio que llenó la habitación no fue de duda, sino de decisión.
—Se acabó —dije, y mi voz sonó más firme de lo que nunca antes te habías permitido escuchar—.
Estás tan acostumbrada a que yo sea la que persigue, la que espera, la que acepta las migajas de tu tiempo y tu aprobación, que ni siquiera te diste cuenta de cuándo dejé de necesitarte.
No quiero seguir "aprendiendo" de ti, ni quiero ser el capricho que encaja en tu vida perfecta y rígida.
Ya no soy esa niña a la que puedes manipular llamándola así para hacerme sentir pequeña.
Soy una mujer que se dio cuenta de que no le interesas tú, sino la idea que tenía de lo que podíamos ser, y la realidad es mucho más aburrida.
Quédate con tus normas, tu estatus y tu fachada.
Yo simplemente cierro la puerta y no voy a volver a mirar atrás.
Fuera del juego
Ya no soy la niña que aguarda tu señal,
ni la que busca excusas para verte pasar,
se terminó el teatro, se rompió el cristal,
y ya no hay un deseo que me obligue a callar.
Te miras al espejo creyendo que me tienes,
que mi vida depende de tu mano y tu voz,
pero ya no me alcanzan tus ciegos desdenes,
he soltado las riendas de este juego entre las dos.
Quédate con tus años, con tu frío prestigio,
que para mí ya eres solo un recuerdo sin fe,
no busques razones, ni pidas auxilio,
que la niña se marcha y no sabe qué es el "por qué".
No es que no pueda, es que ya no quiero,
estar a la sombra de quien nunca se arriesgó,
prefiero el vacío, prefiero un enero,
a este amor a medias que tu orgullo mató.
Ya no habrá más ruegos, ni más intención,
de romper tus muros ni tu arquitectura,
esta "niña" hoy dicta la última lección:
se acabó la farsa, se acabó tu altura.