El amor es la única ley NOTAS AL MARGEN DE UNA MUNDANZA
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NOTAS AL MARGEN DE UNA MUNDANZA

Dejé las llaves del coche sobre la mesa.

No quiero usarlas hoy. Me desperté y te vi durmiendo, pero no eras tú.

Eras un reflejo, una silueta que ocupaba mi lado de la cama pero que no me devolvía nada.

Siento que te has vuelto un terreno donde ya no se puede cultivar nada; cualquier intento de acercamiento rebota en esa coraza invisible que construiste a tu alrededor.

Es como intentar abrazar el aire en una noche de enero.

Llegué y no te molestaste en levantar la vista del libro.

Ni siquiera preguntaste cómo me fue. No es el silencio lo que duele; es la calidad del mismo.

Es una indiferencia pulida, afilada. Me di cuenta hoy mientras te servías vino: te mueves con una precisión que me excluye.

Para ti, yo ya no soy alguien que vive contigo, soy un mueble que estorba en tu camino.

Me pregunto cuántas veces tuviste que ensayar esta frialdad antes de que te saliera tan natural.

Me voy. No hay nada que salvar aquí. No se trata de que hayamos dejado de querernos, se trata de que has decidido convertirte en un iceberg y yo ya no tengo la energía necesaria para intentar derretirte.

No busques explicaciones donde solo hay agotamiento.

Eres tan fría como el viento que entra por la ventana mal cerrada que nunca quisiste arreglar.

La diferencia es que yo sí voy a cerrar la puerta al salir.

El invierno en la estancia

No hubo un grito que rompiera la estructura,

solo un silencio que se fue haciendo pesado,

una forma de mirarme sin ninguna atadura,

como si yo fuera el resto de un pasado.

Te has vuelto un viento que congela los sentidos,

un paisaje de escarcha en medio del salón,

has hecho de tus besos terrenos prohibidos,

y has blindado con hielo cada habitación.

Eres la sombra que el invierno trae consigo,

la decisión de no dejar que nada arda,

es un modo tan tuyo de ser mi enemigo,

que ya no hay tiempo que el destino guarda.

Ya no busco el fuego en tu piel de nieve,

ni pido razones a tu extraña indiferencia,

es un frío que cala, que me mueve,

que le pone un punto final a tu presencia.

Me llevo mis pasos, me llevo mi abrigo,

prefiero el vacío de esta calle desierta,

a vivir el invierno de estar contigo,

dejando tras de mí la casa abierta.