El amor es la única ley EL CÓDIGO PROPIO
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EL CÓDIGO PROPIO

Estábamos frente al espejo del pasillo, retocando los últimos detalles antes de salir. Afuera, la ciudad seguía su ritmo frenético, pero dentro de nuestra burbuja, el tiempo parecía moverse a nuestro propio compás.

—¿Sabes qué me gusta de nosotras? —dijo ella, mientras se ajustaba el abrigo con una seguridad que siempre me había fascinado—. Que nunca hemos necesitado pedir permiso para ser quienes somos.

La miré a través del reflejo. Ella tenía razón. Durante años, habíamos cargado con las etiquetas que otros nos habían impuesto, tratando de encajar en moldes que simplemente no eran los nuestros. Pero ahora, algo había cambiado.

—Soy como quiero ser —respondí, y al decirlo, sentí cómo una carga pesada se desprendía de mis hombros—. Ya no me importa si el camino que elijo no sigue las líneas marcadas. Me gusta mi forma de pensar, me gusta esta rebeldía que no necesita explicaciones.

Ella se giró hacia mí, sonriendo con esa complicidad que solo compartimos las que han decidido caminar solas para luego encontrarse.

—Eso es lo que nos hace invencibles —añadió—. No estamos aquí para cumplir con los guiones de nadie. Somos las dueñas de nuestra propia historia, y si el mundo no sabe cómo leernos, es problema de ellos, no nuestro.

Esa noche, al salir a la calle, no sentí miedo ni incertidumbre. Por primera vez, entendí que la libertad no es algo que se nos concede, es algo que se arrebata. Y nosotras lo habíamos hecho a nuestra manera.

El manifiesto de la libertad

No sigo las rutas que otros han trazado,

ni busco el aplauso en la sombra de un ayer,

he roto el candado, me he liberado,

y elijo mi esencia: ser como quiero ser.

Me gusta mi risa, mi forma de andar,

la fuerza que habita en mi propia piel,

no temo al destino, ni al tiempo pasar,

porque soy mi norte, mi brújula, mi fiel.

Que hablen los muros, que juzgue el azar,

mi vida es un lienzo que yo misma pinto,

no tengo cadenas que me hagan callar,

pues sigo el latido de mi propio instinto.

Soy lo que decido, un alma en expansión,

lejos de normas, lejos de la red,

viviendo este instante, esta gran ocasión,

de ser, simplemente, quien siempre soñé.

No busco permiso, no aguardo el final,

es mío el derecho de todo escoger,

soy libre y entera, mi propio fanal,

en la inmensa dicha de ser como quiero ser.